Ciudad
Informes CLG

#EntrevistaCLG

«La situación que atravesamos los científicos es horrible»


En el marco del Día del Investigador Científico, CLG dialogó con Paula Caldo, investigadora rosarina del Conicet que contó desde adentro el duro momento que atraviesan

  • Por Matías Gregorio

Hoy, como cada 10 de abril, se conmemora el Día del Investigador Científico en honor a Bernardo Houssay (1887-1971), eminente médico, farmacéutico y científico argentino cuya trayectoria marcó un punto de inflexión en el desarrollo de la ciencia en nuestro país. Debería ser un día de festejo y orgullo, pero no es así. En la ciencia hay muy poco para celebrar.

Desde que asumió el gobierno de Mauricio Macri la política científica quedó muy relegada y sufrió constantes ajustes. Desde la eliminación del Ministerio de Ciencia y Tecnología (que pasó a integrar la cartera de Educación), hasta la reducción de subsidios, becas y el recorte en los ingresos a la Carrera del Investigador Científico (CIC).

Días atrás se conocieron los resultados de la última convocatoria para ingresar a la planta permanente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). De 2.595 postulantes sólo ingresaron 450, lo que representa un 17,3 por ciento, cuando en 2015 se habían incorporado unos 900. Así, dos mil profesionales se quedaron afuera del sistema luego de haber sido formados durante más de diez años por la educación pública del país.

En este contexto poco alentador, CLG charló con Paula Caldo, trabajadora rosarina del Conicet que se desempeña en el Instituto de Investigaciones Socio-Históricas Regionales (Ishir), único establecimiento investigativo de historia que funciona en la ciudad. Después de hacer el doctorado en la Facultad de Humanidades y Artes, y el postgrado por el sistema de becas del Conicet, Paula ingresó a la Carrera de Investigador Científico en 2011.

Desde que se inició en el mundo de la ciencia, comenzó a estudiar prácticas informales de educación femenina a lo largo del tiempo en Argentina. «Investigo procesos de educación con respecto a las mujeres en nuestro país, primero trabajé con cocineras y luego con cuestiones vinculadas a maestras», explicó.

Además de haber hecho todo el grado y postgrado en Historia, Paula también obtuvo el grado en Educación, lo que la llevó a trabajar en la cátedra de Pedagogía de la formación docente en la Facultad de Humanidades. «Parece que no tiene relación, pero lo que me llevó a estudiar educación es que fundamentalmente me dediqué a trabajar sobre las mujeres que se forman para cocinar. Como yo investigo mujeres que cocinan, que escriben sobre cocina y que trabajan cuestiones vinculadas a la alimentación, el tema educación era central porque tenía que ver con cómo las mujeres nos formamos como mujeres. Y ahí fui cruzando las dos cosas», fundamentó.

Paula Caldo (medio), en la presentación de dos libros sobre la historia de un pequeño pueblo de Santa Fe.

Un trabajo especial

«No vivo la investigación como un trabajo, no tiene corte», sostuvo Caldo al contar cómo son sus jornadas. Y expuso: «Cuando uno se engancha con un tema, y sobre todo en el caso particular de historia, además de hacer todo el trabajo metodológico y de búsqueda de teorías para explicar situaciones, nosotros trabajamos con archivos, con huellas del pasado».

Además, en su caso particular, las fuentes que utiliza no están generalmente en los archivos oficiales: «Se encuentran escondidas en algún archivo privado, en cartas, o en diarios de mujeres manuscritos. Esa búsqueda te lleva por otros lugares».

«Estamos todo el tiempo buscando cosas y pensando sobre eso», afirmó Paula, al tiempo que dijo: «Hace que la vida sea bastante particular. Te comprometés mucho y te lleva gran parte de tu día y de tu vida. Son elecciones. Si bien lleva una gran carga horaria, también deja una gran cuota de placer. Es como una búsqueda sin rutina constante».

«No vivo la investigación como un trabajo»

A su vez, la docente de la UNR cuestionó las intenciones que existieron en algún momento de que los científicos y científicas del Conicet tengan un marcador digital para cumplir un horario: «Me parece muy ridículo porque la creatividad y los problemas de investigación no se pueden acotar a un horario. No tengo un horario de trabajo fijo porque trabajo más o menos todo el tiempo que estoy despierta».

«Junto con una compañera tuve la posibilidad de encontrar uno de los primeros recetarios de cocina que una mujer escribió en Argentina. Ese caso nos llevó meses, son tiempos de trabajo que no se recortan a las ocho horas», amplió.

Los científicos del Conicet local vienen realizando todos los años protestas contra los recortes.

La ciencia no es prioridad

Al momento de analizar el presente que vive la ciencia en nuestro país, la investigadora no dudó en afirmar que la situación «es horrible». «Cuando los subsidios se congelan, los institutos dejan de estar financiados y los sistemas de becas están casi frenados, la gente que se doctora no puede seguir dentro del sistema de investigación», esbozó.

«Se complica la propia dinámica del trabajo, porque no tenés recursos humanos, no podés formar equipos y los proyectos se ven acotados porque si bien esto lleva una gran cuota de pasión después uno tiene que vivir. No se pueden sostener grupos con gente trabajando ad honorem, ni tampoco se pueden sostener equipos sin recursos. Hay proyectos de investigación que son muy lindos pero necesitan insumos», manifestó Caldo.

El trabajo de investigador consume muchas horas, pero, según mencionó, «nunca nos pagan lo que corresponde por el tiempo que efectivamente trabajamos».

Sobre los últimos ingresos al Conicet, hizo hincapié en el área de historia, ya que aseguró que sólo ingresaron «siete, ocho o nueve personas en todo el país, cuando antes entraban muchas más». «Durante muchísimos años las ciencias sociales ni estuvieron dentro del Conicet. Y ahora, la desvalorización hacia el conocimiento social, es decir, hacia la historia, es absoluta. Basta con mirar lo que se hizo con los billetes», agregó.

Paula comentó que en el Instituto donde trabaja los ingresos llegan a través de la política científica que promueve el gobierno provincial, y también por ciertas tareas que lleva adelante el rectorado de la Universidad. «En cambio, el Conicet como estructura tiene bastante frenado su financiamiento. El panorama no es alentador en el plano de la investigación».

La sede local está integrada por 13 institutos y más de mil personas, siendo líder en investigación en la región.

A las calles

En el marco de todo lo expuesto, los científicos locales se concentraron este miércoles en la sede del Conicet local, ubicado en Ocampo y Esmeralda.

«Tenemos personas formadas con carreras brillantes que hoy están desocupadas, pensando a donde se pueden ir. Es un día para hacer un alto y analizar hacia donde vamos», dijo la científica local, y agregó: «Formar gente, habilitar recorridos y después no tener como seguir, es violento. No hay mucho para celebrar. Hasta incluso la poca gente que ingresa se siente mal».

Por último, aclaró que los investigadores no quedan afuera por falta de capacidad, sino porque no hay recursos: «La formación tanto de grado como de postgrado que tenemos en Argentina es muy buena, por lo que se están quedando sin trabajo personas con mucho conocimiento y calidad».