Opinión

Los trabajadores de prensa y esa espesa bruma de la Patria


Foto: Juan José García

Por Carlos Duclos

Unas palabras sentidas, genuinas en su formación, fieles a la verdad en la que se cree, e impulsadas por la necesidad de servir, de contribuir al bien común, salen de las redacciones de pequeños medios de comunicación de este país y se pierden entre la bruma, la niebla de la indiferencia o de la pasión desenfrenada que se agita de un lado a otro en esta Patria postrada, sumida en grandes males. Algunas de esas palabras son demasiado profundas para lo frívolo e insustancial que campea en la epidermis nacional, o molestas o tan pequeñas y frágiles, que pierden la batalla ante la catarata hegemónica, ante la Hydra del supuesto periodismo nacional. Pierden la batalla, claro, pero no el honor ni el reconocimiento de algunos pocos que aún creen que un mundo mejor es posible… a pesar de todo.

Casi todas esas voces, efectos de un periodismo que se resiste a entregarse a la corruptela y mediocridad que galopan ufanas y triunfadoras en estas tierras desde hace largo tiempo, salen de trabajadores de prensa osados, atrevidos ante la realidad pasmosa que los ha rodeado históricamente. Ese es el periodismo (¿en vías de extinción?) que no sucumbe, ni se deja sucumbir, ante la realidad, casi fatal se diría, de la presencia de esos hegemónicos y grandes medios que de periodismo tienen poco, y mucho (o todo) de eficaces operadores políticos y comerciales; medios que siempre están al servicio de sus intereses o de los grandes grupos o poderes a los que representan. Medios al servicio de Gobiernos, de uno y otro signo, que han contribuido a descuartizar también el espíritu de Mariano Moreno, auspiciando con publicidad o con fenomenales negocios, a los amigotes, a mercenarios unitarios, a quienes lleguen en masa traduciendo con eficacia grandes mentiras o verdades relativas que satisfagan sus necesidades de poder. Para los pequeños y medianos, poco, o mejor aún: nada.

Foto: Juan José García

No es de extrañar; después de todo ello está en sintonía con las políticas históricas de este país en el que desde hace un largo tiempo, décadas, los que trabajan, son honestos y quieren una Argentina en paz, justa y ordenada; pujante, económica e intelectualmente, siempre son apartados del banquete, los que viven o sobreviven con las ganas.

El periodismo en Argentina no está exento de la crisis política, social, que vive el país. Y si tan malo es someterse a grupos de poder económicos o gobiernos que han obtenido la victoria y enarbolaron la bandera del “sálvese quien pueda”, también lo es someterse a grupos de poder ideológicos que en el fondo terminan siendo lo mismo que aquello que combaten. Al lanzar palabras al espacio, no puede haber derecha, ni izquierda, ni centro, sino aquello que -aun con errores y defectos- se acerque más a la verdad y contribuya a la realización del ser humano.

Posiblemente esto sea una utopía en una Patria que hace tiempo está, como la extraordinaria imagen de Belgrano que captó el periodista Juan José García esta misma mañana en que se celebra el Día del Periodista, entre la niebla, entre una lastimosa y desesperante bruma.