Electrofueguina podría ofrecer acuerdos de salida a sus 181 trabajadores. En Misiones, la Justicia decretó la quiebra de Linor, que cerró en mayo y dejó a 130 empleados sin trabajo
La crisis industrial suma nuevos capítulos en distintos puntos del país. En Tierra del Fuego, crece la preocupación por el futuro de Electrofueguina, una planta controlada por el grupo Frávega que podría avanzar con desvinculaciones que alcanzarían a toda su nómina. En Misiones, la Justicia decretó la quiebra del aserradero Linor, cerrado desde mayo, mientras sus 130 trabajadores siguen reclamando el pago de salarios e indemnizaciones.
Aunque se trata de situaciones diferentes, ambos casos reflejan las dificultades que atraviesan actividades industriales y comunidades cuya economía depende de las fábricas. En uno, la incertidumbre está puesta en la continuidad de los puestos laborales; en el otro, el cierre ya se concretó y los exempleados esperan respuestas judiciales para cobrar lo adeudado.

Electrofueguina: preocupación por 181 puestos de trabajo
La empresa Electrofueguina, radicada en Río Grande, comenzaría durante octubre a convocar individualmente a sus trabajadores para proponer acuerdos de desvinculación. Según las versiones difundidas en medios especializados y fueguinos, la iniciativa podría alcanzar a los 181 integrantes de la planta, incluidos operarios y supervisores.
Hasta el momento, la compañía no confirmó oficialmente que vaya a desvincular a la totalidad de su personal ni informó las condiciones económicas que ofrecería. Por eso, el escenario genera preocupación, pero no corresponde presentarlo como una ola de despidos ya concretada.
Desde el ámbito gremial también hubo aclaraciones. Javier Escobar, dirigente de ASIMRA, señaló que algunas fábricas comenzaron a ofrecer retiros voluntarios y cuestionó las versiones sobre 180 despidos en Electrofueguina, al advertir que una reducción de esa magnitud equivaldría prácticamente al cierre de la planta. El dirigente vinculó parte de la situación con cambios en los procesos de producción de equipos de aire acondicionado.
La incertidumbre se produce en un contexto crítico para el polo electrónico fueguino. Según estimaciones de la Cámara Fueguina de la Industria Nacional (CAFIN), el sector perdió alrededor de 3.000 puestos de trabajo en poco más de un año.
Los datos correspondientes a agosto de 2026 muestran la dimensión del retroceso: los sectores industriales promovidos de Tierra del Fuego registraron 6.564 puestos de trabajo, frente a los 10.033 del mismo mes del año anterior. En la rama electrónica, el plantel se redujo un 37,7% interanual, hasta unos 5.091 trabajadores.
El panorama se suma a los cierres y las dificultades de otras empresas del sector, como BGH, Aires del Sur y la fábrica de aires acondicionados Electra y Fedders. Además, en septiembre, Frávega Tech, la firma de software del grupo, desvinculó a cerca de 180 personas, según la información difundida sobre el caso.

Linor quebró y 130 trabajadores esperan cobrar
En Misiones, la situación ya llegó a otra instancia. La Justicia decretó la quiebra indirecta de Linor SRL, el aserradero de la localidad de Azara que cerró sus puertas en mayo y dejó sin empleo a alrededor de 130 trabajadores.
La resolución, firmada el 15 de septiembre por la jueza Adriana Beatriz Fiori, del Juzgado Civil y Comercial N.º 8 de Posadas, se conoció esta semana a través del Boletín Oficial provincial. Entre las medidas dispuestas figuran la incautación de los bienes de la empresa, el bloqueo de sus cuentas bancarias y la elaboración de un informe individualizado de las deudas laborales.
El secretario general del Sindicato de Obreros de la Industria Maderera de Posadas (SOIMP), Agustín Báez, detalló que la firma adeuda tres quincenas, vacaciones e indemnizaciones que, en algunos casos, podrían llegar a los 15 millones de pesos.
El gremio reclama el pago completo de las obligaciones laborales y sigue de cerca el expediente judicial. También expresó preocupación por la posibilidad de que se hayan retirado maquinarias del establecimiento, por lo que busca preservar los bienes que podrían utilizarse para responder por las deudas.
Mientras tanto, las consecuencias del cierre se sienten en la vida cotidiana de las familias. Algunos exempleados debieron trasladarse a otras provincias o cruzar a Brasil para buscar trabajo. Otros permanecen en Azara y dependen del fondo de desempleo y de la asistencia alimentaria.
Ante la falta de ingresos, los trabajadores organizaron un comedor comunitario y reciben ayuda del sindicato, que aporta mercadería y acompaña a las familias en distintas necesidades. La incertidumbre es mayor para quienes superan los 40 años y encuentran dificultades para reinsertarse en el mercado laboral.
Linor arrastraba problemas financieros desde hacía tiempo, entre ellos deudas fiscales, salarios impagos y una caída de la demanda. Antes del cierre, la empresa había acordado con parte del personal una reducción salarial del 20% con la expectativa de sostener una plantilla mínima, pero la medida no logró evitar el colapso.

Dos conflictos y un mismo impacto sobre el empleo
La situación de Electrofueguina y la quiebra de Linor exponen dos formas de una misma preocupación: la fragilidad de los puestos industriales y las consecuencias que la pérdida de actividad tiene sobre los trabajadores y sus familias.
En Río Grande, el interrogante es cuántos empleos podrían verse afectados y bajo qué condiciones, mientras se esperan definiciones de la empresa y de los representantes gremiales. En Azara, el cierre ya es una realidad y la prioridad de los exempleados pasa por cobrar los salarios e indemnizaciones pendientes y encontrar nuevas fuentes de ingreso.
En ambos casos, el impacto trasciende las puertas de las plantas. La industria sostiene buena parte de la actividad económica de esas comunidades, por lo que cada reducción de personal o cierre empresarial repercute también sobre el comercio, los servicios y las familias que dependen de esos ingresos.
