Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina advirtió que persisten la precariedad laboral y la movilidad social descendente
Un reciente estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina, dependiente de la Universidad Católica Argentina, analizó la estructura social y los niveles de ingresos necesarios para pertenecer a los distintos estratos socioeconómicos del país.
El relevamiento, titulado “Estabilización, mejoras sociales y desigualdades persistentes”, señaló que si bien se registró una recuperación estadística de la pobreza, la misma se sostuvo sobre una base metodológica frágil y sin mejoras equivalentes en consumo, bienestar o capital humano. Además, advirtió que la pobreza estructural, la informalidad y la precariedad laboral continuaron en niveles elevados.
¿Cuánto se necesitó para ser clase media?
Según el informe, para integrar el segmento de clase media aspiracional (20% de los hogares), una familia tipo necesitó ingresos mensuales de al menos $3.500.000.
En tanto:
- El segmento medio bajo vulnerable requirió un piso cercano a $2.000.000.
- La clase media integrada (con capacidad de ahorro y planificación) partió desde los $5.000.000 mensuales.
- La clase media alta comenzó en torno a los $15.000.000.
- El 3% más rico necesitó ingresos superiores a $30.000.000 mensuales.
En el tercio inferior de la pirámide social, el estudio ubicó a los sectores con inserciones laborales informales o inestables. Allí, el 20% correspondiente al segmento bajo no indigente necesitó al menos $800.000 mensuales, cifra que también funcionó como techo para el 10% en situación de pobreza extrema.
Movilidad social en tensión
El informe analizó además el impacto del modelo económico impulsado por el presidente Javier Milei, señalando que si bien abrió oportunidades para sectores competitivos y para la atracción de inversiones, mostró limitaciones en los mecanismos de inclusión y transición social.
Desde el ODSA sostuvieron que amplios sectores de clase media baja acumularon expectativas de movilidad, pero enfrentaron frustración ante la volatilidad del ingreso real, la recurrencia de crisis macroeconómicas y el deterioro de bienes públicos.
En conclusión, el estudio advirtió que sin generación sostenida de empleo formal y políticas activas de integración productiva y educativa, cerca del 30% de la población podría quedar atrapada en condiciones crónicas de vulnerabilidad, consolidando un escenario de desigualdad persistente.
