El merendero funciona en Fisherton desde hace un año y medio. Una de las voluntarias le contó a CLG la tarea que realizan y de qué se trata la campaña

Por Gina Verona Muzzio

En el corazón de Fisherton, detrás de los clubes Old Resian y Los Caranchos, se emplaza el merendero La Antenita, un emprendimiento gestado por dos mujeres, acompañado por vecinos y sostenido por muchos voluntarios. Todo en pos de que los niños de una zona humilde del barrio tengan un espacio para divertirse, compartir y alimentarse.

De cara al comienzo de clases, los voluntarios están realizando una colecta de “mochilas solidarias”, sobre la que Nazaret, una de las jóvenes voluntarias, habló a CLG. Es una entre tantas cosas que La Antenita impulsa para el bienestar de los cuarenta chicos que asisten asiduamente.

“La idea es que quienes quieran donar útiles, lo hagan dentro de los que figuran en esa lista y a partir de ahí, se armen las mochilas. Las vamos a entregar a fines de febrero. Hay mochilas para chicos de jardín, de primaria y de secundaria. Lo hacemos para darles una mano a los padres, es una zona muy carenciada”, explicó Nazaret.

Para entregar los útiles y mochilas hay tres comercios que se ofrecieron solidariamente como puntos de recepción: Riobamba al 1100, San Martín al 3300 y San Juan al 1100. Se están recibiendo desde el 10 de enero y hasta el 26 de febrero, inclusive. Luego, serán clasificados y repartidos en las mochilas para los menores.

A pesar de que los volantes que circulan por las redes sociales detallan una extensa lista de útiles, desde La Antenita aclaran que “cada uno dona lo que puede” y agregan: “Si no son nuevos, pero están en buen estado, también los recibimos. Todo sirve”.

La Antenita

El merendero comenzó a funcionar en agosto de 2018 en la casa de Germán, un vecino que puso a disposición su hogar y su cocina para poder preparar y brindar la merienda a los chicos del barrio. “Los que van normalmente son entre 35 y 40”, comentó Nazaret, quien forma parte del equipo de jóvenes voluntarios, en su mayoría estudiantes. También cuentan con la indispensable ayuda de algunas mamás, que llevan registro de los niños y ayudan a preparar las meriendas.

“Funciona en Fisherton, en una calle que se llama Los Gallegos, atrás de los clubes Old Resian y Los Caranchos. Vamos lunes, miércoles y viernes. Tratamos de que los chicos estén bien nutridos y crezcan con fuerza. Hacemos chocolatada, mate cocido, hay galletitas, vainillas”, relató la voluntaria a CLG.

Además, quienes llevan adelante el proyecto tratan de abarcar otras actividades. A veces realizan la tarea, celebran los cumpleaños o las fechas especiales con juguetes, juegos y caramelos. “Los últimos días de cada mes, festejamos los cumpleaños. Entonces entre los voluntarios nos ponemos de acuerdo para hacer tortas”, contó contenta.

En la misma línea, Nazaret añadió: “A veces van profesionales. El otro día fue una odontóloga a dar una clase de salud bucal. Conseguimos para darles a los chicos cepillos de dientes”.

“Lo que hacemos es darles la merienda y organizamos diferentes actividades: les encanta dibujar, con algunos hacemos la tarea. En fechas especiales entregamos juguetes, hacemos juegos, ponemos música. A veces hacemos colecta de ropa”, dijo.

Y concluyó: “La idea es que ellos sientan que es un espacio donde pueden ser libres, donde pueden charlar, jugar”.