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La nueva cara de la pobreza: cada vez más personas de clase media terminan viviendo en la calle


Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, advirtió sobre el empobrecimiento de sectores medios, la pérdida de empleo y el crecimiento de la informalidad

La pobreza en Argentina atraviesa una nueva etapa de deterioro, marcada por la pérdida de puestos de trabajo, el crecimiento de la informalidad y las dificultades de las familias para afrontar sus deudas. Pero detrás de los indicadores aparece otro fenómeno que enciende las alarmas: personas de sectores medios que se empobrecen, pierden sus redes de contención y terminan viviendo en la calle.

El diagnóstico fue planteado por Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), durante una entrevista en el programa Una Tarde Más, de La Capital+. El especialista analizó la evolución de la pobreza, los cambios en el mercado laboral y las dificultades que enfrentan especialmente los jóvenes para construir un futuro estable.

“Hay segmentos de clase media que están peleando por no caer a la pobreza”, sostuvo Salvia. También advirtió que las crisis económicas pueden provocar la desintegración de las familias y dejar a sus integrantes sin posibilidades de sostener una vivienda o encontrar apoyo en su entorno.

En ese contexto, estimó que la pobreza podría ubicarse entre el 30% y el 38% durante 2026 y 2027, en un escenario atravesado por la fragilidad de los ingresos y la falta de oportunidades laborales.

Por qué bajó la pobreza y por qué volvió a crecer

Salvia explicó que el deterioro social comenzó antes de la llegada de Javier Milei al Gobierno. Según recordó, la pobreza venía aumentando desde 2018, se profundizó durante la pandemia y continuó en la pospandemia. Hacia fines de 2023, la aceleración inflacionaria provocó una fuerte pérdida de la capacidad de consumo de los hogares.

Después de la devaluación y la liberalización de precios de diciembre de ese año, los indicadores comenzaron a mostrar una reducción de la pobreza, acompañando la desaceleración de la inflación. Para el director del Observatorio de la Deuda Social, esa mejora fue genuina, aunque su magnitud habría estado sobredimensionada por cuestiones metodológicas y otros factores.

En su análisis, la tendencia descendente se mantuvo hasta el tercer trimestre de 2025. Durante ese período se perdieron empleos formales, pero crecieron las ocupaciones informales y precarias. La recuperación de cierta actividad económica y del consumo permitió que muchos hogares volvieran a gastar e incluso recurrieran al crédito para comprar bienes o iniciar pequeños emprendimientos.

Sin embargo, esa dinámica comenzó a mostrar sus límites. El endeudamiento se volvió cada vez más difícil de sostener, mientras continuaban la pérdida de puestos de trabajo y la expansión de la informalidad.

“Las familias no pueden pagar las deudas”, resumió Salvia. También señaló que aumentó la competencia en actividades que habían funcionado como alternativas laborales, como el transporte mediante aplicaciones y los pequeños comercios.

Quiénes son las personas que terminan viviendo en la calle

Uno de los aspectos más preocupantes del diagnóstico es la aparición de nuevas formas de vulnerabilidad social. Ya no se trata únicamente de personas que históricamente vivieron en condiciones de pobreza estructural, sino también de integrantes de sectores medios que perdieron su estabilidad económica.

“Son segmentos medios pobres que se empobrecieron en los últimos años”, describió el especialista.

Según explicó, muchas de esas personas no cuentan con una red familiar que pueda ofrecerles alojamiento o contención cuando atraviesan una crisis. Las dificultades económicas pueden terminar desintegrando los hogares: hijos que se separan de sus padres, adultos mayores que quedan solos y familias que ya no pueden afrontar los gastos de una vivienda.

A esa situación se suma el costo de los alquileres y el bajo poder adquisitivo de jubilaciones y ayudas sociales. De esta manera, incluso quienes conservan algún ingreso pueden encontrarse sin recursos suficientes para sostener una vida autónoma. “La calle es un refugio”, sintetizó Salvia.

El fenómeno muestra cómo el empobrecimiento puede avanzar sobre sectores que hasta hace poco contaban con cierta estabilidad, pero que pierden simultáneamente ingresos, vínculos de contención y posibilidades de acceder a una vivienda.

El piso de pobreza que ningún gobierno logró revertir

El director del Observatorio de la Deuda Social también advirtió que Argentina mantiene un núcleo de pobreza crónica que las distintas administraciones no consiguieron revertir.

Según su análisis, existe un piso de entre el 25% y el 30% de la población que permanece en condiciones de vulnerabilidad. Los períodos de mejora, sostuvo, estuvieron vinculados en muchos casos con recuperaciones transitorias del consumo, pero no lograron resolver los problemas estructurales.

Por eso, cuestionó los modelos de crecimiento sostenidos sobre burbujas de consumo o endeudamiento y planteó la necesidad de generar condiciones para una expansión económica duradera.

También se refirió a las dificultades del gobierno de Milei para generar confianza entre los inversores. A su entender, el equilibrio fiscal y los acuerdos parlamentarios no son suficientes si no existen políticas de Estado que ofrezcan previsibilidad, especialmente para los pequeños y medianos empresarios.

“Se perdió un año interesante para trabajar ese tema”, consideró, en referencia a 2024 y 2025. Para Salvia, Argentina necesita acuerdos políticos transversales que permitan sostener reglas de juego a largo plazo, más allá de los cambios de gobierno.

Jóvenes: menos ‘nini’, pero más inestabilidad laboral

Otro de los puntos abordados durante la entrevista fue la situación de los jóvenes. Salvia señaló que viene disminuyendo la cantidad de quienes no estudian ni trabajan, conocidos como “nini”, y destacó que cada vez más jóvenes buscan capacitarse para ingresar a un mercado laboral que modificó sus reglas.

El fenómeno se observa especialmente entre las mujeres jóvenes, que se acercan a distintas formas de formación, tanto en instituciones educativas como mediante cursos, plataformas digitales y contenidos disponibles en internet.

“Son jóvenes impulsados a aprender porque no quieren quedarse atrás, no quieren quedar afuera”, describió.

Sin embargo, advirtió que esa búsqueda de capacitación no siempre encuentra una respuesta en el mercado laboral. Muchos terminan la escuela secundaria con dificultades de formación, intentan reconvertirse o desarrollan emprendimientos propios, pero se enfrentan a una demanda insuficiente de empleo.

El problema, planteó, ya no puede resumirse solamente en la cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan. “La situación es la inestabilidad y la inseguridad frente al mundo que se viene”, afirmó.

Para el especialista, Argentina necesita ampliar su estructura productiva. Si bien reconoció la importancia de las inversiones en minería y energía, advirtió que esos sectores por sí solos no alcanzan para generar empleo y bienestar para toda la población.

“Argentina tiene 45 millones de habitantes y no entra en el mundo petrolero”, sostuvo. En ese sentido, reclamó políticas que contemplen también a la industria, los servicios, el comercio, las nuevas tecnologías y las economías capaces de generar trabajo en las distintas regiones del país.