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Aerolíneas Argentinas ya aplica su protocolo de seguridad sanitaria


Se trata de los vuelos especiales que funcionan con medidas de seguridad sanitaria muy estrictas por la pandemia

Los vuelos especiales de Aerolíneas Argentinas a algunos destinos del país funcionan con estrictos protocolos de higiene y seguridad en medio de la pandemia de coronavirus y la compañía se prepara para retomar las operaciones regulares de cabotaje en la segunda semana de julio, según lo anunciado por el Ministerio de Transporte.

Pero todo el que se suba a un avión entonces se encontrará con un panorama totalmente diferente del que era habitual antes del comienzo de las restricciones por la pandemia.

Las estrictas medidas de seguridad sanitaria serán una de las modificaciones que el pasajero enfrentará a la hora de viajar y, en ese sentido, Aerolíneas Argentinas cuenta ya con un protocolo que está aplicando con muy buenos resultados en los vuelos especiales que viene realizando a nivel nacional e internacional.

«Nos hemos preparado para lograr el máximo de efectividad a la hora de asegurar un viaje con el mínimo riesgo de contagio», explicó Adrián Brugiavini, gerente de Aeroparque de Aerolíneas Argentinas, antes de despachar el vuelo especial AR1790 con destino a Resistencia, del cual Télam formó parte.

El cambio en las condiciones para viajar se advierte en el mismo ingreso al aeropuerto, donde es necesario hacer cola, con distanciamiento, fuera del sector de ingreso a la Terminal, para pasar el control sanitario de temperatura y datos, antes de acceder a un hall de check-in, sorprendentemente vacío, donde sólo están habilitados unos pocos mostradores, pero suficientes para el escaso vuelo ocasional diario.

Un corredor perfectamente señalizado con cintas, pequeñas dársenas para la higiene con alcohol en gel, las posiciones para guardar la distancia establecida marcadas en el piso y las pantallas que separan al personal en los mostradores, son algunas de las medidas específicas implementadas en el proceso previo al vuelo, que incluye el llenado de una declaración jurada donde constan los datos y dirección del pasajero, que luego será entregada en destino.

A la hora de embarcar también se presentan cambios, debido a que al distanciamiento de rigor se suma un acceso al avión diferenciado de acuerdo a la ubicación en el mismo, ascendiendo en primer lugar quienes están ubicados en las filas posteriores de la aeronave y en última instancia, aquellos que viajan en la parte delantera, procurando en todo momento un movimiento en grupos reducidos para evitar aglomeraciones dentro del avión al acomodar el equipaje de mano en los compartimientos.

«Las condiciones son diferentes, por lo que el embarque es más lento y por eso se pide a los pasajeros que lleguen con más anticipación al aeropuerto. Ahora son pocos los vuelos, pero cuando se incremente el movimiento va a ser todo un desafío para concretar la operación en los tiempos previstos. No obstante, la gente respeta las indicaciones y hasta ahora no hemos tenido inconvenientes», detalló Brugiavini.

Y no exageró, porque para aquellos acostumbrados a volar, llegar hasta la puerta del avión puede resultar una eternidad. Sin embargo, no hay protestas entre los pasajeros.

«Todo es para una mayor seguridad, para que volar sea seguro», dijo Camila, una chaqueña que retornó a Resistencia con su pequeño hijo de seis meses a pasar un tiempo en la casa paterna.

Particularmente, en los vuelos a Chaco no hay restricciones para quien quiera viajar. Cualquiera puede adquirir un pasaje a través de la página web de Aerolíneas y concretar el traslado porque esa provincia no tiene restricciones de ingreso. No sucede lo mismo con los vuelos a Ushuaia, por ejemplo, adonde solo es posible llegar, por el momento, si se es residente o por razones laborales o de estudio.

Dentro del avión, las medidas de prevención siguen siendo estrictas.

Juana y Victoria fueron las dos auxiliares de a bordo, que junto al auxiliar a cargo, Juan Ignacio, estuvieron a encargados de la atención a los pasajeros en este vuelo, que tuvo a Sergio Paviolo como comandante y a Sebastian Gianzana como copiloto.

«La gente viaja siguiendo el protocolo estrictamente.No hay quejas, tampoco hemos tenido en los viajes que he realizado, situaciones complicadas. Por lo general no se levantan de los asientos, en muy pocos casos, piden ir al baño, para lo cual es necesario mantener el espacio previsto, para evitar aglomeraciones en el pasillo. Pero hasta ahora no hemos tenido problemas», señaló Victoria.

El uso obligatorio del barbijo y un llamativo silencio marcan características claramente diferenciadas con un vuelo normal y presentan una imagen que no era habitual en épocas previas a la pandemia.

«Los pasajeros no se sacan el barbijo, tampoco reclaman la atención de a bordo y se comportan de manera ordenada. Solamente, a veces, tenemos que reclamar que no se levanten del asiento», comentó Juana.

No hay temor entre los pasajeros. «Me siento seguro, no tengo miedo al contagio, siento que los controles que nos hacen y la forma en que se comportan el resto de los pasajeros, brinda tranquilidad», destacó Ricardo, un correntino que estudia en Buenos Aires que quedó varado por las restricciones impuestas y ahora puede retornar a su casa.

Luego de una hora y media de vuelo, ya en Resistencia, los viajeros fueron sometidos al operativo sanitario a cargo de médicos y enfermeros del área de Salud de la provincia de Chaco, que abordan el avión y van tomando la temperatura a todo el pasaje antes de liberar el descenso.

El proceso de embarque en Resistencia es similar al practicado en Aeroparque, con el orden y la lentitud como factores comunes. Algo a lo que habrá que acostumbrarse porque es una modalidad que permanecerá, por mucho tiempo, para quienes viajen en avión.