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Aseguran que Maradona desconfiaba de su entorno, que lo engañaban y descuidaban


Así lo reflejó Griselda Vanesa Morel, la técnica en psicomotricidad y acompañante terapéutica del hijo de Maradona y Verónica Ojeda

El astro Diego Maradona desconfiaba de su entorno más cercano en los últimos días de su vida porque suponía que era víctima de pequeños robos y descuidos, desde camisetas de fútbol hasta auriculares que su hijo Diego Fernando quería usar en una tablet.

Así lo reflejó Griselda Vanesa Morel, la técnica en psicomotricidad y acompañante terapéutica del hijo de Maradona y Verónica Ojeda, a cuya declaración completa (sólo habían trascendido párrafos sueltos) tuvo acceso NA.

«Recuerdo que un día llegamos, estaba Tafa (Nicolás Tafarel, masajista del equipo de fútbol Riestra) haciéndole masajes a Diego y veo que Charly (Carlos Orlando Ibáñez, asistente, pariente de Rocío Oliva) salió con un bolso de Argentina como que se iba a la casa», indicó Morel.

«Le aviso a Verónica de esto y a su vez a Tafa para que vea por la ventana lo que estaba haciendo Charly, que estaba sacando de atrás de una pared que da a una cascada una bolsa, la metió adentro de su bolso y se va hacia un auto que lo esperaba», agregó.

En su relato, añadió: «Verónica lo increpa a Charly, que le estaba robando, y él contestaba que no robaba nada, gritaba que se llevaba sus cosas. Charly empezó a sacar camisetas de Argentina con otras pertenencias de él. Verónica insistía que le estaba robando. Charly, mientras sacaba las cosas, le decía a Verónica: ´Yo le limpio el culo a Diego´».

Morel recordó que «en otra oportunidad Dieguito estaba con la tablet y necesitaba auriculares. Diego empezó a pedir auriculares y no estaban, empezó a llamar a Charly a los gritos y como Charly no respondió le manifestó: ´Te doy hasta mañana, te los vi puestos a vos y me salieron 1.500 dólares. Si no aparecen te pego una patada en el culo´. Después de eso, Charly se fue unos días».

La terapeuta del hijo de Maradona y Ojeda introdujo detalles de otros dos personajes cercanos al ex astro: la hermana del abogado Matías Morla, Vanesa, y su marido, Maximiliano Pomargo.

«Durante la pandemia, Diego le compró una computadora a Dieguito y no funcionaba. Se generó una discusión porque Diego le decía a Verónica que él compraba las cosas y ella las rompía y fue ahí donde le informaron que en realidad la computadora era usada.

Nos dimos cuenta de eso porque cuando encendió la computadora decía ´Coco´, que era el hijo de Vanesa Morla y Pomargo», indicó.

Maradona recriminó por la situación a Pomargo, pero según el relato, «éste le dijo que no sabía nada, que lo iba a consultar con un supuesto hacker que tenía que revisar todos los dispositivos de Diego».

«La casa de Diego siempre era una mugre, un asco, la heladera desatendida, todo revuelto, entonces cuando iba Verónica los domingos se ponía a ordenar y a limpiar. Cuando Monona (la cocinera) no estaba, los sábados y domingos, era un desastre», describió el relato.
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Un choque con un carro de golf.
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En ese contexto, Pomargo y Vanesa Morla aparecen con un rol protagónico: «La llamaban a Verónica para que vaya a la casa porque Diego no se quería levantar. Maximiliano era el secretario de Diego y Vanesa era la persona que se encargaba de comprar todo».

La asistente de Dieguito Fernando recordó que en una oportunidad, cuando Maradona no atravesaba un buen día, Pomargo dijo: «Este hijo de remil p… se está haciendo el pelotudo, ayer le mandaron cafeína a full y hoy no se quiere levantar».

Los acompañantes de Maradona parecían relativizar episodios que, hoy, se revelan como graves sobre la salud física y mental del ex futbolista.

«Diego tenía un autito eléctrico de golf y Dieguito quería andar. Verónica me indica que suba yo a acompañarlos. Salimos y Diego aceleró tanto que me tiró a mí. Y después ellos siguieron hasta chocar contra un árbol. Todos los que estaban en la casa se reían de la situación, estaban Julito (Julio ´Ciruja´ Soria, agente del Servicio Penitenciario y empleado del abogado Víctor Stinfale), que se golpeó la espalda, Diego, Verónica y Dieguito en el medio. Los que estaban en la casa cuando volvimos se reían de lo que había pasado, pero era evidente que Diego no podía coordinar», señaló Morel.

Poco después de aquel episodio, «Diego tenía otro carrito nuevo que supuestamente no tenía tanta velocidad (…) Se burlaban que Diego había roto el carrito y había chocado este otro también.
Manejaba muy descoordinado, el custodio intervenía para que esquive los árboles», sostuvo.

Morel recordó también «varias discusiones con Charly por las caídas de Diego» porque consideraba que la casa en el Tigre en la que vivió hasta su muerte «no era apta para él».

«Eso derivó en que Vanesa Morla la llamara a Verónica para que me diga a mí que yo estaba para trabajar y no para criticar, que ellos no estaban en condiciones de comprar una casa para que Diego la rompiera. Cuando Verónica me lo cuenta justo llamó Diego a Verónica y aproveché para preguntarle qué había pasado. Me contestó que no sabía, pero que nadie iba a pasar por arriba de él en su casa. En ese momento comenzó a insultar a todos los que estaban y eso generó un nuevo llamado de Vanesa Morla a Verónica para decirle que no tendría que haber hablado con Diego», señaló.

«Diego estaba muy bien ese día e incluso hablaban de hacer un viaje, pero cada vez que se hablaba de algo así, intervenía Vanesa Morla y le decía a Verónica que dejen de joder con esas cosas porque después Diego los jodía a ellos», evocó.
Pomargo, siempre según el relato de Morel, protagonizó otra situación extraña previo a la operación de Maradona del hematoma subdural: «Estaba en la habitación, le pasa el teléfono a Diego por una llamada de (Víctor) Stinfale con el micrófono abierto.

Stinfale le decía que se quede tranquilo que iba a poner su equipo, que (Leopoldo) Luque era un pelotudo, que no le diera bola. Diego estaba como impresionado», indicó.

El relato reflejó un aspecto de la relación de Maradona con su médico: «Diego le decía a Luque que no le iba a decir a él lo que tenía que hacer, que él tenía casi 60 años y si quería tomarse una cerveza la iba a tomar. Que se tenía que hacer cargo de la papa caliente que había agarrado y que le gustaban más las cámaras que ser médico».