Por Diego Añaños – CLG
Tal vez algunos piensen que la Argentina es un país raro. No sabría qué decirles. Habría que conocer una gran cantidad de países y sus particularidades en profundidad como para abrir un juicio definitivo. Sin embargo, es posible que no nos equivoquemos cuando decimos que acá uno nunca sabe por dónde va a saltar la liebre. Esto hace que nos sorprendamos cuando un agente social inesperado, patea las compuertas del descontento social y da paso a una aceleración histórica de los acontecimientos. Alguna vez fue un grupo de señoras con un pañuelo en la cabeza, girando en ronda alrededor de una pirámide, y desafiando al brutal aparato militarizado de una dictadura asesina. También lo fueron los docentes, agrupados en una carpa, tratando de poner freno a las atrocidades de la avanzada neo conservadora de los noventa. Otra vez los ahorristas clasemedieros, indignados por el robo del esfuerzo de toda su vida. Esta vez fue un acontecimiento probablemente intrascendente, después de una victoria histórica de la selección nacional en un mundial, frente al rival esperado. Un pibe de 30 años recoge una bandera que le lanzan de la tribuna. Una bandera cuya inscripción apela a un reclamo de larga data en contra del colonialismo, y por la recuperación de un archipiélago de islas en el sur profundo del hemisferio sur.
Todavía no sabemos si Giovanni Lo Celso se dio cuenta de lo que generó, pero al final de la piola lo puso a declarar al mismo Donald Trump. Seguramente los cerebros que diseñan la estrategia comunicacional del gobierno nacional no supieron detectar la sensibilidad del tema. Acto seguido, y apelando a una (por supuesto falsa) prudencia a la que no nos tiene acostumbrados, el presidente sostuvo que no había que mezclar el deporte con la política y que los reclamos por Malvinas deben correr por la vía natural, que es la vía diplomática. Un crack. Justo después de un partido contra Inglaterra, justo con el tema Malvinas. Claro, no debería asombrarnos, así como los libertarios han demostrado una extraordinaria capacidad de gestionar las redes sociales, adolecen al mismo tiempo de la capacidad de empatizar con la Argentina profunda. Y es precisamente Malvinas, el punto de confluencia en el que convergen las opiniones de la inmensa mayoría de la población. No quiero hablar de unanimidad, porque yo sí trato honestamente de ser prudente, pero estamos muy cerca.
A ver, hasta hace un par de días la postura de La Libertad Avanza sobre el tema Malvinas era la sostenida claramente durante la campaña, y no se había movido un milímetro. De hecho, y a poco que se analice brevemente, nos vamos a encontrar con que era muy similar a la aproximación establecida durante el gobierno de Carlos Menem: seducción de los isleños, sostenimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales con el Reino Unido mientras se discute la cuestión y un planteo de resolución de muy largo plazo. También implicaba algunas diferencias de grado, como centrarse en el deseo de los isleños, antes que en los intereses, o la entronización del modelo de transición utilizado con Hong Kong, y otras diferencias más profundas (si se quiere, tal vez más personales), ya que Javier Milei es un admirador confeso de Margaret Tatcher.
Pero algo rompió la aparente calma. No hay dudas de que aquella bandera produjo un shock en el debate público nacional. Unas semanas después el gobierno, que seguía haciendo esfuerzos para recuperarse del affaire Adorni, llevaba al Congreso una ley absolutamente estratégica para sus intereses: la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La jefa libertaria en el Senado, Patricia Bullrich, aseguraba que tenía los votos para que saliera como por un tubo. Pero la instalación en el debate social de la causa de la soberanía, impulsado por la bandera que enarbolaron Lo Celso y Otamendi, se coló en la Cámara Baja y arrasó con la mayoría trabajosamente construida. Como resultado, el oficialismo tuvo que bajar los dos artículos más importantes de la ley para conseguir su aprobación. Lo quisiera el presidente o no, el deporte se metió en la política y le frustró los planes. Para colmo de males, un viejo socio político, Fernando Cerimedo, está sospechado de haber encargado la ejecución de su pareja. La mujer, que se salvó de milagro del intento de asesinato, está dispuesta a contar muchas cosas turbias que involucran directamente al presidente, su hermana, y su círculo íntimo. Sobre llovido mojado.
Afortunadamente para Javier Milei, Donald Trump le hizo el favor de meter por la ventana el tema Malvinas, y el León se aferró a la cuestión como un náufrago a la deriva. El gobierno venía de un mes y medio de inacción, que incluyó la virtual desaparición de Milei por alrededor de diez días, y había perdido la centralidad del debate de la agenda pública. En pocas horas la comunicación oficial le fue agregando pequeñas ramitas al fuego, hasta posicionarlo en la agenda pública. El jueves, en cadena nacional, el presidente se dirigió al pueblo argentino para hablar de la causa isleña. En un tono que se acercó peligrosamente al utilizado por Galtieri en 1982, Milei viró rápidamente sobre sus propios pasos y anunció la puesta en marcha de un operativo que apunta a recuperar influencia sobre el Atlántico Sur. A su vez, advirtió a las empresas que están operando en la cuenca petrolera de la plataforma continental argentina que se tomarán represalias firmes ante violaciones de la soberanía nacional.
El gobierno necesita con urgencia recuperar la iniciativa política. Las encuestas que llegan al escritorio de Karina Milei marcan una derrota en 2027. Paralelamente, las cosas no parecen orientarse en el frente económico, que era la principal fuente de éxitos. La inflación no cede, el nivel de actividad no se reactiva y el reciente enfrentamiento con la Unión Industrial Argentina, se profundizó en los últimos, luego de las fuertes críticas lanzadas por su presidente y su vice-presidente en la previa del Día de lndustria. Finalmente, las buenas noticias que se esperaban del tour de Luis Caputo por el G-20 no terminan de cristalizarse. Mientras que el ministro de Economía recibe los halagos del FMI y el secretario del Tesoro de los EEUU, Scott Bessent, el frente financiero internacional no mejora y el Riesgo País baja un poco, pero se resiste a perforar la barrera de los 500 puntos. Pocos resultados para tantos elogios, no? Como dice el dicho “la necesidad tiene cara de hereje”, y el oficialismo busca desesperadamente recuperar el terreno perdido. Veremos si todavía está a tiempo.
