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“Los pibes necesitan políticas para la vida y no represivas”


Por Diego Carballido

La Marcha de la Gorra es una idea surgida en la ciudad de Córdoba como respuesta a un Código de Faltas que avalaba la persecución a los jóvenes de sectores populares. El viernes 23, en la provincia mediterránea, se realizó la edición número 12 de esta marcha que moviliza a cientos de personas que viven en barrios humildes por las calles céntricas.

“Hace 12 años tuvimos que inventar un día para poder vivir nuestras vidas y habitar las calles. Un día para que nuestros gustos, música, cultura e identidad ocupen el centro”, dice un documento difundido desde la organización en Córdoba.

Simultáneamente, mientras esto se producía, en la ciudad de Rosario se produjo la primera de estas experiencias que intenta poner el foco en una problemática muchas veces invisibilizada.

«Esta marcha es una necesidad de la juventud de expresarse, contar qué les pasa, qué es lo que se dice de ellos y qué realmente son. Es la necesidad de denunciar el hostigamiento permanente que sufren. La discriminación y la estigmatización que reciben por vestirse de determinada manera o por venir de determinado barrio», explicó en diálogo con CLG el abogado Guillermo Campana, integrante de Causa Organización Popular, una de las agrupaciones encargadas de organizar esta 1º Marcha de la Gorra en Rosario.

«Para nosotros es muy importante haber podido construir, junto con otras numerosas organizaciones, la primera marcha en la ciudad, ya que la idea original proviene de Córdoba», compartió Campana y destacó: «Es significativo que se haya podido realizar en Rosario ya que estamos en una provincia, Santa Fe, donde el índice de homicidios afecta principalmente a la juventud. Además los casos de torturas y malos tratos tienen como víctima principal a la pibada, al igual que el narcotráfico, ya sea como vendedores o compradores. Y sobre todo, porque sabemos que nunca se ataca a los responsables de guante blanco que están por encima haciendo sus negocios».

Las razones

La convocatoria cumplió con las expectativas de las organizaciones que estuvieron en el armado de esta primera marcha. A causa de que el micro proveniente de la ciudad de Santa Fe que transportaba chicos de la agrupación Puentes fuera retenido en la autopista durante casi siete horas por las fuerzas de seguridad, la marcha debió retrasarse unos minutos para finalmente partir desde la plaza 25 de Mayo, alrededor de las 18, hasta la plaza San Martín, donde aguardaba un escenario que albergó diferentes expresiones de rap y cumbia junto con la lectura del comunicado realizado por las diferentes organizaciones.

«Existen infinidades de motivos para que los pibes y las pibas se expresen en la calle para romper con los estereotipos que se han construido con malas intenciones, sobre todo, desde los medios de comunicación”, sostuvo el abogado de Causa. “Se caracteriza como peligrosos a los chicos y las chicas de los barrios y con esta marcha estamos demostrando que tienen muchos proyectos, ganas de vivir y necesitan políticas para vida y no políticas represivas”, enfatizó.

A lo largo de las columnas que ocuparon unas tres cuadras, entre los militantes de las agrupaciones como Nuevo Encuentro, Patria Grande, Causa, Movimiento Evita, Ciudad Futura, la Ctep, la Garaganta Poderosa, entre otras, marcharon acompañando a los cientos de asistentes diferentes referentes barriales junto con concejales como Celeste Lepratti, Eduardo Trasante y el diputado provincial Carlos Del Frade.

También formaron parte de la manifestación los familiares de casos emblemáticos de violencia institucional, como por ejemplo el de Franco Casco, Brandon Cardozo o Jonathan Herrera. «Es súper importante que los pibes y las pibas hayan salido a la calle para demostrar que nuestra gorra no es peligrosa», dijo Nelson a CLG, el joven que tomó relevancia junto con su grupo de amigos luego de haber denunciado apremios ilegales de parte de la policía en las Cuatro Plazas. «El hecho de contar lo que me pasó creo que ayudó para que otros se animaran a denunciar las cosas que pasan. Nuestro caso pasa seguido, pero los pibes se callan porque tienen miedo», destacó y sumó: «Cuando te pones la gorrita, la gente automáticamente piensa que sos un delincuente y no es así, para nada».

«Siempre se habla acerca de una gorra peligrosa, pero para nosotros la única gorra peligrosa es la de la policía y la gorrita que representa a los pibes es un símbolo de identidad”, reflexionó Guillermo Campana, porque según su mirada: “Ellos se sienten identificados vestidos de esa manera, la usan todo el tiempo y no por eso deben ser colocados en el lugar de peligrosos o chorros. Existen muchos ladrones que visten de traje a quienes no requisan, pero si cualquiera de los pibes se acerca a alguna zona céntrica lo primero que sufre es una requisa contra una pared para ver si tienen algo».