Con el Monumento como escenario y la presencia del presidente Javier Milei, el gobernador Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin, la ciudad celebró una jornada histórica que puso en valor su identidad, su recuperación y el papel fundamental que desempeña en la construcción de la Argentina
Por Diego Mussetta – CLG
El Día de la Bandera volvió a ser el Día de Rosario.
Rosario volvió a ocupar este sábado 20 de junio el lugar que le corresponde en la historia argentina. A los pies del Monumento Nacional a la Bandera, donde Manuel Belgrano creó el símbolo patrio hace más de dos siglos, la ciudad fue nuevamente escenario de una de las celebraciones más importantes del calendario nacional, con la presencia del presidente Javier Milei, el gobernador de Santa Fe, Maximiliano Pullaro, y el intendente Pablo Javkin.
Fue un acto sobrio, institucional y respetuoso de la fecha. Sin estridencias ni sobresaltos, la ceremonia tuvo como eje central la figura de Belgrano, la bandera y el significado de la construcción de la Nación. También dejó algunas señales políticas, gestos de convivencia institucional y una Rosario que se mostró orgullosa de su presente y de su rol en la historia argentina.

El presidente Javier Milei permaneció apenas una hora y cuarto en la ciudad. Llegó para encabezar el acto oficial, brindó su discurso y luego regresó a Buenos Aires. En su intervención eligió poner el foco en la figura de Manuel Belgrano, destacando sus valores, su vocación de servicio y su entrega por la construcción de la patria.
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A diferencia de otras apariciones públicas, se lo observó sereno y contenido. Mantuvo un tono pausado durante gran parte de su mensaje y sólo elevó la voz al cierre, cuando concluyó con un enfático “¡Viva la Patria!”, que recibió el aplauso de los presentes.
Uno de los detalles políticos más comentados de la jornada fue la ausencia de cualquier saludo o interacción pública entre Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel, presente también en Rosario para participar de actividades vinculadas al Día de la Bandera, aunque por carriles completamente separados. La distancia entre ambos volvió a quedar expuesta en una fecha de fuerte simbolismo nacional.
La apertura de los discursos estuvo a cargo del intendente Pablo Javkin, quien pronunció una de las intervenciones más sólidas de la jornada. Con Rosario como eje permanente de sus palabras, repasó los años difíciles que atravesó la ciudad y reivindicó el proceso de transformación que viene experimentando.

Javkin recordó la crisis de violencia e inseguridad que golpeó a Rosario y destacó el trabajo conjunto entre Nación, Provincia y Municipio para revertir esa situación. “Dimos la pelea histórica para salvar a Rosario”, afirmó, en uno de los pasajes más fuertes de su mensaje.
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El intendente habló de una ciudad que recuperó sus espacios públicos, que volvió a recibir turistas, que recuperó la tranquilidad y que se posiciona nuevamente como una referencia nacional. También reivindicó el rol del interior productivo y el aporte de Rosario al desarrollo del país.
Por su parte, el gobernador Maximiliano Pullaro eligió destacar el proceso de inversión pública que lleva adelante la provincia. Hizo referencia a las obras en marcha, a la recuperación integral del Monumento Nacional a la Bandera y a la decisión de volver a invertir en infraestructura estratégica para Rosario y Santa Fe.
En su discurso también resaltó el valor del trabajo, la producción y la educación pública, además de reivindicar el protagonismo del interior argentino en el crecimiento nacional.

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La ceremonia contó con una fuerte presencia institucional. Gran parte del gabinete nacional acompañó al presidente en Rosario. Entre los funcionarios presentes se destacó el vocero presidencial Manuel Adorni, una de las figuras más visibles del oficialismo nacional y protagonista de recientes controversias políticas.
También dijeron presente ministros nacionales, autoridades provinciales, legisladores, intendentes y representantes de distintos sectores sociales, económicos y culturales.
Una vez finalizado el acto central, la celebración continuó con uno de los momentos más emotivos de la jornada: la Promesa de Lealtad a la Bandera protagonizada por miles de alumnos de cuarto grado llegados desde distintos puntos del país.
La ceremonia, que durante toda la semana convocó a chicos y chicas de escuelas santafesinas y argentinas, tuvo este viernes su jornada de cierre, renovando uno de los rituales más significativos de la educación argentina.

Después llegó el tiempo de la fiesta popular.
El Parque Nacional a la Bandera se transformó en un enorme espacio de encuentro ciudadano con propuestas culturales, espectáculos musicales, actividades recreativas, ferias de emprendedores, gastronomía y espacios para toda la familia.
Miles de rosarinos y visitantes disfrutaron de una ciudad que volvió a mostrarse llena de vida, de movimiento y de orgullo.
Porque más allá de las diferencias políticas, de los discursos y de las coyunturas, el 20 de Junio sigue teniendo una certeza inalterable: cuando llega el Día de la Bandera, la Argentina mira hacia Rosario.
Y Rosario, una vez más, estuvo a la altura de su historia.
