Opinión

Cómo convencer de que esto no termina en devaluación


Por José Calero. Jefe de Economía de la agencia NA.

El presidente Alberto Fernández buscará en los próximos días dar más garantías a empresarios e inversores de que evitará una híper devaluación en la Argentina, y cree tener capacidad de maniobra para llegar a fin de año con reservas suficientes para impedir que el dólar se salga totalmente de control.

El ministro de Economía, Martín Guzmán, parece haber recuperado la centralidad en la toma de decisiones y los operadores estarán observando si eso se traduce en medidas efectivas para contener una brecha cambiaria insostenible.

El jefe del Palacio de Hacienda, uno de cuyos términos preferidos es «sostenibilidad», tiene un enorme desafío por delante, ya que lo más insostenible de la economía argentina parecer ser la política cambiaria.
«Será muy difícil descomprimir la brecha cambiaria sin una aceleración de la devaluación del tipo de cambio oficial, más tarde o más temprano», sostienen desde la consultora Eco Go.

El problema es que una devaluación sin un programa de estabilización ni un colchón más amplio de reservas en el BCRA puede provocar, como lo hizo siempre hasta ahora, una disparada de la inflación.

A esto se suma que una de las principales variables que permitió mantener medianamente a raya el costo de vida, las tarifas, ya empezaron a subir en el caso de los combustibles, y se descongelarán en diciembre para electricidad y gas.
Por ello, Guzmán buscaría concretar esta misma semana una flexibilización del «dólar contado con liqui».

En principio permitiría finalizar las operaciones de triangulación con bonos en tres días, y no en cinco como hasta ahora.
Pero sobre todo, volvería a autorizar que los inversores «no residentes» puedan operar.

Guzmán convenció al Presidente de que las restricciones introducidas por el jefe del BCRA, Miguel Pesce, tuvieron mucha responsabilidad en el recalentamiento del mercado cambiario con un dólar «contado con liqui» que cerró a $165.

Existe preocupación entre inversores que dicen haber quedado entrampados en una operatoria que les impide dolarizarse.
Uno de esos grandes jugadores es el fondo de inversión PIMCO, que tenía previsto utilizar letras y bonos en pesos para pasarse a dólares.

Se estima que, como PIMCO, hay otros inversores que pretenden traspasarse a unos 5.000 millones de dólares.
Cerca de Guzmán sostienen que trabar esa operatoria fue la principal razón para que el dólar se disparara.

En los últimos días de noviembre, Guzmán deberá afrontar fuertes vencimientos de deuda: son unos $ 230.000 millones entre bonos y letras, por lo que el ministro pretende tener al mercado más calmado para poder refinanciar esos vencimientos.

«Necesitamos bajar los niveles de ansiedad y encarar una negociación sostenible con el FMI», repite el ministro ante su equipo.

Para reducir la ansiedad, Guzmán tiene lista una estrategia para profundizar la emisión de bonos «dollar linked», que si bien son en pesos, se terminan ajustando por la variación del tipo de cambio.

Ya colocó unos u$s 1.700 millones en una licitación en la que estaba previsto emitir solo u$s 500 millones, lo cual refleja el interés de los inversores por un instrumento que les permite cubrirse de la devaluación, el fantasma más temido en la Argentina.

Guzmán le dijo al Presidente que está en condiciones de surfear las olas hasta diciembre próximo, cuando se espera un ingreso considerable de divisas por la cosecha fina.

Después, habrá que pasar el verano hasta llegar a marzo, cuando ingresarán las fuertes liquidaciones de la soja, y rezar para que los precios de la oleaginosa se sigan manteniendo próximos a los u$s 400 la tonelada -el precio más alto desde 2014-, un nivel interesante para los productores argentinos.

Igual, en el Gobierno admiten que los anuncios continúan sin calmar el dólar y por eso se buscará acelerar el acuerdo con el FMI, que además de refinanciar unos u$s 44.000 millones, podría incluir un desembolso adicional que tratarán de que sea el menor posible.

La primera señal hacia el FMI se dio en la semana: el secretario de Energía, Darío Martínez, avisó que en diciembre empezarán a caer los congelamientos de tarifas en electricidad y gas para algunos sectores.

El ajuste de las tarifas permitirá bajar el gasto en subsidios del 3,3% del Producto Bruto al 2,5%, y deberá pagarlo sobre todo la clase media.

No será la única señal de ajuste: el Gobierno enviará una fórmula para ajustar jubilaciones no sólo por inflación sino también por salarios, lo que reducirá erogaciones.

La suba del gasto en jubilaciones y prestaciones -60% del gasto público- para 2021 proyecta un aumento del haber medio de 25%, seis puntos porcentuales por debajo del 31% de inflación promedio previsto en el Presupuesto.

Además, habrá más incentivos para impulsar el ahorro en pesos, a partir del proyecto para desgravar la renta financiera de inversiones en moneda local.

También podría continuarse el sendero de suba de tasas, aunque el último ajuste realizado por el Banco Central tuvo sabor a poco para el mercado.
Allí consideran que para convencer al FMI Guzmán deberá dar señales contundentes de cómo hará para bajar el déficit fiscal.

Parte de esa rebaja estará vinculada con el crecimiento esperado en la recaudación tras la pandemia, pero una buena dosis surgirá de la capacidad de recortar el gasto.

Pero Guzmán deberá atender esta semana un frente más urgente: las nuevas normas aplicadas por el BCRA para trabar importaciones ya empezaron a provocar problemas de abastecimiento.

Es otro de los clásicos de la economía argentina: las empresas intentan abastecerse de insumos y del otro lado de la línea les dicen que no les pueden vender, porque no tienen «precio».
Se llama imprevisibilidad, y la Argentina podría dictar cátedra sobre las múltiples formas de provocarla.

(*) Jefe de Economía de la agencia NA.
jcalero@noticiasargentinas.com.
@JoseCalero.