Opinión

Los buenos momentos de la vida son como el vino exquisito


Charlas de Candi

-“A aquellos que en el hoy aguardan su ventura, / y a los que en el mañana fijaron su esperanza, / 
un muezín les grita desde la Torre Oscura: / «¡Locos! ni aquí, ni allí, vuestra paga es segura!» / En sueños, otra voz, que me repite, advierto: / «La flor abrirá al beso de la nueva mañana»; / mas un rumor que pasa, me dice, ya despierto: / «La flor que ayer abrió, dio su aroma y ha muerto».
-Hermosos versos, Candi, para reflexionar sobre ellos.
-Pertenecen al gran poeta persa Omar Khayyam, escritos en el 1070 de nuestra era, aproximadamente. Khayyam era matemático, astrónomo, escritor, filósofo, investigó sobre la vida, su sentido,  y el destino del hombre más allá del aquí y ahora orgánico; pero no arribó a ningún resultado que lo satisfaciera.
-Esos resultados sin salida los conozco.
-Un tanto frustrado por eso escribió: “¡Oh! cuando yo fui joven ávido he frecuentado / los santos y doctores, y oí cosas sublimes / sobre esto y sobre aquello: mas siempre me ha pasado / volverme por la puerta por donde había entrado”.
-Con las manos vacías.
-Quienes nos preguntamos sobre el sentido de la vida en cuanto a trascendencia; es decir en cuanto a que si todo termina o no con esto que percibimos con los sentidos, jamás tendremos respuestas dadas por la razón. Deberemos conformarnos con la propuesta de la fe.
-¿Y si la fe no alcanza?
-Deberemos aceptar que posiblemente somos finitos, y aprender a vivir.
-¿Aprender a vivir?
-Sí. tendremos que aprender a soportar los malos momentos, entender que la mayoría de las heridas cicatrizan y que aquellas que quedan algo abiertas deben ser curadas periódicamente mientras se sigue adelante. Deberemos considerar también, y especialmente,  la necesidad, la obligación, de disfrutar completamente los momentos de goce, degustándolos con fruición, poniendo especial atención en ellos y no vivirlos “automáticamente”. Un buen vino se saborea de a sorbos, se presta cuidada atención a su aroma, a su bouquet. Un buen vino no se traga de golpe y sin degustar. Y los momentos buenos de la vida, mi querido Inocencio, son como el  buen vino.
-¡Los momentos buenos de la vida son como el buen vino!
-Así es. Y esos buenos momentos no son solo los grandes y extraordinarios acontecimientos, sino los pequeños instantes llenos de luz y vida. Hay que deleitarse en ellos, vivirlos con intensidad, aprovecharlos mientras se sienten profundamente, mientras la mente está absolutamente ensimismada en ese momento, en esa vivencia.
-Aprendamos a vivir, pues, consustanciándonos absolutamente con los buenos instantes de la vida.