Por Diego Añaños

El dato relevante de la semana que acaba de terminar es que, definitivamente, Alberto Fernández ha tomado el centro de la escena de la agenda política y económica el país. Tanto su calidad de presidente electo, como su nutrida agenda, hicieron que todas las luces se posaran en su persona. Fueron siete días de fuertes señales hacia la comunidad internacional y hacia la política doméstica.

Inició la semana reuniéndose en México con el presidente Andrés Manuel López Obrador. De la charla surgió un claro apoyo hacia Fernández, y la ratificación de un compromiso de unidad. Compromiso del que se toma verdadera dimensión sin consideramos que buena parte de Latinoamérica está poniéndose de pie en contra de las políticas neoliberales que se quieren imponer desde los Estados Unidos. Prueba de ello son las movilizaciones en Chile y Ecuador, las victorias de Evo Morales, y los mismos Fernández y López Obrador.

Además, la firma argentina Globant abrió las puertas de su sede en Distrito Federal para recibir a Alberto Fernández. La empresa, dedicada al desarrollo de software, nació, se desarrolló y dio su salto de calidad durante el kirchnerismo. Sin embargo sus directores acompañaron a Mauricio Macri desde el comienzo. Incluso uno de sus propietarios, Martín Migoya, fue el creador del grupo de WhatsApp “Nuestra voz”, que reúne a alrededor de 260 empresarios que representan algo así como el 80% del PBI. El grupo se hizo conocido cuando recibió un mensaje de audio de agradecimiento del presidente Macri por el apoyo recibido. Pues bien, fue el mismo Migoya, que se encontraba en Nueva York, el que le dio su bienvenida por vía telefónica al presidente electo.

También tuvo un relevante encuentro con Mauricio Claver-Carone, el nuevo hombre fuerte de Donald Trump para América Latina y el Caribe. Durante la reunión no sólo se iniciaron conversaciones vinculadas a la renegociación de la deuda argentina con el FMI, sino que se abordó también las problemática de las manifestaciones callejeras en toda la región. Fernández envió un fuerte mensaje al FMI y afirmó que “tiene que asumir las responsabilidades que tuvo” en el fracaso del programa con la Argentina. También sostuvo que reciben un país en default, más allá del eufemismo del “reperfilamiento” y sin reservas, por lo cual es preciso ponerse a trabajar ya mismo con los técnicos del Fondo para renegociar la deuda. Eso no involucra necesariamente una quita, dijo, ya que el mismo organismo lo prohíbe, pero sí una reestructuración del acuerdo que le permita a la Argentina cumplir con su clara voluntad de pago.

Poco después publicó en Twitter las recientes cifras del Indec que dan cuenta del deterioro que sigue registrando la actividad económica en la Argentina: una caída del 8,5% interanual para la construcción y de un 5,1% para la industria. En ése sentido, la Cámara Argentina de la Construcción emitió un documento en el que pidió al gobierno nacional un decreto que declare la emergencia en el sector. Según sostienen, a la fuerte caída de la actividad se le suman las deudas acumuladas con el Estado fruto de las obras públicas ya realizadas y la imposibilidad de obtener una financiación razonable dado el nivel exorbitante de las tasas de interés en el mercado. La presentación incluye una propuesta para saldar la deuda del estado con las constructoras a través de títulos públicos, a la vez que proponen un programa de construcción de 40.000 viviendas para reactivar el sector.

Ya de regreso en la Argentina, y en un hecho que marca un fuerte compromiso político hacia el futuro, Fernández se acercó a la sede de la CGT y compartió un acto con la cúpula sindical. Lejos de ser un acto formal, el presidente electo sostuvo que el movimiento obrero será parte de su gobierno. El mítico salón Felipe Vallese explotó en aplausos para enmarcar una alianza estratégica que seguramente marcará el rumbo del nuevo gobierno.

La nota de color de la semana estuvo a cargo de Marcos Peña y su equipo. En un informe de siete página titulado “Ocho puntos sobre la economía”, la Jefatura de Gabinete hace un detallado análisis que comienza con un capítulo denominado “La herencia que dejamos”. Un texto lisérgico, encuadrable mucho más fácilmente dentro del realismo mágico que dentro del género de informe de gestión. A lo largo del paper, se deja constancia de todos y cada uno de los fracasos en cada una de las áreas relevantes de la economía (crecimiento, inflación, empleo, pobreza, endeudamiento, etc), como si hubiera sido elaborado por un agente externo, sin ninguna responsabilidad sobre los hechos. Sin embargo, la conclusión es insólita, pero extrañamente cierta: “a fines de 2019 el país está listo para crecer”. Lo que olvidan mencionar es que lo que garantiza las posibilidades de crecimiento, es que hayan perdido las elecciones. Detalles…

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