Opinión

La inflación persiste y debilita cualquier plan


Por José Calero. Jefe de Economía de la agencia NA.

La persistencia del proceso inflacionario abre un interrogante cada vez mayor sobre la promesa de desacelerar los precios realizada por el Ministerio de Economía, mientras la pobreza parece avanzar en medio del impacto cada vez más duro de la pandemia. .

En un año donde la emergencia sanitaria tiende a agravarse, la insistente escalada de remarcaciones amenaza derrumbar cualquier plan económico, incluso si se lograra renegociar la deuda con el Club de París y el FMI.

Los datos brindados por el INDEC anticipan que la pobreza siguió subiendo en el primer trimestre, lo cual se observa en las imágenes que devuelve la calle en distintos puntos del país.

El hecho de que la Canasta Básica Total haya subido 5% en marzo, por encima de la inflación, refleja que los precios de productos clave en el presupuesto familiar están subiendo a un ritmo mayor que el costo de vida.

Son escasas a las familias que lograron alcanzar en el tercer mes del año el umbral de ingresos por $60.874 estimado por el INDEC para no caer en la pobreza.

También las que lograron en marzo entradas por $25.685, el mínimo para evitar la indigencia.

Todo el esfuerzo presupuestario que están haciendo los contribuyentes para financiar el esquema de subsidios implementado por el Gobierno, caerá en saco roto si no se logra poner en caja la inflación.

La Argentina es uno de los pocos países del mundo que no logra normalizar la escalada de precios, en un fenómeno en el que se entremezclan cuestiones monetarias, presión impositiva, baja productividad y un Estado sobredimensionado que obliga a ajustar cada vez más el torniquete recaudatorio.

En un año la canasta alimentaria acumuló un alza del 48%, con sorprendentes saltos en rubros como frutas y verduras, sobre el cual impacta con fuerza un sistema de transporte costoso para la estructura productiva argentina, donde manda el gremio de camioneros.

A pesar de los cálculos del ministro Martín Guzmán, la inflación arrancó demasiado envalentonada el año electoral, con una suba acumulada del 13% en el primer trimestre.

La escalada promedia 3,9% mensual desde octubre último, por lo que el equipo económico aceptó retrasar el tipo de cambio para intentar contenerla.

Pero en economía todas las medidas siempre tienen dos caras, lo cual se vio reflejado en una disparada de las importaciones durante marzo que golpeó el superávit comercial.

Las compras al exterior saltaron casi 69% en marzo y el superávit comercial se redujo a US$400 millones.
Hay algunos fenómenos inexplicables en el comportamiento de los precios: ropa y calzado -dos de los sectores más golpeados por las restricciones sanitarias en la actividad comercial- llegaron a subir en marzo 71% interanual.

En el negocio de las prendas de vestir los precios suben más, a pesar de ser uno de los rubros con mayor caída de producción y ventas.

De acuerdo con datos de la Cámara Industrial de la Indumentaria, los valores de la ropa y el calzado suben impulsados por los costos de los insumos industriales.

Explican que hubo fuertes aumentos de precios en telas -85% promedio- y señalan que la escasez de insumos y prendas, el incremento de los costos y el cambio de temporada impulsaron los precios durante marzo.

Pero el mayor golpe para los hogares de menores recursos se sigue aplicando sobre los alimentos y bebidas, cuyos precios subieron 27,8% en el último semestre, dos puntos por encima del costo de vida general.

Para la consultora Ecolatina, parte de la suba reciente se explica por la inflación acumulada durante los peores meses del aislamiento social.

A esto se suma el shock de emisión monetaria del 2020 por parte del Banco Central para asistir al Tesoro en el alza de subsidios, según esa consultora.

Otro elemento que conspira contra la estabilidad de precios es la suba del precio de los commodities, que en la última semana llevaron la tonelada de soja a la zona de los US$ 565 y las del trigo y el maíz a US$ 260.

Esta dinámica, clave para las cuentas argentinas en el frente externo, trae problemas en materia de precios internos.
Esto derivó en la advertencia sobre una posible suba de retenciones lanzada por la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, que fue rechazada de plano por las entidades del campo.

En los próximos días se espera que este cruce continúe, en la medida que los precios de la carne y otros alimentos no cedan.

Mientras la Argentina se debate en una inflación que se proyecta por encima del 40% anual, Brasil -atraviesa una catástrofe sanitaria por el Covid-, registró un alza de precios de apenas 2% en el primer trimestre.

El costo de vida de Brasil fue de solo 4,5% durante el 2020, casi diez veces menos que en la Argentina.
Si bien no lo admitirá en público, el ministro Guzmán ya habría comenzado a elaborar un plan B en cuanto a las proyecciones inflacionarias de este año.

Continúa confiando en que los precios desacelerarán en los próximos meses, pero estaría resignado a evitar apenas que la inflación cierre el año por encima del 40%.

Son diez puntos más de los previsto inicialmente, y reflejaría la necesidad de barajar y dar de nuevo con muchos de los planes en materia económica para este año.

Para lograr la casi segura nueva meta, Guzmán deberá aceptar las presiones de sectores kirchneristas para que las tarifas suban mucho menos de lo previsto, lo que obligará a un esfuerzo fiscal aún mayor, que generará tensiones en la negociación con el FMI.

Será un nuevo mal trago para el jefe del Palacio de Hacienda, luego tener que asimilar el dato negativo que arrojó la actividad económica en el primer bimestre, con una baja del 2,4% respecto del mismo período del 2020, cuando la pandemia aún no había comenzado en el país.

En febrero la economía cayó 1% respecto de enero, y se cortó así una racha de 9 meses de crecimiento consecutivo.
El dato, que deberá seguirse de cerca en marzo, refleja las limitaciones de la economía local para intentar recuperarse, tras un año de caída del 10% en el Producto Bruto.