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Costo de vida en Rosario: una familia de un barrio popular necesitó casi $2,5 millones en septiembre


Un relevamiento del CESO en cuatro barrios populares de la ciudad registró una suba del 13,1% entre junio y septiembre

Una familia rosarina integrada por dos adultos y dos niños necesitó $2.465.882 durante septiembre para afrontar sus gastos básicos en barrios populares. El dato surge de un relevamiento del Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz (CESO), que registró un incremento del costo de vida del 13,1% entre junio y septiembre.

El informe, elaborado junto con la diputada provincial Lucila De Ponti, expone la distancia entre los ingresos laborales y el dinero necesario para sostener un hogar. Los resultados muestran que ninguno de los salarios tomados como referencia alcanza, por sí solo, para cubrir la canasta familiar.

El estudio se realizó a partir de relevamientos de precios en Larrea-Empalme, Saladillo, La Sexta y Bella Vista.

Una canasta alimentaria que supera los $860 mil

Según el CESO, una familia tipo necesitó $860.091 únicamente para comprar alimentos durante septiembre. Para una persona adulta, la canasta básica alimentaria llegó a $278.347.

La evolución trimestral también refleja el aumento de los gastos familiares: en junio, la canasta total se estimaba en $2.179.474, mientras que en septiembre alcanzó los $2.465.882. La diferencia supera los $286.000 en apenas tres meses.

Entre los productos que más aumentaron en ese período se encuentran la cebolla, con una suba del 64%, y la papa, con el 60%. También se encarecieron la naranja (44%), la banana (33%), el pan (32%), el azúcar (28%) y la leche (22%).

La comparación interanual muestra incrementos todavía más pronunciados: la papa acumuló una suba del 132%, la cebolla del 125%, la naranja del 101% y la leche del 62%.

Ningún salario alcanza para cubrir los gastos familiares

Uno de los principales datos del relevamiento es la diferencia entre los ingresos de distintas actividades laborales y el costo de vida de una familia tipo.

Un docente santafesino con un ingreso de referencia de $1.350.000 cubre el 55% de la canasta. Un policía, con $1.438.200, alcanza el 58%, mientras que un trabajador de la construcción, con $1.455.300, llega al 59%.

La situación es similar para los empleados de comercio: con ingresos estimados en $1.316.600, pueden afrontar el 53% de los gastos familiares. Para los trabajadores municipales de Rosario, el informe toma como referencia un salario de $1.320.000.

Las diferencias son aún mayores entre quienes perciben los ingresos más bajos. Una trabajadora de casas particulares, con $529.261, cubre apenas el 21% de la canasta, mientras que una jubilación mínima de $498.633 representa el 20%. El Salario Mínimo, Vital y Móvil, fijado en $383.800 para el período analizado, equivale al 16% del costo de vida familiar.

Qué pasa con la AUH y la Tarjeta Alimentar

El estudio también evaluó el alcance de las prestaciones de asistencia alimentaria. En septiembre, la Asignación Universal por Hijo (AUH) alcanzó los $154.031 por hijo, mientras que la Tarjeta Alimentar sumó $72.250 para familias con un hijo.

De acuerdo con el relevamiento, estos recursos contribuyen a cubrir las necesidades alimentarias durante buena parte de la infancia, pero resultan insuficientes frente al costo de la canasta alimentaria individual a partir de los 15 años.

Las diferencias entre los barrios de Rosario

El costo de la canasta familiar tampoco fue uniforme en las cuatro zonas relevadas. Bella Vista registró el valor más alto, con $2.638.310, por encima del promedio general informado para los barrios populares.

Le siguieron La Sexta, con $2.445.466; Saladillo, con $2.434.320; y Larrea-Empalme, donde el costo estimado fue de $2.345.432.

De Ponti advirtió sobre el impacto en la vida cotidiana

Además de cuestionar la evolución de los precios y los ingresos, la diputada provincial puso el foco en las consecuencias que las dificultades económicas tienen sobre la organización de los hogares y los vínculos familiares.

“Detrás de cada una de estas situaciones hay noches sin dormir y muchos dolores de cabeza. Cuando falta plata, también se resienten los vínculos, y el peso de sostenerlos recae casi siempre en las mujeres, con un trabajo que nadie cuenta”, sostuvo.

De Ponti advirtió que la falta de dinero obliga a muchas familias a endeudarse para comprar alimentos, postergar el pago de servicios y reducir gastos esenciales. También señaló que estas situaciones repercuten en la salud mental y en las relaciones personales.

En el plano político, cuestionó las prioridades del Gobierno nacional y planteó la necesidad de recomponer los ingresos. “Cuando trabajar no alcanza para vivir, lo que se rompe es el pacto básico de una sociedad”, expresó.

Finalmente, reclamó que el Estado vuelva a ocupar un papel central en la protección de las familias, con políticas orientadas a recuperar el poder adquisitivo y atender las consecuencias sociales de la crisis económica.