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Depresión en niños: causas, síntomas y consejos


La etapa infantil no siempre se caracteriza por ser la más feliz, por lo que es importante estar atento al comportamiento de los más chicos

La depresión es una de las enfermedades mentales con mayor prevalencia. Hasta hace algunos años se pensaba que solo los adultos podían padecerla, pero desde hace tiempo se sabe que también puede afectar a los niños. El psicólogo Andrés Carrillo revisa en Mejor Con Salud cuáles son las causas y síntomas del trastorno depresivo en los menores de edad.

Causas

Las causas de la depresión infantil dependen de dos factores. En primer lugar tenemos el componente orgánico; un mal funcionamiento de las estructuras cerebrales produce estados depresivos. Por otro lado están los factores medioambientales, como algunos traumas severos en la infancia.

En cuanto a las causas orgánicas, los niños de padres que padecen depresión tienen 2 o 4 veces más probabilidades de manifestar la patología durante la infancia. Por otra parte, existen factores que tienen que ver con otras enfermedades (comorbilidades). Por ejemplo, los niños con patologías crónicas podrían deprimirse por el padecimiento del cuadro clínico.

Señales de advertencia

Las señales de advertencia respecto a la depresión infantil dependen de las características de personalidad de cada niño, además de la etapa del desarrollo evolutivo en la que se encuentre. Es decir, si está en la primera infancia (0 a 3 años), segunda infancia (3 a 6-7 años) o tercera infancia (de 6-7 a 12 años).

Los indicadores que veremos a continuación son los más comunes en los casos de depresión en los niños, a pesar de las diferencias que puedan existir entre un caso y otro. Siempre se debería estar atento a estos comportamientos:

  • Problemas para conciliar el sueño durante las noche.
  • El niño no se siente capaz de intentar cosas por su cuenta (pensamientos de inutilidad).
  • Pérdida del apetito, trayendo como consecuencia cambios en el peso.
  • Lentitud excesiva en las respuestas psicomotoras.
  • Fatiga constante que tiene repercusiones en el área escolar.
  • Problemas para mantener la concentración, con distracciones y falta de entusiasmo.
  • Pensamientos relativos a la muerte, incluso con autolesiones.

Diagnóstico

Para establecer el diagnóstico certero de la depresión infantil se deberán tomar en cuenta los criterios mencionados antes y evaluar si existe la presencia de al menos 5 de ellos, de manera intensa y por un periodo no menor de 2 semanas.

Uno de los principales inconvenientes que suelen presentarse en el diagnóstico es que los comportamientos depresivos de los niños podrían deberse a otros trastornos, como el déficit de atención con hiperactividad (TDAH). O simplemente serían rasgos característicos de la personalidad.

Es necesario saber que un rasgo no implica tener una patología. Existen personas con rasgos de algunos trastornos que son capaces de funcionar adecuadamente en la vida cotidiana. Se diferencia del trastorno en la intensidad y la prevalencia.

Es normal que los niños se puedan mostrar ansiosos o desanimados ante ciertas situaciones, pero no debería ser un comportamiento duradero. De lo contrario, se podría tratar de alguna patología.

Para saber si un niño padece depresión será necesario acudir a un profesional de la salud mental para que se le realice una evaluación objetiva.

¿Cómo ayudar?

Desde el rol de padres se pueden tomar medidas para brindar apoyo a los hijos cuando estos han sido diagnosticados con depresión. En primer lugar, no se debe juzgar al niño ni colocarle etiquetas que puedan afectar aún más su autoestima. Por ejemplo, decirle que es flojo o compararle con otros infantes.

En lugar de hacer juicios de valor sobre el comportamiento, lo mejor será mostrarle lo valioso que es mediante halagos y recompensas por las cosas que ha logrado realizar. Una buena autoestima es indispensable para afrontar los estados depresivos.

Otras maneras que tienen los padres o cuidadores de apoyar son las siguientes:

  • Mantener una rutina estructurada en relación a las actividades del niño para que pueda tener una sensación de seguridad y control respecto a los acontecimientos de su vida.
  • Ayudar al niño a expresarse de manera segura, procurando que no sienta angustia al hablar de sus emociones y sentimientos. Para eso es buena idea motivar con alguna anécdota personal de cuando teníamos su edad.
  • Incorporar actividades divertidas para el niño dentro de su rutina diaria, las que pueden variar según el día.
  • Hacer de las horas de comer un momento placentero, sin forzarle a terminar las comidas.
  • Realizar ejercicios de relajación antes de la hora de dormir. La lectura es una buena alternativa. También se debe mantener un horario constante para irse a la cama por las noches.
  • Practicar actividades al aire libre ayuda a que el estado anímico mejore, siempre y cuando sean del agrado del niño.

Opciones de tratamiento

En los casos en los que los episodios depresivos del niño no son a causa de un trastorno orgánico, los cuidadores pueden acudir a un psicólogo para que les dé asesoramiento profesional respecto a la gestión de las emociones, tanto de ellos como del infante. La armonía del núcleo familiar es fundamental para evitar la depresión infantil.

Cuando la depresión proviene de factores biológicos el tratamiento puede incluir fármacos, los que deben ser recetados por un médico psiquiatra. Sin embargo, el apoyo psicológico puede implementarse en cualquiera de los escenarios.

Algunos de los tratamientos más empleados para la depresión infantil son los siguientes:

  • Terapias psicológicas desde el enfoque cognitivo conductual y la terapia breve.
  • Tratamientos con receta de fármacos con prescripción del médico psiquiatra.
  • Una combinación de terapia psicológica y tratamiento farmacológico.

Estar triste no es igual a estar deprimido

En la medida que comencemos a emplear los términos médicos y psicológicos con mayor responsabilidad evitaremos la angustia. En muchos casos los padres piensan que sus hijos están deprimidos porque los ven tristes de manera regular. Allí se debe indagar el motivo de la tristeza y ver si es justificada.

Recordemos que no por el hecho de sentirse triste se debe considerar que una persona presenta depresión. Sentir tristeza es parte de la naturaleza de los seres humanos desde que somos niños y hasta el último momento de la vida.