Por Diego Añaños – CLG
Durante su primera presidencia, para ser más exactos el 2 de noviembre de 2017, Donald Trump nominó a Jerome Powell al frente de la Reserva Federal de los EEUU (sería como el Banco Central norteamericano). El 23 de enero de 2018 fue confirmado por el Senado, y asumió su cargo el 5 de febrero. La relación comenzó con elogios y reconocimientos. Trump sostenía que la Reserva Federal necesitaba de un “liderazgo fuerte, sólido y constante. Fue entonces que calificó a Powell como “fuerte”, “comprometido” e “inteligente”. Lamentablemente para ambos, la luna de miel duró poco y Donald, que suele pasar del amor al odio en cuestión de segundos, no perdió oportunidad para insultarlo de todas las maneras posibles. Tal vez muchos recordarán cuando lo llamó Mr Too Late (Señor Demasiado tarde), cuando en realidad fue casi un mimo. “Cabeza hueca”, “imbécil” y “un auténtico idiota”, fueron sólo algunos de los duros epítetos que lanzó a lo largo de los años. Pero sin dudas los últimos años de gestión fueron los más complicados. La segunda presidencia de Trump se transformó en un permanente tironeo para intentar influir en la política monetaria (puntualmente presionando para que Powell bajara las tasas de interés), que fue olímpicamente ignorado por el presidente de la FED.
Luego de una ardua lucha, Donald Trump pudo salirse con la suya y entronizar a Kevin Warsh al frente de la autoridad monetaria norteamericana en mayo de este año. Warsh es un animal financiero y conoce el sistema bancario de los Estados Unidos como pocos. En 2006 fue elegido miembro de la Junta de Gobernadores de la FED, a los 35 años, convirtiéndose en el gobernador más joven en la historia de la institución Además ha sido considerado como candidato a Secretario del Tesoro (ministro de Economía o de Finanzas de los EEUU). Indudablemente es un actor de referencia dentro de la política yanqui y durante la crisis financiera de 2008, fungió como el enlace principal entre la FED y Wall Street. Trump decidió ponerlo al frente de la Reserva Federal casi con un solo objetivo, y es aquel que se le negó con Jerome Powell: bajar las tasas de interés para resolver el problema que él no podía resolver y reactivar la economía norteamericana. Sin embargo, y lejos de dejarse presionar, no sólo no recortó las tasas, sino que ayer anunció que las tasas iban a subir por primera vez en tres años (25 puntos básicos), en un claro desafío a la autoridad del presidente. La fundamentación es simple: la inflación norteamericana se encuentra navegando estable por encima del objetivo anual del 2% y los costos de financiación a nivel global están creciendo.
La pregunta es: por qué nos interesaría esto a nosotros? En qué nos afecta que el banco central de los EEUU modifique al alza las tasas de interés de referencia? Como los más atentos recordarán, el 28 de agosto del 2025 pasado dijimos que la principal debilidad de la gestión de Javier Milei era que dependía en grado creciente de un conjunto de variable que no dependían de él: “el gobierno ya no está en control”, afirmamos en aquel momento. Efectivamente, se había perdido el control sobre la política fiscal y monetaria al entregarle la gestión macro al FMI luego del último acuerdo. Por otro lado, los fundamentos de la política anti-inflacionaria (dólar pisado y salarios pisados), le imponían al equipo económico dos importantes restricciones: en primer lugar a la reconstrucción de la competitividad externa y en segundo lugar a la reactivación económica. Entonces, la posibilidad de que se revierta la crisis, dependía básicamente de cuestiones externas, y ya no de las estrategias que pudiera impulsar el oficialismo para gestionarla.
La cuestión es que el ecosistema global, lejos de evolucionar hacia un escenario más amigable, se ha vuelto progresivamente más hostil. La guerra en Irán, lejos de durar las cuatro semanas que profetizó Donald Trump, está por cumplir treinta semanas, y contando, por lo que la volatilidad en los mercados globales está a la orden del día. Paralelamente, el festejo entre mayo y julio de este año por la mejora en la nota de la deuda argentina por parte de las tres calificadoras de riesgo, junto a la baja del riesgo país y la expectativa de un recorte de tasas en los EEUU duró muy poco. El Riesgo País volvió a subir, y se instaló cómodamente por encima de la zona de los 500 puntos, y no parece haber razones valederas para esperar un cambio de tendencia. Las inversiones extranjeras se retraen, la inversión interna cae, y las expectativas de crecimiento evolucionan a la baja. Y cuando parecía que ya nada podía empeorar las cosas, le cae un piano en la cabeza a Javier Milei. Kevin Warsh, el halcón elegido por el propio Donald Trump para bajar las tasas de la FED hace todo lo contrario, y las eleva. Esto encarece el costo del financiamiento, justo en las puertas de un año electoral, justo cuando el gobierno programaba endeudarse para sostener un programa que hace agua por todas partes. Como decía un amigo: “me compro un circo y me crecen los enanos”.
Para ir cerrando. El martes 15, y como lo indica la tradición legislativa, se presentó el presupuesto. A diferencia de lo que ocurrió el año pasado, cuando fue el propio presidente (y en Cadena Nacional) el encargado de la presentación, el proyecto ingresó sin pena ni gloria por la mesa de entrada del Congreso. El gobierno estima para 2027 un crecimiento del PBI del 4%, una inflación del 18% y un dólar oficial cerrando el año en $1.847,60. Luego del estrepitoso fracaso de las proyecciones presupuestarias para el 2026, con la inflación duplicando en agosto la estimada para todo el año y con un crecimiento que seguramente será menos de la mitad del esperado, nadie toma seriamente el proyecto de Ley de Leyes. La gran mayoría de los analistas consideraron si no un dibujo, una propuesta extremadamente optimista. Al margen de lo dicho, y como era previsible, el gobierno no se corrió ni un milímetro de su sendero y amplió las partidas de seguridad e inteligencia, a la vez que recortó gastos en Seguridad Social, Ciencia y Tecnología (INTA, CNEA, CONAE, INTI), Educación y Discapacidad y propone seguir bajando subsidios. Ah, y dejó la puerta abierta para endeudarse por alrededor de U$S 34.000 millones. En síntesis, sin sorpresas a la vista, tendremos mileísmo recargado de la primera camionada para el último año de gestión.
