Más de 400 mil personas no se acercaron a las urnas
Las urnas estuvieron más vacías que nunca. En una jornada fría y sin mayores contratiempos, la ciudad de Rosario mostró un nivel de participación muy bajo en las elecciones generales a concejales: menos de la mitad del padrón habilitado fue a votar. Con el 99% de las mesas escrutadas, los números fueron contundentes: solo el 48,29% de los rosarinos eligió representantes para el Palacio Vasallo.
A lo largo del día, las imágenes de escuelas semivacías y fiscales aburridos fueron una constante en toda la ciudad. Lejos de lo que anticipaban algunas consultoras —que proyectaban un piso del 59%—, la elección terminó con una caída de casi 11 puntos respecto a esas previsiones. Y si se compara con procesos electorales anteriores, la diferencia se vuelve aún más preocupante: hace diez años, la participación superaba el 70%.
En Rosario se renovaban trece bancas del Concejo Municipal entre siete listas en competencia. Pero la apatía ciudadana fue el dato más saliente del día. Un número creciente de votantes decidió directamente no acercarse a sufragar, lo que encendió alertas en todo el espectro político.
Menos participación, menos representación
Este fenómeno no es exclusivo de Rosario ni de Santa Fe: en casi todas las provincias donde hubo elecciones legislativas, la participación ha caído sostenidamente. En la provincia, el promedio fue apenas superior: 52%. El secretario del Tribunal Electoral, Pablo Ayala, reconoció que aunque el número estaba dentro de lo “esperado”, el nivel de abstención sorprendió. “Siempre se desea una mayor concurrencia”, dijo en conferencia de prensa. En Rosario, 817.146 personas estaban habilitadas para votar, pero más de 400 mil no lo hicieron.
Frente a este escenario, se impone una pregunta incómoda: ¿cuánta legitimidad tienen los representantes electos cuando la mayoría de los ciudadanos no los elige? Entre las listas más votadas —Más para Santa Fe, La Libertad Avanza y Unidos— sumaron concejales gracias al voto de una minoría del total del padrón.
Un clima de desafección democrática
Desde temprano, los principales candidatos manifestaron su preocupación por el desinterés electoral. Tanto Juan Monteverde como Carolina Labayru, Juan Pedro Aleart y otros postulantes coincidieron en hacer llamados públicos para incentivar el voto. Algunos apelaron al deber cívico, otros al desencanto acumulado por años. Pero el mensaje no alcanzó: el ausentismo fue protagonista de la jornada.
El consultor político Roque Cantoia, de Doxa Data, analizó los números con preocupación: “Es un dato disruptivo. Hasta ahora se asumía que las generales convocaban más que las primarias, pero este resultado invierte esa lógica”. Según sus estimaciones, se esperaba un 59% de participación. Lo ocurrido el domingo lo llevó a hablar de un nuevo fenómeno: el voto desmotivado.
Cantoia explicó que lo que antes era una excepción —el desinterés por votar— empieza a convertirse en regla, incluso en elecciones con fuerte contenido local. “Ya no alcanza con saber qué se vota y cuándo: hay una parte significativa de la sociedad que no se siente interpelada”, advirtió.
La abstención como mensaje
Desde el Tribunal Electoral no ocultaron su desazón. “Esto se parece a lo que ocurrió en 2001, cuando el voto en blanco fue masivo. Esta vez, mucha gente optó directamente por no ir a votar”, reconoció Ayala. A nivel local, los votos válidos fueron 369.500, de los cuales más de 17 mil fueron anulados y casi 5 mil, en blanco.
Las cifras muestran que la participación cayó entre las PASO de abril y las generales de este domingo, lo que rompe con la lógica tradicional. En lugar de sumar votantes, las elecciones perdieron terreno. Y eso obliga a una reflexión profunda sobre la conexión entre política y ciudadanía.
En Rosario, los concejales electos asumirán sus bancas con un dato de fondo: más de la mitad de los rosarinos no se sintieron convocados a elegirlos. La democracia formal sigue en pie, pero su músculo social parece haberse debilitado. ¿Cómo recuperar la confianza? Es una pregunta que quedará resonando más allá de los resultados.
