Desde el sector advierten una retracción de hasta el 6% en las ventas y un cambio en los hábitos de compra, con mayor uso de financiamiento y menos efectivo
El consumo en supermercados continúa mostrando señales de debilidad en todo el país, en un contexto donde el poder adquisitivo sigue sin recuperarse y obliga a las familias a modificar sus hábitos de compra.
Así lo advirtió Víctor Palpacelli, titular de la Cámara Argentina de Supermercados (CAS), quien aseguró que las ventas en el sector registran una caída interanual de entre el 5% y el 6%.
“El poder adquisitivo del consumidor no se ha recuperado”, señaló Palpacelli, al tiempo que remarcó que los aumentos de precios, en general, se mantienen dentro de los niveles de inflación, en torno al 3%.
Sin embargo, aclaró que algunos rubros específicos muestran subas por encima del promedio, como ciertos insumos industriales y productos vinculados a la cadena alimentaria.
En este escenario, el consumo en supermercados y shoppings se retrae, mientras que los mayoristas registran un leve crecimiento, reflejando una búsqueda de precios más bajos por parte de los consumidores.
Cambio en la forma de pagar
Uno de los datos más relevantes es la transformación en los medios de pago. Según el referente del sector, el uso de tarjetas de crédito y herramientas digitales creció de manera sostenida en los últimos meses.
“La tarjeta de crédito ha crecido considerablemente”, explicó, marcando un claro desplazamiento del efectivo, cada vez menos utilizado en las compras cotidianas.
Este cambio evidencia la necesidad de financiar el consumo ante la pérdida de ingresos reales, una tendencia que también se observa en Rosario y la región.
Productos más afectados
Entre los productos que más aumentaron se encuentran algunas categorías premium, además de carnes, pollo y cerdo, que superaron el promedio general de subas.
Aun así, desde el sector insisten en que los incrementos se mantienen, en líneas generales, dentro de los parámetros inflacionarios, aunque el problema central sigue siendo la falta de recuperación del poder de compra.
Con este panorama, el consumo masivo continúa en tensión y sin señales claras de reactivación en el corto plazo.
