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Ganador de un nobel

Murió Sydney Brenner, el hombre que revolucionó la ciencia con un gusano


El científico sudafricano Sydney Brenner, Premio Nobel de Medicina en 2002 y conocido por sus revolucionarias teorías sobre el desarrollo celular elaboradas a partir de un gusano, murió este viernes a los 92 años, según confirmó la Agencia para la Ciencia de Singapur, donde el investigador había pasado sus últimos años.

Brenner revolucionó el mundo científico con sus teorías sobre la regulación genética del desarrollo y muerte celular. Sus investigaciones consistían en tratar de entender como a partir de una sola célula se van originando las demás. Sus trabajos tuvieron un compañero inseparable: el Caenorhabditis elegans, un gusano nematodo, de apenas 1 milímetro de largo con un poco más de 900 células y 300 neuronas.

De una familia pobre de inmigrantes judíos, Brenner había nacido el 13 de enero de 1927. En su biografía contó que fue un cliente de su padre -un zapatero lituano que no sabía escribir pero sí hablaba cinco idiomas incluido el zulu- quien le dio su primera oportunidad y lo aceptó gratis en su jardín de infantes. Brenner tenía apenas cuatro años.

Ya de adolescente, fue en la biblioteca de su pueblo, Germiston, donde encontró «la fuente del conocimiento», según el propio científico relató en la autobiografía publicada en la página de la Fundación Nobel. Tenía apenas 15 años cuando ganó una beca para poder entrar a la facultad de medicina. Brenner era para entonces un estudiante brillante que no tardó en lograr el financiamiento para seguir con el doctorado en la Univeridad de Oxford, en el Reino Unido, y más tarde en Cambridge, donde se unió al equipo del Laboratorio de Biología Molecular.

Sus trabajos con gusanos le sirvieron para entender el mecanismo del ADN y en especial el papel que cumple en el organismo el ARN (ácido ribonucleico). Por sus investigaciones, Brenner fue reconocido con el Premio Nobel de Medicina en el año 2002, que compartió junto con Bob Horvitz y John Sulston.

«Creo que un científico debe ser juzgado por la calidad de las personas a las que ha ayudado a producir y no por los premios u otros honores otorgados a él. Deja que mis obras hablen por sí mismas», dijo en su autobiografía.

Fue luego de recibir el premio Nobel, cuando tenía 76 años, que declaró que todavía estaba «entusiasmado por la investigación científica y la perspectiva de lo que se puede hacer en biología. La ciencia es algo a lo que uno está atado de por vida».

Sus últimos años los había dedicado a mejorar el desarrollo científico en a Agencia para la Ciencia, la Tecnología y la Investigación que hoy anunció su muerte.