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Distinguen a destacado bioquímico rosarino por su aporte a la ciencia


Oscar Fay, docente e investigador, hizo toda su carrera en la UNR. Hoy, a los 83 años, se siente con ganas de seguir luchando por el conocimiento, la ciencia y la educación pública

«La primera sensación es de alegría, esas cosas que te salen de adentro y no las podes programar”, dice Oscar Fay y cuenta que cuando le avisaron desde la Facultad de Ciencias Bioquímicas de la UNR que habían decidido por unanimidad proponerlo para un premio nacional, sintió que “ya había ganado”.

Se trata del premio anual Doctora RW Wikinski creado por la Fundación Bioquímica Argentina para distinguir a un docente investigador con una larga trayectoria a nivel nacional en el campo de la bioquímica clínica. Significa un reconocimiento institucional a su aporte al crecimiento y desarrollo de las ciencias del laboratorio clínico en el país.

“Yo soy de la primer camada de bioquímicos de la UNR, del año 58”, cuenta. Antes había que estudiar Farmacia y luego dos años más para ser bioquímico. Pero ese año se separan las dos carreras cuando se crea la Escuela de Bioquímica dentro de la Facultad de Medicina que se llamaba “Facultad de Medicina, Farmacia y Ramos Menores”. Fay comenta que en algunas farmacias de la ciudad como la de Brown y Oroño, la de Corrientes y Cochabamba y la de Ovidio Lagos y Salta, todavía persisten los carteles “Farmacia-Análisis” ya que los análisis los hacían los farmacéuticos que también eran bioquímicos.

Se considera afortunado por todo lo que pudo vivir con su profesión y resalta algo que marcó “un antes y un después en la ciencia”: cuando en el año 53, James Watson y Francis Crick descubren la estructura del ADN que es la molécula que tiene el código genético, porque todo lo que se fue desarrollando después tuvo lugar dentro de un esquema transversal. Explica que hoy no se habla de medicina sino de ciencias médicas dado que esa transversalidad logró incluir 19 incumbencias relacionadas con la salud humana y la calidad de vida, entre ellas la bioquímica.

“Eso fue una suerte para mí porque la pude cabalgar, acompañar, seguir con entusiasmo junto a muchos colaboradores”, asegura y a la vez agradece a todos los que permitieron que en un día como hoy sus propios colegas lo distingan. “Pienso que uno es lo que la mirada del otro le otorga, así que es un reconocimiento de dos vías, va y viene. Me siento sanamente orgulloso, con muchas ganas, a pesar de mis 83 años, de seguir luchando y peleando por esto que significa el conocimiento, la ciencia, la educación pública”.

Una vida en la UNR

Oscar Fay hizo la primaria en una escuela pública del barrio donde vivía, Ayolas y San Martín y la secundaria en el Politécnico. Ahí se recibió de técnico químico a los 18 años aunque dice que desde tercero empezó a “jorobar con los tubos”. “Siempre dije que yo tengo una mirada de la vida desde un tubo de ensayo porque lo miro desde hace 70 años”, confiesa. Cuando terminó la escuela, junto a cuatro compañeros querían estudiar química biológica pero en Rosario no existía la carrera. Había que viajar a La Plata, a Santa Fe o a Bariloche para cursar Biología pero todos eran de clase media y no podían. Fue justo ese año que la Facultad de Medicina de la UNR abre la inscripción a la carrera de bioquímica y allí se anotaron.

Ya en segundo año, fueron ayudantes de cátedra y dado que era una carrera nueva y necesitaba docentes, también se convirtieron en jefes de trabajos prácticos, aun siendo estudiantes. Desde ese momento y hasta que se jubiló en el año 2005 fue docente de la Universidad Nacional de Rosario. “Toda mi carrera estuvo llena de satisfacciones, de concursos, de historias muy lindas que me hace bien recordar y fue dentro de la Universidad Pública, soy un fanático de ella”.

El Doctor en Bioquímica trabajó más de 20 años en la oficina sanitaria de la Organización Panamericana de la Salud y fue distinguido por haber creado el Centro de Tecnología en Salud Pública que fue el centro de referencia de hepatitis virales para América Latina. Desde Río Grande hasta Tierra del Fuego, comandó toda la campaña de vacunación de la hepatitis A y B en el país y también en el Amazonia, el Golfo de Guinea, parte de Africa y China. Cuenta que su función era la logística porque debía formar los recursos humanos de apoyo de los laboratorios para hacer los testeos. “Estuve muchos años en los aviones y volviendo siempre a mi casa y lugar de vida en Rosario, pero fueron desafíos que me dieron bastante experiencia”.

Pionero en investigación

Oscar Fay junto al virólogo de Buenos Aires Guillermo Muchinik estuvieron durante un mes trabajando en el Instituto Pasteur de París con Luc Montagnier quien luego ganó el premio Nobel por descubrir el VIH. Cuando volvieron al país lograron recultivar el virus en el laboratorio de la sala 8 del Hospital Centenario. Recuerda que a raíz de este experimento, Montagnier vino a Rosario, visitó el hospital, comió con ellos en un restaurante donde está el actual Mercado del Patio y les dijo que no podía creer lo que habían logrado. Cultivar el virus significaba poder tener ensayos que determinaran el efecto de la medicación.

Dice que siempre tuvo una mirada aceptablemente optimista, que si el hombre vivió miles de años hasta ahora, es porque pudo sobrevivir, de alguna manera buscó resolver los problemas y lo logró. Para él la historia muestra que la resiliencia, la voluntad de vencer las grandes dificultades, hicieron que la especie humana siguiera existiendo.

Sobre la pandemia de covid cree que se va a solucionar pero advierte: “La posibilidad de que la ciencia en ocho meses haya logrado una vacuna que permita controlar la expansión del virus, es tan importante como el conocimiento social y este se construye. No termina con la vacuna, sino reconociendo cuáles son las situaciones que tendremos que modificar para que no vuelva a ocurrir”. Afirma que el virus se irá de este planeta cuando lo corran, cuando dos tercios de la población mundial, es decir 4.500 millones de personas, hayan sido vacunadas con eficiencia. “Las herramientas están pero si no se planifica y organiza en el tiempo, no vamos a tener éxito”.

“Yo creo que tuve mucha suerte en poder vivir todos estos años de profesión con tanto desarrollo tecnológico y científico que permitió este protagonismo de la bioquímica que tiene su rol en la cadena de valores de la salud. Guardo un gran respeto y agradecimiento para todo lo que fue y es la Universidad Nacional de Rosario”, expresó emocionado.

Fuente: www.unr.edu.ar – Periodista: Victoria Arrabal