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La infanta Cristina enfrenta el inminente encarcelamiento de su marido


Fue criada como infanta, vivió en palacio, presidió desfiles, saludó desde numerosos estrados y vio cómo la gente se inclinaba para besarle la mano.

Hoy, a los 52 años y lejos de todo eso, Cristina de Borbón , la hermana del rey de España , se prepara para el descenso a los infiernos que significará el esperado ingreso en prisión de su marido, el exduque de Palma Iñaki Urdangarin, con el que acaba de cumplir 20 años de matrimonio.

«La probabilidad [de que Urdangarin] ingrese en breve en prisión es muy alta», confirmó días atrás Pedro Horrach, el fiscal que encarnó la acusación en el escándalo por el que el exjugador de handball fue condenado a prisión.

La coincidencia en medios locales es que esa decisión podría conocerse no más allá del primer trimestre del año. Junio, a lo sumo. Y que sería «francamente difícil» que zafara de ir tras las rejas.

Hoy, a la espera de ese momento, la familia Urdangarin vive en Suiza, lejos de los focos y recluida. No aparece en público junto a su hermano, el rey Felipe VI , que marcó distancia con su hermana y con su cuñado.

¿Cómo será el cambio del palacio a la cárcel? Quienes los frecuentan afirman que todos recibieron asistencia psicológica para el año que se avecina.

«Es para una decisión que puede llegar en cualquier momento y que agudizará la pesadilla», dicen.

En medios penitenciarios se hacen apuestas sobre el establecimiento que resultará elegido como nuevo destino del otrora duque.

Sea cual fuere, lo que le espera a Cristina es ver a su marido a través de un vidrio, pasar los cacheos antes de ingresar y la posibilidad de un vis-à-vis de entre una y tres horas de duración una vez por mes. Algo que puede ampliarse por buena conducta.

La cuenta atrás empezó para el matrimonio cuyo casamiento, en Barcelona, hizo suspirar a España. En febrero del año pasado, la Audiencia Provincial de Baleares impuso seis años y tres meses de prisión al yerno del rey por delitos contra la Hacienda pública.

Cristina fue absuelta de delito, pero condenada a pagar 265.000 euros por «haberse beneficiado» con el dolo de su marido.

Definición
Lo que se espera ahora es el fallo definitivo del Tribunal Supremo, ante el que Urdangarin dijo que era inocente de todo. La Fiscalía, en cambio, pidió aumentar la pena a diez años. La definición, se asegura, no pasaría de este semestre.

El escándalo de Urdangarin se sumó al de Juan Carlos, sorprendido en una cacería de elefantes mientras los españoles penaban la crisis económica.

El rey abdicó al poco tiempo y Felipe, su heredero, decidió desplazar a su hermana y a su cuñado. No se los volvió a ver públicamente juntos y todos los intentos de «componedores» para hacer limpieza de imagen no tuvieron efecto.

«Los Urdangarin saben que la cuenta regresiva ya empezó», señala la prensa española. «Esta ha sido la última Navidad en familia en mucho tiempo», añadieron, en referencia a las pasadas fiestas.

Todo apunta a que la prisión será confirmada. La duda es cuánto y dónde. «Es todo un desafío para el sistema penitenciario alojar al cuñado del rey», dicen en el foro local.

«Solo podría evitar la cárcel si la pena que se le confirma es menor a los dos años o si, llegado el caso y es mayor, el gobierno decide indultarlo», sostuvo Amancio Larrinaga, abogado penalista con años de experiencia. «Dudo mucho que un gobierno, el que sea, decidiera un indulto en un caso como este», añadió.

En medio, los Urdangarin perdieron el ducado de Palma que Juan Carlos les había otorgado en su casamiento. Por decreto, el rey Felipe VI les prohibió usar el título. Antes de que esa degradación llegara, el ayuntamiento de Palma había pedido el retiro.

Con la factura de la tensión en el semblante y en los kilos que perdieron, el matrimonio y sus cuatro hijos viven en Ginebra, lo más lejos posible de los reflectores.

Es posible, incluso, que el hogar familiar se mantenga en esa ciudad una vez que el otrora duque de Palma ingrese en cualquier momento, como se espera, en alguna de las cárceles del país. Un hecho inédito en la España moderna.

Por: Silvia Pisani

 

Fuente: La Nación