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Haití, el país castigado por la historia, la corrupción, la represión y los desastres naturales


El país más pobre del continente lleva dos siglos en decadencia y continúa padeciendo todas sus falencias institucionales, que le imposibilitan un bienestar social

El sismo que sacudió hoy a Haití, que dejó decenas de muertos, se suma a una interminable lista de desgracias que en dos siglos incluye la explotación intensiva de esclavos, dictaduras, ocupaciones extranjeras, desastres naturales y crisis políticas, que en conjunto conformaron la historia del país más pobre del continente, con una infraestructura casi inexistente y un Estado colapsado.

Haití, que comparte la isla La Española con República Dominicana, fue la principal colonia francesa en el siglo XVIII, que en 1780 exportaba el 60% del café y el 40% del azúcar que se consumía en Europa y donde la intensiva esclavitud -que hundió el promedio de vida de un esclavo a 21 años- creó las condiciones para una violenta revolución en 1804.

La revolución trajo la anhelada independencia a los haitianos, pero paralelamente dejó una economía desolada, con una producción y una infraestructura completamente destruidas, además de granjearle el rechazo y bloqueo de muchas naciones del mundo que consideraron la liberación de esclavos como un mal ejemplo.

Para salir del aislamiento internacional, el país debió comprometerse a pagar una indemnización cuyo valor actualizado se elevó a US$21.700 millones, que fue redimida recién en 1938, cuando el país ya estaba atrapado en una espiral de deuda.

Desde su independencia, Haití experimentó una sucesión de dictaduras, intercaladas con algunos cambios democráticos y ocupaciones extranjeras que fueron configurando su situación actual.

De 1957 a 1986, François Duvalier (conocido como «Papa Doc»), y luego su hijo Jean-Claude («Baby Doc») sometieron a la población a un control total bajo el mando de los escuadrones de la muerte, los «tontons macoutes».

Expulsado por una revuelta popular en 1986, «Baby Doc» se exilió en Francia durante 25 años, antes de volver a Haití, donde murió en 2014.

Los regímenes opresores Duvalier padre e hijo -las dictaduras más sangrientas de la región, cuya política económica tuvo efectos desastrosos para el país-, figuran de forma prominente entre los factores que han sellado el destino de Haití.

En 1990, el sacerdote Jean-Bertrand Aristide fue elegido en las primeras elecciones libres.

Derrocado por un golpe de Estado en 1991, se exilió y regresó a Haití en 1994 tras una intervención estadounidense.

Uno de sus familiares, René Préval, asumió la Presidencia en 1996.

Aristide volvió a la presidencia en 2001 pero, bajo la presión estadounidense, francesa y canadiense, una insurrección armada y una revuelta popular, dimitió en 2004 y se exilió.

René Préval, que retomó el poder en 2006, es el único dirigente haitiano que completó los dos mandatos que permite la Constitución.

El 12 de enero de 2010, a las 16,53, el país fue golpeado por un terremoto de magnitud 7 en la escala Richter, el más devastador que afectó al país en 200 años.

El epicentro del temblor estuvo cerca de Puerto Príncipe, la capital. Se estima que el número de muertos llegó a más de 300 000 y más de un millón de personas quedaron damnificadas.

Tras la desgracia del terremoto, Michel Joseph Martelly gobernó el país entre 2011 y 2016.

El 7 de febrero de 2016 finalizó su mandato sin sucesor tras la cancelación de la primera vuelta de las elecciones presidenciales en octubre de 2015 por disputas y fraude masivo.

A continuación, el Parlamento designó como presidente provisional al titular del Senado, Jocelerme Privert, y tras una larga crisis electoral, en enero de 2017 se confirmó la elección de Jovenel Moise en una nueva votación en noviembre de 2016, en medio del fuerte rechazo de la oposición, que no reconoció su victoria.

Moise fue asesinado el 7 de julio último por un comando integrado por ciudadanos colombianos y haitianos, según las precarias investigaciones judiciales del caso.

Esta sinuosa historia transformó a Haití en el país más pobre de América Latina y el Caribe y uno de los más pobres del mundo, según el Banco Mundial (BM), con un 60% de su población por debajo del umbral de la pobreza.

El PNUD lo sitúa en el puesto 170 de 189 por su índice de desarrollo humano. Su PBI se contrajo alrededor de un 3,8% en 2020, ya que la pandemia de coronavirus agravó la ya débil economía y la inestabilidad política, según datos del Banco Mundial.

Haití es uno de los pocos países que aún no inició su campaña de vacunación contra el coronavirus. De hecho, la mayoría de la población no tiene siquiera acceso a la atención sanitaria básica.

Otro de los dramáticos récords de Haití es su altísimo nivel de deforestación, que alcanza al 98% del territorio y constituye uno de los factores que magnifica el impacto de desastres naturales como huracanes, deslaves e inundaciones.