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Noche de los Lápices: homenajearon a desaparecidos y reivindicaron la lucha estudiantil


Los estudiantes marcharon hasta la sede del ex Ministerio de Obras Públicas bonaerense, donde hace 45 años se oyó el reclamo por el boleto estudiantil

Por Diana López Gijsberts – Télam

Estudiantes secundarios marcharon hoy en La Plata en homenaje a los alumnos secuestrados y desaparecidos en 1976 cuando hacían reclamos por el boleto estudiantil gratuito, en una manifestación de la que participó Pablo Díaz, sobreviviente de esa masacre de la dictadura conocida como «La Noche de los Lápices».

«Estar ahora en la calle con los estudiantes secundarios es algo sublime», dijo Díaz a Télam, mientras su mirada abarcaba a los miles de estudiantes que entonaban el Himno Nacional en el monumento de la Plaza Italia platense, en el marco de la tradicional marcha que evoca la que en 1976 realizaron los adolescentes secuestrados y desaparecidos.

Los estudiantes, con remeras y barbijos con la leyenda «La Noche de los Lápices» y «Los lápices siguen escribiendo», o los rostros de los chicos desaparecidos, y portando las banderas de la Unión de Estudiantes Secundarios de La Plata, Ensenada, Berazategui y Quilmes, entre otras, marcharon hasta la sede del ex Ministerio de Obras Públicas bonaerense, donde hace 45 años se oyó el reclamo por el boleto estudiantil.

Díaz valoró que la marcha, además de ser un homenaje a los estudiantes ausentes, reivindique «la igualdad, que se termine la pobreza y una mayor participación de los estudiantes».

«Hoy La Noche de los Lápices es un historia de amor, es esto que se ve acá, en estos adolescentes secundarios», remarcó.

Además expresó su «rechazo y angustia» ante los discursos negacionistas sobre el genocidio, al afirmar que «no es un tema cuantitativo la violación, la tortura, el asesinato. Si no nos genera repudio el primer ser humano que pueda sufrir eso, estamos ante una decadencia moral».

«Y si le damos arresto domiciliario a los genocidas también es un problema de decadencia», remarcó, en alusión al represor Juan Miguel Wok, responsable del centro clandestino Pozo de Banfield, donde estuvieron cautivos y fueron asesinados 6 de los 10 estudiantes secuestrados el 16 de septiembre de 1976.

Díaz afirmó que «Wok fue el que asesinó en el sótano del Pozo de Banfield a mis amigos y mis amigas».

También estaban hoy entre los estudiantes Marta y Nora Úngaro, hermanas de Horacio, uno de los desaparecidos.

«Pedimos que le revoquen la domiciliaria a Wok, tiene que volver a la cárcel y que el juicio del Pozo de Banfield se expida pronto, que será la mejor manera de sacar del pozo a los chicos que quedaron ahí», expresó a esta agencia Marta Úngaro.

Destacó que «en estos momentos de negacionismos y liberfachos que afloran, la mejor respuesta son estos jóvenes marchando por La Noche de los Lápices, que ya es de todos los estudiantes».

«A ese negacionismo le respondemos con esta marcha, con la memoria, verdad y la justicia», afirmó con su barbijo blanco que tiene impresa la foto de Horacio. Consideró que «debe haber una ley que penalice el negacionismo, no puede ser diputado quien niegue el genocidio».

Nora Úngaro dijo por su parte que la marcha sirve «para reivindicar la militancia, la solidaridad, y lo que nos llena de energía es ver esta gente joven que participa, es volver a los valores que tenían los chicos».

«Cuando hablo de mi hermano siempre me refiero a él como ´el compañero Horacio Úngaro´, era el más chico, antes de irse a la escuela me dejaba listo el desayuno. Militaba en la UES, y en el barrio de 122 y 80, donde hacía veredas y pozos para cloacas y daba apoyo escolar», recordó.

Nora fue secuestrada 14 días después que su hermano, cuando había ido a la casa de Daniel Racero, el estudiante secuestrado junto a Horacio, para entregarle a la madre de este joven el documento de identidad del adolescente.

«Acá lo llevo a Daniel», dijo mostrando su barbijo blanco con la foto del chico desaparecido.

El segundo precandidato a diputado por el Frente de Todos, Daniel Gollan, estuvo en la marcha y recibió el afecto de los estudiantes, que compartieron selfies con el exministro de Salud.

Ayelén, estudiante de Ensenada y de la UES, contó a Télam que «los chicos de La Noche de los Lápices militaban en la UES y para nosotros ellos están acá, y eso es un orgullo».

«Sus banderas tal vez eran otras, pero nosotros seguimos manteniendo sus convicciones, para que todas las escuelas tengan lo que necesitamos para estudiar, para que todos tengamos educación», destacó.

Graciela Díaz, hermana de Pablo, dijo que «esta es la única marcha que vengo, apoyando a mi hermano y recordando a los chicos que no están».

«La primera tortura que le hicieron a mi hermano en Arana fue arrancarle las 10 uñas de los pies. No hay derecho a eso», dijo, y reclamó que se siga investigando la participación de civiles en la última dictadura.

La abogada Guadalupe Godoy, querellante en el juicio a 17 represores, entre ellos Miguel Etchecolatz y Wok, evaluó que esta marcha «son 45 años donde se reivindica la generación militante abierta a las políticas y las transformaciones y donde como pueblo, aún después de 45 años, hemos logrado hacer justicia y que estos hechos no queden impunes».

«Y hay que resignificar lo ocurrido cuando vemos cómo avanzan las concepciones de derecha cuasifascistas que nos hacen reflexionar que la disputa de sentido es algo permanente y un ejercicio que nunca cesa», enfatizó.

La noche del 16 de septiembre de 1976 se iniciaron operativos conjuntos de policías y del Batallón 601 de Ejército para capturar a 10 jóvenes de entre 16 y 18 años, en su mayoría integrantes de la UES, que pedían boleto estudiantil secundario gratis.

Primero secuestraron a Úngaro, Racero, Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone y Francisco López Muntaner; el 17 de septiembre apresaron a Emilce Moler y Patricia Miranda y cuatro días después a Díaz. Una semana antes habían secuestrado a Gustavo Calotti.

Todos fueron llevados al centro clandestino Arana, donde se los torturó varias semanas, y luego al Pozo de Banfield. Moler, Díaz, Miranda y Calotti recuperaron la libertad y los seis restantes permanecen desaparecidos.