Policiales

Frustrado intento de robo en un comercio del centro rosarino: “No te dan ganas de seguir”


El dueño del negocio confirmó más tarde que no faltaba mercadería ni dinero, ya que los delincuentes no lograron atravesar la reja de seguridad

Un comerciante del centro de Rosario sufrió en la madrugada de este miércoles un nuevo intento de robo en su local ubicado en la esquina de Catamarca y Paraguay. La víctima, que vive a pocos metros del comercio, descubrió lo ocurrido cuando salió temprano a llevar a su hija al colegio y se encontró con la puerta de vidrio destrozada.

A pesar del impacto de la escena, el dueño del negocio confirmó más tarde que no faltaba mercadería ni dinero, ya que los delincuentes no lograron atravesar la reja de seguridad. Sin embargo, el daño material sobre la fachada del local fue evidente, con los vidrios esparcidos en la vereda y la incertidumbre de cómo continuar la jornada.

Un comerciante acostumbrado a los ataques

“No es la primera vez que intentan entrar fuera del horario de atención”, aseguró Miguel, el propietario, quien lleva 17 años en el rubro y ya ha sufrido múltiples hechos delictivos.

En esta ocasión, los ladrones rompieron el blindex de la puerta de ingreso, pero los candados de seguridad evitaron el saqueo. Al no poder ingresar, escaparon antes de la llegada de la policía, que se hizo presente minutos después de las 7 de la mañana tras recibir denuncias de los vecinos.

El negocio cuenta con cámaras de videovigilancia, por lo que las imágenes podrían ayudar a identificar a los responsables. Sin embargo, la angustia del comerciante no pasa solo por este episodio, sino por la incertidumbre de seguir adelante.

«No sé qué hacer, esto me hace dudar»

Miguel regresó a Argentina hace poco tiempo tras haber vivido en el exterior, con la intención de relanzar su comercio con una fuerte inversión. Pero lo sucedido lo hizo replantearse su futuro.

“No sé qué hacer ahora. Si a una semana de empezar de nuevo me pasa esto, me hace dudar”, expresó con frustración. Además, reconoció que la presión económica de los impuestos y los servicios lo tiene al límite.

A pesar del enojo y la impotencia, Miguel decidió abrir el negocio a las 9 de la mañana, como todos los días, aunque sin certezas sobre cómo protegerse de futuros ataques. “Tengo que abrir porque es mi sustento. Estoy casi en las últimas”, concluyó con resignación.