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La justicia china ratifica la prohibición de usar máscaras y se multiplican las protestas


Por tercer día consecutivo y tras la ratificación del Tribunal Superior de Justicia a la prohibición de máscaras, decenas de miles de hongkoneses volvieron a salir hoy a las calles de esa región autónoma de China para desafiar y repudiar a la ley de emergencia invocada por el gobierno local y apoyada por Beijing.

Después de la jornada violenta de ayer que incluyó represión con gases lacrimógenos, golpes y detenciones, por un lado, y ataques y saqueos de algunos grupos de manifestantes contra negocios y el sistema de transporte; el gobierno y la oposición intentaron sin éxito negociar una solución.

Sin embargo, la decisión hoy del juez del Tribunal Superior de Justicia de Hong Kong Godfrey Lam Wan Ho fortaleció al gobierno y enfureció aún más a la oposición y a decenas de miles de manifestantes que volvieron a desafiar la ley de emergencia -una norma de la antigua época colonial británica- impuesta el viernes pasado.

No los frenó la lluvia ni el masivo despliegue de policías antidisturbios, quienes, una vez más, respondieron con gases lacrimógenos y con corridas para detener a todos aquellos que se niegan a desconcentrar, especialmente frente o en las cercanías de los edificios gubernamentales.

Algunos manifestantes, por su parte, respondieron lanzando cócteles molotov y piedras a los policías.

Todos los negocios de las zonas de las protestas siguen cerrados y el servicio de transporte se mantiene parcialmente suspendido.

«Básicamente el gobierno nos ha dicho: ‘La ley es lo que yo digo que es, yo digo cuando se aplica, y digo cuándo deja de ser ley'», se quejó el diputado opositor Dennis Kwok, en diálogo con el diario local South China Morning Post, citado por la agencia de noticias DPA.

Uno de los principales argumentos de la oposición es que la ley de emergencia, impuesta por el gobierno y ahora ratificada por la Justicia, nunca fue aprobada por el Consejo Legislativo, el Poder Legislativo de la región.

Pese a la profundización de las protestas callejeras y las denuncias de la oposición, el gobierno local de Carrie Lam sigue teniendo un apoyo vital: el gobierno chino.

«Estos radicales extremistas han exhibido una arrogancia desenfrenada y se han comportado como salvajes», aseguró en un comunicado la Oficina de Enlace, la institución que representa a Beijing en Hong Kong.

«Condenamos enérgicamente las protestas violentas y apoyamos al gobierno y a la policía para que castiguen severamente a los elementos violentos ilegales de acuerdo con la ley», agregó.

China amenazó directa e indirectamente con enviar a sus propias fuerzas de seguridad para garantizar el fin de las protestas. Sin embargo, Hong Kong es una ex colonia británica que fue entregada de vuelta a Beijing tras un acuerdo especial que incluye, entre otros puntos, cierto margen de autonomía.

Por eso, lo que sucede allí está siendo seguido de cerca por el Reino Unido, además de otras potencias occidentales.

Prueba de esto es que los propios manifestantes han pedido al gobierno de Estados Unidos que intervenga en el conflicto -que comenzó hace meses con el rechazo a una ley de extradición- y ayude a «liberar a Hong Kong», como rezaban muchos de los carteles y pancartas.