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Omar Capacci: «Voy a terminar con los ‘Kiene Soneto’ en la próxima temporada»


Por Mario Luzuriaga

Omar Capacci es un hombre apasionado por su profesión. Dejó su trabajo estable a principios de los años noventa para embarcarse en esta aventura que es el humor.

Confesó que el día que no tenga más ganas de hacer reír sería el momento de su retiro. Pero le falta mucho porque el próximo año irá nuevamente a la ciudad de Mar del Plata para festejar los treinta años de «Kiene Soneto».

Con todo el humor que lo caracteriza, Capacci habló de sus inicio y contó muchas anécdotas para compartirlas en esta entrevista para CLG.

—¿Cuál fue el primer gérmen del humor en tu vida?

—Siempre se dice que en la secundaria, cuando vos empezás a hacer un chiste y se ríe el profesor. Eso me pasaba mucho y la primera vez que me subí a un escenario fue cuando iba al grupo juvenil de la Iglesia San Antonio, que está en San Martín y Ayolas, e hicimos una obra que se llamó «Ilusiones del viejo y de la vieja». Era una comedia dramática y terminó siendo cómica y cuando subía al escenario hacía cosas y veía que la gente se mataba de risa, dije que quería hacer esto toda la vida.

—Y de ahí arrancaste con todo.

—Profesionalmente empecé en la obra «Hotel París» con José Berlén y estuve dos años; después armé un grupo que se llamó «Sin cordura», que duró tres funciones (risas). En 1990 hice «Cargándose de risa» que después fue «Kiene Soneto» y llevo ya 29 años.

—¿Siempre te dedicaste a la comedia o hiciste algo de drama?

—Siempre al humor, pero lo único que hice así dramático, fue con Néstor Zapata en la película «Faxman: un amor de otoño». Ahí interpreté al psicólogo de Machín y fue lo poco que hice algo serio. Soy de la idea de que uno tiene que hacer lo que está capacitado. Somos el país del que todos sabemos hacer de todo y lo hacemos mal. Cómo puede ser que un tipo que sea ministro de economía, después pase a ser de seguridad y después pase a ser canciller. Siempre me llamó la atención esas cosas. A mi me preguntan por qué no canto en el espectáculo y yo les digo que no sé cantar.

—¿Qué fue lo más loco que te pasó arriba del escenario?

—Cuando se empezó a inundar el escenario en medio de un sketch, estaba lloviendo torrencialmente y era una sala nueva. Era el teatro Victoria en Mar del Plata y empezó a caer mucha agua y zafamos el sketch como podíamos. Yo no te suspendo nunca una función, tengo que estar muerto para eso, entonces cerramos con un telón la mitad del escenario y al show lo hicimos en la mitad que estaba seca. Fue muy loco todo y el productor que era Juan Alzúa me pidió que suspenda, que la función la pagaba igual, pero no la suspendí.

—Llegan los 90 y ya encararon para hacer temporada en Mar del Plata.

—Nosotros debutamos allá en 1991, pero en el 90 y 91 hicimos en Rosario. Fue la temporada ’91 y verano del 92 la llegada y eso fue muy loco. Yo laburaba en una cooperativa de cajero y me iba muy bien, largué todo por el humor. Llegó a Mar del Plata y cuelgo el cartel diciendo que era un éxito rosarino. Alquilé una sala que durante el día tenía un movimiento bárbaro, pero a la noche no quedaba nadie. Íbamos a la una de la mañana, después del cine, y claro los que venían caminando era para nosotros. Empezamos muy flojos hasta que empezamos a cobrar sólo el impuesto de $2,50 para que venga gente y ahí empezamos a levantar. Lo que hacíamos era volantear en la playa con todo el elenco, estuvimos dos años en esa sala y después nos fuimos para el centro.

—¿Cuál fue el elenco original?

—Sandra Harford, Ricardo Giusepponi, Gabriela Coronel y Claudia Medic, después estaba mi hermano Gustavo Capacci y Gonzalo De Aguilar que hacían sonido. Éramos siete en un departamento, nos divertíamos mucho, hacíamos la función, salíamos a bailar, nos levantábamos al mediodía, comíamos, íbamos a la playa a volantear, volvíamos a bañarnos y después ir a hacer la función. Todo con mucho esfuerzo y son treinta años. Para este espectáculo ya tenemos el título: «Ke viejo Soneto». Mi idea, en principio, es terminar a los Kiene Soneto en los treinta años.

—¿Tenés ganas de reunir al elenco original?

—No, porque la mayoría tiene su trabajo fijo, salvo en una función. Quiero terminarlo en una sala linda y si no hago esto en tres o cuatro años voy a actuar en una sala chiquita para pocas personas. Si después viene un productor con un contrato para seguir tres años más lo hago. Y en el elenco va a estar Sandra Harford, Luis Merlino, Gaby Coronel capaz que se sume y Marcela Consorti que es bailarina.

—¿Qué te pasa cuando salís de una función y te encontras con la gente?

—Es maravilloso, en la gente está la fuerza que tengo para seguir adelante y llevo 33 años de carrera. Yo me apoyo en lo que te dicen, los saludos y eso es hermoso. Tengo vocación por el humor, el día que no lo sienta más me retiro.

—¿Qué te pasó cuando MIrtha Legrand fue a ver el espectáculo por primera vez?

—Yo estuve invitado a almorzar al programa por primera vez en el 2000. Eso tuvo una repercusión enorme porque al otro día había muchísima gente en la boletería del teatro del Hotel Provincial sacando entradas para nuestro show. Siempre decía que iba a venir y no venía, entonces nos cansamos de mandarle flores y lo que hicimos fue armar una butaca y se la llevamos al programa, dijo que iba a ir y hace cuatro años que viene a vernos.

—¿Fue complicada esa función?

—Yo siempre dejaba el celular prendido y ese sábado lo había apagado y cuando lo prendí vi que tenía muchas llamadas perdidas de la boletería y cuando pregunté qué pasaba y me dijeron que Mirtha iba a ir. Se paró la ciudad, se cortaron las calles para que pueda pasar y fue. Se mató de risa con nosotros, subió al escenario a decir unas palabras, es una persona muy generosa.

—Volviendo a Rosario… hiciste televisión con un programa humorístico.

—Yo me sentía re cómodo en «Sin Control» porque hacíamos los cuatro programas en un día. Venían los invitados y los entrevistaba mientras hacía de «Uber» y era muy gracioso. Tuve como invitados al Pelado Giorlano, Marcelo Lewandoski, a Pelusa, Ciro Seisas, Susana Rueda, Gachy Roldán y muchos más.