Por Diego Añaños
Por Diego Añaños
Milei lo hizo otra vez. Volvió a subirse al estrado de una organización internacional para hablar pestes de esa misma organización. Como lo hizo alguna vez en Suiza, durante la Cumbre de Davos, donde les explicó la receta del dulce de leche a los que lo crearon, el presidente utilizó su tiempo de exposición ante la Asamblea de las Naciones Unidas, para despachar su clásica batería de odio. “Se convirtió en una organización inútil que sólo sirve para alimentar una casta de parásitos, fatalmente arrogantes, disfrazados de burócratas bienintencionados”, afirmó en un pasaje de su discurso. De nada valió la voz de un psicólogo que le gritaba: “Javier, no proyecte!!!”, el León se llevó todo puesto, o al menos lo intentó, siempre fiel a su estilo hiperbólico y agresivo. Es así, odio reconocerlo, pero qué quieren que les diga, a lo mejor le podemos dar la derecha al presidente. Es cierto que las Naciones Unidas se han transformado en una organización burocrática, de escaso poder efectivo, que no consigue ni siquiera hacer bascular el amperímetro en el Atlántico Sur. Ahora, a Milei se le olvidó decir que tampoco la ONU consigue demasiados resultados en el genocidio de la Franja de Gaza, la catástrofe humanitaria que han provocado los EEUU con su bloqueo criminal a Cuba, o en la invasión americana a Venezuela y el secuestro de un presidente constitucional. En fin, el presidente hizo la tarea, pero Donald Trump no lo invitó ni a tomar un café. Fueron escasos 20 minutos con el Secretario de Estado, Marco Rubio. Eso fue todo lo que se trajo el Javo de Nueva York.
A Toto tampoco le fue muy bien. Llegó un día antes que Milei y aprovechó para reunirse con un grupo de inversores globales en un encuentro organizado por su antiguo empleador, el JP Morgan. El ministro de Economía, expuso ante un grupo de capitostes de Wall Street y desarrolló un minucioso recorrido por los éxitos del programa económico. Llamó la atención que la mayoría de los medios nacionales titularan que Caputo llevó tranquilidad a los mercados, dado que al parecer, y como le gusta decir a su sobrino Santiago, todo marcha de acuerdo al plan. Como todos sabemos, si bien el ambiente de los negocios financieros es extremadamente hostil, en este tipo de reuniones predomina la corrección política, y nadie suele asumir abiertamente disonantes. Se escucha al expositor, se lo felicita a la salida, y taza taza, cada uno su casa. Luego, donde las verdaderas opiniones se expresan, y las señales son más claras, es en los movimientos de las variables financieras. Ahí es donde votan los mercados. Pues bien, el día inmediatamente posterior al encuentro entre el ministro y los financistas y banqueros, las señales llegaron, fuerte y claro: bajó la cotización de los papeles argentinos y el Riesgo País volvió a subir, para quedar ubicado ahora por encima de los 550 puntos (cerrando la semana en 611 puntos). Recuerden que, a comienzos de julio, el gobierno festejaba como inminente que cayera por debajo de los 400 puntos. Puede fallar.
Está claro que no arrancó bien la semana internacional para el gobierno. Porque no sólo Donald Trump no se hizo un tiempo para hablar a solas con Javier Milei, sino que sí lo hizo con el Primer Ministro británico, Andy Burnham. Luego de la reunión, ambos dieron una conferencia de prensa en la que se mostraron muy relajados, e incluso el líder laborista destacó que se estableció entre ambos una “buena conexión”. El presidente norteamericano calificó al premier británico como “un hombre de negocios nato”, cosa que para Trump es un elogio casi desmesurado. Y claro, un desaire del presidente norteamericano al presidente argentino no es un buen indicio para la estrategia Argentina de poner nuevamente en la agenda global el tema Malvinas. Ah, como dato de color debemos mencionar que Trump sí recibió a Delcy Rodríguez. Pero, bueno, Donald es así, y Javier debería saber con quién se metió. La cuestión es que todo esto se suma al evidente fracaso de Caputo en convencer a los inversores del milagro argentino, y con el antecedente inmediato de la suba de tasas de las Reserva Federal de la semana pasada que, junto con la suba del Riesgo País, alejan cada vez más la posibilidad de seguir financiando el programa económico con endeudamiento externo, a las puertas mismas de un año electoral. La única buena fue el anuncio de la inversión de U$S7.000 millones acordada con los EEUU. Lo maravilloso del caso es que el proyecto será financiado por el Estado norteamericano. Si, créaso o no, es guita del Estado. Si, justo el gobierno que suspendió la obra pública va a recibir financiamiento de otro Estado para llevar adelante un importante proyecto de infraestructura. Solamente fantaseen, aunque sea por unos segundos, cuál sería la situación de la economía argentina si, en vez de fugar el préstamo de 20.000 millones de dólares del FMI, los 22.000 millones de dólares del blanqueo, los 5.000 millones de dólares de los bancos privados (y podemos seguir), se hubieran aplicado esos casi 50.000 millones de dólares a reactivar la economía. Son 7 corredores Andes-Atlántico sumados. Qué oportunidad perdida, no?
Para ir cerrando. Hace algo más de dos meses que el gobierno viene barranca abajo. Aquel glorioso 15 de julio del triunfo ante Inglaterra abrió las compuertas de una sucesión de hechos desafortunados. La bandera que exhibió orgulloso Giovanni Lo Celso fue sólo el comienzo de un largo encadenamiento de traspiés. La aprobación de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada fue una victoria pírrica, ya que se logró sin la ampliación del derecho de los extranjeros a comprar tierras en la Argentina, y sin modificar la Ley de Manejo del Fuego. Después el golpe de knock out que sufriera el Coloso Federico Sturzenneger, luego de perder de modo humillante la pulseada con los prácticos navales, que lo condenó al ostracismo. Los desmarques de Agustín Laje primero, y posteriormente de Patricia Bullrich, que la semana pasada tomaron dimensión de declaración de guerra, son muestras del fuerte deterioro de la situación interna dentro de las Fuerzas del Cielo. El escándalo por los despidos en Olivos, terminó provocando lo que pretendía evitar: que se hiciera público un vergonzoso esquema de financiamiento de un emprendimiento privado a través del erario público. Y finalmente, Adorni, más de cuatro meses y medios después de asegurar que su declaración estaba lista, presentó los papeles ante la justicia. Estaban flojos. Básicamente dijo que no iba a explicar de dónde habían salidos los fondos para pasar de vivir como un clasemediero a tener una cascada en una casa de fin de semana en un barrio cerrado. En fin, ustedes me dirán que este es un debate cerrado dentro de un círculo pequeño de militantes termocéfalos, pero que en la calle se habla de otra cosa. Puede que tengan razón. Sólo trato de salirme al menos por un rato de la agenda que proponen la corporación mediática. Nada más (y nada menos).
