Juan Milito, de la Unión Centro Almaceneros de Rosario, cuestionó el impacto del ajuste sobre los ingresos de trabajadores y jubilados y alertó por el deterioro de los comercios de cercanía
La crisis del consumo comienza a dejar una huella cada vez más visible en los comercios de cercanía de Rosario. La caída de las ventas, el menor poder adquisitivo de trabajadores y jubilados y el aumento de los costos conforman un escenario que, según advierten desde el sector almacenero, ya no solamente obliga a reducir la cantidad de mercadería disponible, sino que empieza a empujar a algunos comercios hacia el cierre.
Así lo planteó Juan Milito, referente de la Unión Centro Almaceneros de Rosario, al analizar la situación del sector y la necesidad de discutir alternativas frente al actual escenario económico.
“Un sector, como bien decís vos, de los más perjudicados, pero bueno, nosotros aún más porque la verdad que la situación gravísima”, sostuvo al referirse al impacto de la crisis sobre los pequeños comercios.
Para Milito, el problema central está directamente relacionado con la pérdida del poder adquisitivo.
La falta de consumo, explicó, tiene su origen en el “achicamiento de los sueldos de los trabajadores, de las jubilaciones y todo eso”, una situación que provoca un deterioro progresivo de la actividad comercial.
De góndolas más vacías a comercios que bajan la persiana
El dirigente almacenero describió una transformación que puede observarse en los negocios de barrio: primero aparece la reducción de la mercadería disponible y, cuando el escenario se vuelve insostenible, comienzan a aparecer los cierres.
“Vemos que pasamos de achicar nuestras góndolas de mercadería a ya que se empiecen a producir cierres de comercio”.
El deterioro no se explica únicamente por la caída de las ventas. A la menor circulación de dinero se suman obligaciones que los comerciantes deben afrontar todos los meses, como alquileres y tarifas de servicios.
Milito graficó ese proceso al advertir que, después de un período en el que los comerciantes intentan sostener sus negocios con menos mercadería y menores márgenes, llega el momento en que se vuelve difícil afrontar los gastos básicos.
“El resto, si uno entra a los comercios, ve cómo se empobrecen las góndolas y en ese marco, después del próximo proceso de no poder pagar alquiler o pagar la energía eléctrica y, consecuentemente, el cierre del negocio”.
El panorama también tiene un impacto concreto sobre las entidades que representan al sector. Milito señaló que en los últimos tres meses se registraron bajas entre los socios de la institución y mencionó además una situación en la que un comercio podría cerrar próximamente.
La discusión que plantea el sector
Más allá del diagnóstico sobre la actividad comercial, el referente de los almaceneros cuestionó el enfoque con el que se aborda el equilibrio de las cuentas públicas y reclamó que la discusión económica contemple también la recuperación de los ingresos.
En ese sentido, planteó que no alcanza con discutir el déficit fiscal si al mismo tiempo continúa la pérdida de poder adquisitivo de trabajadores y jubilados y se deterioran áreas como la educación pública, la salud y la atención de las personas con discapacidad.
El planteo apunta a recuperar los ingresos como condición necesaria para reactivar el consumo y, con él, el comercio de cercanía.
Milito también llamó a que quienes participen de la discusión política y electoral incorporen entre sus prioridades la recuperación de lo perdido y la posibilidad de generar condiciones para el crecimiento.
Entre sus reclamos mencionó aumentos salariales y haberes jubilatorios dignos, como parte de una política que permita recomponer la capacidad de compra de las familias.
El comercio de barrio, en el centro de la crisis
Los almacenes y pequeños comercios funcionan como uno de los primeros termómetros del consumo cotidiano. Cuando las familias reducen sus compras, cambian marcas, llevan menos productos o directamente postergan consumos, el impacto llega rápidamente a las cajas de estos negocios.
Por eso, desde el sector advierten que el deterioro de las ventas no puede analizarse solamente como un problema de los comerciantes: también refleja la pérdida de capacidad de compra de los hogares.
El desafío, según planteó Milito, es evitar que esa cadena termine profundizando el cierre de comercios y la pérdida de puestos de trabajo.
El escenario que describió es concreto: menos consumo, góndolas cada vez más reducidas, comerciantes con dificultades para afrontar alquileres y servicios y un número creciente de negocios que quedan al límite de la supervivencia.
Y detrás de cada persiana que baja, advierten desde el sector, también desaparece un comercio de cercanía que durante años formó parte de la vida cotidiana de los barrios rosarinos.
