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"Día del médico"

Feliz Día del Médico – Escrito del recordado doctor Guido Reitich


  La labor persistente y acertada de los investigadores del mundo ha dado la valiosa y complicada aparatología y delicado instrumental que permite la exploración y el poder llegar casi siempre, al diagnóstico exacto, como ser el uso de ultrasonidos en todas las especialidades (ecograma cardiológico, renal, cerebral, fetal, etcétera: tomografía computada general y visceral, resonancia magnética nuclear, uso del rayo laser, utilización de radioisótopos como trazadores en casi todos los órganos, biopsias endoscópicas, angiografías selectivas, computación de información biológica inmediata, analizadores automáticos humorales, marcapasos electrónicos, prótesis vasculares y valvulares, implante de órganos, etcétera.  A raíz de todo este adelanto técnico, la medicina ya no puede ser abordada por hombre alguno sino con sentido general, y por ello han avanzado las especialidades. Estas circunstancias hacen resaltar la desaparición de “médico de cabecera”, reemplazado por una ida y venida del paciente por distintos especialistas y donde pasa de mano en mano y donde después de muchos estudios, pocas veces recibe la debida explicación a su dolencia, con el agravante de que, después de todo ello, el paciente obtiene una imagen despersonalizada y desjerarquizada del médico.  Las especialidades son un gran adelanto médico científico, pero siempre que no se pierda de vista el concepto clínico general. Por ello es necesario que haya un médico orientador del paciente, que lo trate, se comunique y lo siga de ser humano a ser humano, que sea quien decida y quien elija el especialista.  Se debe volver, como ya lo hacen distintas escuelas de medicina de los Estados Unidos, Canadá, Holanda e Inglaterra a reincorporar al médico de cabecera, al médico clínico, al médico de familia.  El médico de cabecera es insustituible y no debe perder su lugar prominente, ni la visión total de la unidad funcional del organismo. Tampoco puede aceptar sino transitoriamente la fragmentación del enfermo en manos del especialista, y debe unir los fragmentos para la interpretación del todo.  El concepto del “clínico” mantiene renovada vigencia simplemente porque no existe la máquina ni el aparato, ni el instrumento más sofisticado que sea que supere al cerebro del hombre, al afecto, a la cordialidad ni a la vocación humanística. Que la ciencia avance, que la tecnología avance, pero en función del hombre, nunca al revés.  El médico “ideal” en el ejercicio de su profesión debe ofrecer la imagen moral de un ser pleno de generosidad y humildad: la experiencia me dice que los pacientes tienen en gran estima la relación con un médico que se ocupa de ellos personalmente. Curar a un enfermo no sólo significa prescribir el medicamento adecuado sino también darle calor humano.]]>