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Investigador del CONICET

Astrónomo de La Plata, parte del equipo que observó la formación de estrellas


Un astrónomo del Conicet La Plata participó de la revelación de la imagen de un choque entre dos chorros gigantes de gas, de varios años luz de longitud, durante la formación de estrellas, informó hoy en un comunicado el organismo platense. 

Manuel Fernández López es el investigador adjunto del CONICET que formó parte de la revelación de un choque entre dos enormes chorros de gas denominados flujos moleculares, de varios años luz de longitud, novedad que acaba de darse a conocer en la revista The Astronomical Journal.

Los datos que permitieron a los investigadores demostrar la colisión, fueron obtenidos por el Observatorio ALMA, un conjunto de 60 antenas ubicadas a 5 mil metros de altura en el desierto de Atacama, al norte de Chile.  

Concentrado en el estudio del comportamiento de la formación de estrellas en una región del Universo ubicada a 500 años luz de la Tierra y conocida como BHR 71, un equipo internacional de científicos dirigidos por Luis Zapata, de la Universidad Nacional Autónoma de México, descubrió que dos flujos moleculares lanzados desde distintos puntos se cruzan a gran velocidad. 

«La formación estelar es un proceso que lleva alrededor de 10 millones de años, y la emisión de gases en forma de chorro se da en etapas tempranas: más o menos después de unos 10 mil años desde el inicio», explicó Fernández López.  

«El nacimiento de una estrella comienza con inmensas cantidades de gas y polvo que están en el espacio y que en un momento colapsan por su propio peso y se van concentrando en el centro por efecto de la fuerza de gravedad», dijo y detalló que esa atracción «da forma a un disco aplanado que gira a gran velocidad, y en el que queda cada vez más material que es atraído, donde se gesta lo que será el brillante astro». 

Pero en ese movimiento no todo el gas y polvo es absorbido por el centro: las partículas que van más rápido salen despedidas en forma perpendicular al disco y hacia arriba y hacia abajo. Esas eyecciones son los chorros o flujos moleculares. 

«Salen lanzados a cientos de kilómetros por segundo, y pueden llegar a medir decenas de años luz, superando por mucho la distancia media entre dos estrellas, que es de 4 años luz. Son muy brillantes», comentó Fernández López. 

La observación que reporta el nuevo estudio da cuenta de lo que sucede entre dos de esas incipientes estrellas, a las cuales les falta mucho tiempo para convertirse en tales.  

Además de ser una curiosidad nunca antes fotografiada, el hallazgo es importante para el estudio de formación de estrellas y galaxias.  

«Por la fuerza con la que viajan, los flujos moleculares provocan turbulencias. En el espacio hay cúmulos de materia que son necesarios para dar origen a nuevas generaciones de estrellas, y justamente la agitación de los chorros podría dispersarlos, lo cual las haría disminuir en proporción», finalizó el investigador.