Espectáculos

Carlos Belloso: “Estamos en una ratonera de la que no podemos escapar del capitalismo”


El actor coprotagoniza el clásico de Agatha Christie; junto a Andrés Gil analizan los hilos invisibles del consumo y la situación de la ficción nacional

En el marco de los preparativos para el desembarco del clásico policial de Agatha Christie, “La ratonera”, bajo la dirección de Manuel González Gil, Carlos Belloso consideró que vivimos “en una ratonera donde no podemos escapar del capitalismo”.

En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas, Belloso analizó los hilos invisibles del consumo y la situación en crisis de la ficción nacional, junto a su par y compañero de elenco, Andrés Gil.

—¿Cómo transitan el proceso previo al estreno?

Carlos Belloso: Con muchas ganas de salir. Realizamos los ensayos con Manuel González, que tiene la obra muy clara a través de varios cuadros y con unos compañeros bárbaros. Con muchas expectativas lindas.

Andrés Gil: Estoy feliz, disfruto cada ensayo porque son todos actores que veo desde chico y admiro; ser parte de este proyecto es una oportunidad única para mí al ver lo que cada uno aporta. Construimos una pieza muy genuina; no hay este tipo de obras en la calle Corrientes. Lo que se genera con el público termina por ser un detective más para entender quién es realmente el asesino, porque todos somos sospechosos y todos escondemos algo.

—¿Qué tiene el policial que atrapa de una manera tan particular?

CB: Hay un público al que le gusta el género y apostamos también a que esa gente venga y disfrute del policial de misterio y salga bien parada. A quienes no les llama tanto el género, tienen la posibilidad de sentirse identificados dentro de la trama y de tratar de resolver algo antes del desenlace.

AG: La obra invita a quienes no están acostumbrados a ver este tipo de puestas. Es una historia en la que estás todo el tiempo al borde de la silla, intentás entender y te dejás sorprender. Cada personaje tiene su historia y secretos.

—Manuel González Gil -director- comentaba que hubo que adaptar la obra porque originalmente dura más de dos horas a casi una hora y media. ¿Cómo impacta esa compresión en el ritmo de la actuación?

CB: Está muy bien adaptada por Manuel. Uno tiene esos prejuicios de decir: «No, no, hagámosla toda porque así se puede valorar», pero está repuesta de tal manera que apunta a no precipitar los tiempos. Había que cortarla porque en estos tiempos… No es una alegría que se deba acortar la obra.

AG: Pero sí, el tiempo es prudencial y está pensado para los tiempos que corren.

—¿Perciben que la capacidad de atención de las audiencias se deterioró?

Gil: Sí, obvio. Ya está todo direccionado. Lamentablemente, el mundo va hacia ese lado de consumismo constante, donde la gente joven no se banca ni tres minutos de una historia. En los videos de Instagram tienen que mostrar el final antes de empezar, para que te enganches. Ni siquiera te bancás la intro de una historia de dos minutos.

CB: Es una ratonera. Estamos en una ratonera de la que no podemos escapar, del capitalismo que nos lleva a eso.

—¿Qué postura tienen sobre el conflicto que rodea hoy al INCAA y al Instituto Nacional del Teatro con las políticas de desmantelamiento?

AG: Es muy injusto. Necesitan tener un enemigo porque sirve políticamente. Ojalá, aunque sea medio ingenuo decirlo, entiendan que es parte de nuestra identidad y que somos, nada más y nada menos, lo que representa Argentina para el mundo a través de su cine y su teatro. Es la mejor manera de contarnos a nosotros mismos y de saber de dónde venimos. Más allá de las diferencias políticas, el darse cuenta de que no somos un gasto, sino una inversión. Y está visto en los números, a este gobierno, que le gustan tanto los números y hablan desde ahí. Cualquier país, a los que ellos también admiran, invierten en cine y en teatro, y ves los números cómo vuelven; está claro que es inversión. No lo quieren ver porque no les convendrá. Necesitan polarizar para que la gente hable de otra cosa. Me encantaría que la gente se diera cuenta. Lo que más me duele es ver cómo se suma el público a atacar algo que está esquematizado de esa manera.