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Infografía: investigador del Conicet llama a estudiar al Covid-19 como especie invasora


En un estudio, el científico Martín Nuñez indica que el SARS-CoV-2 debe verse como una invasión biológica

Un trabajo científico, publicado en la revista Trends in Ecology and Evolution, que tiene como primer autor al investigador del Conicet, Martín Nuñez, advierte sobre aspectos comunes entre la propagación global de patógenos y la dispersión de especies exóticas invasoras, además de destacar la importancia de las intervenciones humanas sobre la naturaleza y la creciente conectividad global en ambos procesos.

«El planteo principal del estudio es un llamado a que se abra un espacio de interfaz de investigaciones conjuntas entre las ciencias médicas y la ecología», indicó el investigador principal del estudio, Martín Nuñez, del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente de la Universidad Nacional de Comahue, de la localidad de San Carlos de Bariloche.

Respecto al artículo «La ciencia de la invasión y la propagación mundial del SARS-CoV-2«, Nuñez destacó que «es un hecho que cuando hay abuso de especies naturales hay más chances de que ocurra una pandemia«.

«A esto se suma el hecho de que el mundo está más unido que nunca, porque si alguien se infectaba en el año 1.000 no pasaba nada, pero ahora una persona se sube a un avión y llega en 12 horas al otro lado del mundo«, explica Nuñez.

Del estudio también participaron los investigadores Aníbal Pauchard, del Laboratorio de Invasiones Biológicas de la Facultad de Ciencias Forestales de Chile y Anthony Ricciardi, del Centro de Biología de Invasión, de la Universidad de Stellenbosch de Sudáfrica y de McGill de Canadá.

En el artículo, se afirma que «una combinación siniestra de alteración del ecosistema, explotación de la vida silvestre y conexión global está aumentando los riesgos de aparición y propagación de nuevas enfermedades infecciosas». Describe, a su vez, que esta combinación de factores «explica mucho las epidemias y pandemias virales recientes, como el coronavirus del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2) en curso, Zika (2015-2016), H1N1 (2009) y SARS (2002-2004), y advierte a otros en el futuro».

En consecuencia, plantea que «los esfuerzos de la sociedad deben dirigirse hacia el manejo no solo de los patógenos en sí sino también de los factores ambientales que facilitan su aparición, propagación e impactos«.

Además de resolver los inmensos desafíos socioeconómicos y culturales para este objetivo, llama a «desarrollar un programa de investigación interdisciplinario para abordar las consecuencias del aumento de la conexión global y la alteración de los sistemas biológicos».

«Este esfuerzo de colaboración debe incluir el estudio de las invasiones biológicas, es decir, el SARS-CoV-2 debe verse como una invasión biológica, aunque las enfermedades humanas infecciosas rara vez se tratan como tales», señala el artículo.

A pesar del prolongado debate sobre cómo clasificar los virus como organismos vivos, este brote viral, explican los investigadores, tiene rasgos típicos de una especie invasora: emergencia repentina, proliferación y propagación rápidas, adaptación a nuevos entornos (o huéspedes), dispersión geográfica a gran escala a través de redes de transporte humano e impacto significativo, en este caso en la salud y el bienestar humano.

«Por lo tanto, sostenemos que el campo de la ciencia de la invasión está posicionado para contribuir de manera sustancial a comprender los impulsores y los mecanismos de la propagación y los factores que promueven brotes, de nuevos patógenos infecciosos como el SARS-CoV-2″, señala el estudio.

En ese sentido, Nuñez agrega: «Sería ideal analizar si las herramientas que usan los biólogos para frenar enfermedades de hongos y plantas, pueden ser usadas para humanos, por ejemplo, si el escaneo de equipaje para ver si hay frutas o alimentos que contienen patógenos puede utilizarse en humanos».

O por ejemplo, explica el investigador, controlar la venta ilegal de animales en extinción, como el pangolín en China, mamíferos placentarios que se alimentan de insectos y viven en continente asiático y africano, «donde también se detectó el coronavirus y es cazado porque los chinos consideran que sus escamas tienen un fin medicinal».

Infografía: