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El transporte en Rosario, en jaque: remiseros y taxistas advierten que las apps empujan a la desaparición del servicio legal


En medio del “apagón” anunciado por choferes de Uber, la Cámara de Remises y el Sindicato de Peones de Taxis alertaron sobre el colapso del sistema, la precarización laboral y la falta de controles

El conflicto desatado por los choferes de Uber en Rosario, que anunciaron un “apagón” del servicio este martes en reclamo de una actualización tarifaria, expuso una crisis más profunda que atraviesa a todo el sistema de transporte individual de pasajeros. Remiseros y taxistas salieron a advertir que la expansión de las aplicaciones ilegales, sumada a la falta de regulación y controles, está empujando al borde del colapso a las actividades tradicionales.

Desde la Cámara de Remises, su referente Hernán Marrón describió un escenario crítico: “Estamos pasando un momento complicadísimo. Es el primer enero que vivimos así. Hoy estamos haciendo cuatro o cinco viajes por día. Así es imposible sostener la actividad”. En ese marco, alertó que, de mantenerse esta situación, “el remis tiende a desaparecer”.

Si bien Marrón se mostró comprensivo con la realidad de los conductores que utilizan aplicaciones, apuntó contra el modelo de negocio de las plataformas. “Entendemos que esa gente busque llevarse un peso a su casa, pero para estas aplicaciones los choferes son números. Buscan su rentabilidad y nada más”, sostuvo. Y agregó: “¿Cómo van a mantener un auto haciendo viajes de 1.500 o 1.800 pesos? Con los gastos que tenemos, no se puede”.

El dirigente también cuestionó la lógica de saturación de vehículos que impulsan las apps. “No les importa si se rompen los autos, porque atrás hay otro. Esto debería servir para que el intendente y los concejales vean los reclamos que venimos haciendo. Cada día va desapareciendo el remis”, remarcó.

En la misma línea, Daniel Casares, otro referente del sector, apuntó contra la falta de regulación municipal. “Desde que la Intendencia y el Concejo dejaron que una aplicación que no tiene ningún interés en el servicio maneje los precios, se perdió toda referencia”, señaló. Según explicó, las tarifas extremadamente bajas impuestas por las plataformas terminaron siendo naturalizadas por los usuarios, “y eso destruye todo el sistema”.

Casares vinculó además el paro de choferes de apps con un proceso de precarización sostenido. “Hace un año tenían una ganancia, pero la intención de precarizar el trabajo, sin posibilidad de nuclearse ni reclamar, terminó haciendo que hoy no ganen dinero, no recuperen la inversión y se les rompan los autos”, analizó.

La postura de los taxistas

A este escenario se sumó la postura del Sindicato de Peones de Taxis (SPT), que se solidarizó con los trabajadores de aplicaciones, aunque con una advertencia clara: “Los únicos que ganan son las aplicaciones y los trabajadores no tienen a quién reclamarle”.

El secretario General del gremio, Horacio Yannotti, sostuvo que “lo que hemos escuchado de la gente que está trabajando en forma clandestina en estas aplicaciones y lo que está padeciendo es terrible”, y remarcó que la situación también golpea de lleno a los taxistas, que trabajan con tarifa regulada.

“Uber es un aquelarre, pan para hoy y hambre para mañana”, sentenció Yannotti, al tiempo que cuestionó la informalidad del esquema. “No existe una organización que los represente, tampoco hay patronales ni empresarios. Es el modelo que pretende el gobierno nacional: que cada uno se las arregle como pueda con el engaño de ‘soy mi propio patrón’”.

El dirigente también ejemplificó las distorsiones del sistema: “Te llevan al centro por 1.500 pesos y cuando querés volver tenés que pagar 15 mil. Si llueve y hay demanda, vale diez veces más”.

Desde el SPT insistieron en la necesidad de un rol más activo del Municipio. “Si se quiere que el transporte público legal siga existiendo, hay que hacer algo. Estamos dispuestos, junto a los titulares de taxis, a discutir mejoras y promociones, pero no se puede competir con gente que trabaja de manera ilegal”, remarcaron.

Mientras los choferes de aplicaciones reclaman por ingresos que no alcanzan y los remiseros advierten sobre su desaparición, el conflicto deja al descubierto un denominador común: un sistema cada vez más precarizado, sin reglas claras, donde las plataformas concentran ganancias y los trabajadores quedan a la deriva. En Rosario, el debate por la regulación del transporte vuelve a ocupar un lugar central, con impacto directo en el empleo y en la calidad del servicio.