Ciudad

De Haití a Rosario: miles de historias empujadas por la ilusión de progresar


Rosario tiene miles de historias para contar. De las más tristes, pero también de las más inspiradoras. La mayoría son protagonizadas por hombres y mujeres que nacieron o se criaron en la zona. Sin embargo, esta ciudad desde hace tiempo alberga y, sobre todo, germina los sueños de muchas personas que vienen desde un lugar muy lejano.

Todo comenzó en Haití. Aquel país de realidades duras y pies descalzos contemplaba la vida de un puñado de jóvenes que desde chicos soñaban con un futuro mejor. Fue ese deseo de estudiar, trabajar y diagramar una vida profesional el que los empujó a volar hacia Argentina y desembarcar en Rosario.

“¡Te estaba buscando! ¿Qué calor que hace, no?”. De esa manera, con un español casi perfecto, comienza su charla Con La Gente el extrovertido Nicson Agenord, un haitiano de 37 años que llegó a la ciudad en 2008 y la pasó muy feo. Arribó a Rosario a través de una fundación que resultó ser ilegal, quedó en la calle y durmió en una parroquia durante seis meses. Eso sí: la idea de abandonar su lucha nunca se cruzó por su cabeza.

Afortunadamente para él, aunque todo fue a base de sacrificio, estudio y mucho sudor, hoy Nicson es padre de familia y le puede dar a los suyos un plato de comida y un techo. Cursa el tercer año de Medicina, trabaja en el cine de uno de los shoppings y en el medio de todo eso realizó un curso de Comunicación Audiovisual, lo que lo llevó a perfeccionarse en su pasión y filmar una película, la primera en Argentina producida por un haitiano, que fue declarada de interés municipal y provincial.

“Cuando yo llegué, hace casi 10 años, éramos cerca de 25 personas. Hoy en la comunidad somos más de mil. Y todos estudiamos y tenemos que trabajar para poder mantener nuestros hogares”, aseguró Nicson, siempre sonriente y con una actitud avasalladora.

¿Por qué Rosario?

—La educación que hay acá nos parece excelente. Y desde muy chicos que la idea es venir hacia Argentina a estudiar porque el nivel que se maneja acá es muy superior. Y Rosario nos pareció la mejor opción para eso. Lo que pasó fue que nos encontramos con muchísimas complicaciones y realmente la hemos pasado muy mal.

Cuando quedaste en la calle, ¿por qué no quisiste volver?

—Fue un tema de discusión entre todos. Yo vine con mi novia a través de una fundación, que nos cobró a cada uno 5 mil dólares en aquel momento (2008), más los pasajes, y nos prometían un hospedaje acá en Rosario. Cuando llegamos nos enteramos que la fundación era trucha. Y nosotros no teníamos plata para quedarnos en el lugar donde supuestamente nos iban a alojar y quedamos en la calle. En ese momento muchos se querían volver a Haití, pero yo no. Nosotros vinimos con un sueño y a cumplir una meta, no había que bajar los brazos. Hicimos un esfuerzo enorme para venir acá, y yo estaba convencido de que nos teníamos que quedar a intentarlo. Y por suerte pudimos convencerlos.

¿Con qué te encontraste acá? ¿Era lo que esperabas?

—Yo siempre digo que a esta ciudad y a este país lo imagino como un gran banquete. Donde uno llega y tiene de todo para comer y dice ‘puedo comer esto o puedo probar aquello, o lo otro que está más allá’. Para mí este es un lugar repleto de oportunidades. No sé si la gente de acá se dará cuenta, pero para nosotros es una fuente increíble donde podemos estudiar, perfeccionarnos y trabajar.

¿Por qué los haitianos vienen a Argentina? ¿Es por la educación o hay algo más?

—Haití es un país complicado y con mucha corrupción. Y por ese motivo, el único fin que tiene nuestra llegada a Argentina es la educación. Te puedo asegurar que un 98% de los haitianos que están en Rosario estudian, y casi todos trabajan para mantenerse. En nuestra tierra hay una fuerza juvenil muy importante. La gente que viene quiere progresar, porque sabe que está cumpliendo un sueño que muchos chicos haitianos quieren alcanzar y no pueden por las complicaciones económicas.

Del Nicson Agenord que llegó en el año 2008 a los 27 años a este que tiene 37 y ya una familia a cuestas, ¿cómo fue ese camino? ¿Te sentás a mirar para atrás y recordar?

—Siempre. Uno nunca tiene que olvidar todo lo que hizo y todo lo que pasó. Hubo situaciones muy feas, pero de todo he aprendido. Yo veo todas las posibilidades que me presenta esta ciudad y no dejo pasar nada. Es mi forma de ser  y es el camino que he elegido para mejorar. Todos los beneficios que me da este país los aprovecho a full. Duermo cuatro horas entre el estudio, mi familia y mis trabajos. Pero estoy feliz de estar acá y de siempre estar pensando en mejorar. Esta es una tierra fértil. Lo que uno siembra, da cosecha.

¿Cómo se mete el cine en tu vida?

—Es una pasión que traigo desde siempre. Cuando apareció la posibilidad de estudiar y perfeccionarme en eso, dejé por un tiempo Medicina para abocarme a eso. Y era tanto el entusiasmo que tenía que me puse a producir una película («Locura de una noche», 2017). Fui el primer director haitiano en producir un film acá en Argentina, y la misma fue distinguida por el Concejo y la provincia. Fue fundamental el trabajo en grupo para lograrlo y quiero dedicarles un profundo agradecimiento a todos los que me acompañaron: Marisa Chazarreta, Jude Etienne, Davidson Loiser, Maxonley Petit, Diego Ruesca y Kesner Jean Mary.

¿Cuánto tiempo te llevó?

—Cerca de tres años. No fue nada fácil, porque el cine independiente cuesta muchísimo dinero y, sobre todo, tiempo. Al trabajar con actores haitianos y rosarinos uno se debía acomodar a los horarios de ellos y por eso el rodaje se extendió más de lo esperado. Pero todo ese esfuerzo valió la pena y me empujó a seguir por más. Ahora estamos trabajando en un nuevo documental y ojalá salga tan bueno como la película. Además, para la televisión de Haití presenté un trabajo sobre el entrenador de fútbol Alcel Faugues, que hizo sus primeras armas en Rosario y ahora firmó su primer contrato en nuestro país.

¿Visitaste a tus familiares y amigos en Haití?

—Sí, fui hace poco. Después de mucho tiempo estuve en mi país, con todo lo que eso significa para mí. Hablé con mucha gente y sobre todo pude abrazar a mis padres. Poder verlos me generó una sensación hermosa. No puedo explicarte con la energía que volví a Rosario después de eso. Uno extraña mucho a su tierra y fue muy difícil dejar a todos los tuyos para venir a una país lejano y desconocido, pero poder estar en contacto con ellos me dio la fuerza para volver y redoblar la apuesta.