Corea del Sur presentó a Gabi, un robot consagrado como monje en el templo principal del budismo coreano. Su aparición abre una pregunta tan antigua como nueva: qué significa realmente ser humano en la era de la inteligencia artificial
El miércoles 6 de mayo, en el templo Jogye de Seúl, sede principal del budismo coreano, un robot de 130 centímetros de altura y túnica ceremonial encabezó una procesión de monjes, unió sus manos en oración y prometió consagrarse al Buda y a sus enseñanzas. Su nombre es Gabi, que en coreano significa misericordia, y se convirtió ese día en el primer monje robot de Corea del Sur.
La ceremonia
El ritual fue formal y completo. Un monje entregó a Gabi cinco preceptos adaptados específicamente para un ser artificial: respetar la vida y no dañarla, no dañar a otros robots ni objetos, seguir a los humanos sin replicarles, no comportarse de manera engañosa y ahorrar energía sin sobrecargarla. En lugar de las quemaduras de incienso tradicionales en el brazo, recibió una pegatina del festival de linternas de loto. Llevaba túnica budista, kasaya, un collar de oración de 108 cuentas y guantes color carne.
La Orden Jogye, la secta budista más grande del país, elaboró estos preceptos con ayuda de los chatbots Gemini y ChatGPT. La tradición y la inteligencia artificial, juntas en el mismo documento.
La pregunta que nadie puede responder
Gabi es técnicamente el modelo humanoide Unitree G1, capaz de realizar movimientos fluidos, mantener equilibrio avanzado y en los últimos meses protagonizar videos virales bailando, jugando a la pelota o caminando por las calles. Es una máquina sofisticada. Pero un monje budista no es solo alguien que sigue reglas: es alguien que contempla, que sufre, que busca.
Noah Namgoong, instructor de budismo zen en Nueva York, lo dijo con claridad: la pregunta central del budismo sobre qué significa ser humano va más allá de la lógica y el razonamiento, y un robot no tiene mente para reflexionar sobre ella. Y sin embargo, agregó algo que lo complica todo: si este robot puede ayudar a otros a liberarse, puede ser útil.
Por qué el budismo da este paso
La Orden Jogye no lo hace por capricho. El budismo llegó a Corea alrededor del siglo cuarto y hoy enfrenta un declive sostenido en práctica y popularidad. A principios de este año, el presidente de la orden se comprometió públicamente a incorporar la inteligencia artificial a la tradición. Gabi es la primera respuesta concreta a ese compromiso.
Para algunos especialistas es una estrategia de visibilidad, una forma de reforzar la presencia cultural de una religión que compite por atención en un país hiperconectado. Para otros es algo más incómodo: la señal de que incluso las instituciones más antiguas del mundo están dispuestas a redefinirse para no desaparecer.
Gabi participará en el festival de linternas de loto el 16 de mayo en Seúl. Será la primera vez que un monje robot desfila ante miles de personas. La pregunta filosófica seguirá sin respuesta, pero el espectáculo ya está garantizado.
