Por Diego Añaños – CLG
Decíamos la semana pasada que el 2026 no viene siendo un buen año para el gobierno, y parece que la tendencia no cambia. Caen las acciones argentinas en el mundo, el Riesgo País crece (y hoy se ubica más cerca de los 500 que de los 400 puntos), el Merval se hunde y los inversores globales empiezan a mirar cada vez con mása desconfianza el “milagro libertario argentino”. Ya pasaron cuatro meses desde que Luis Caputo prometió que se venían los mejores dieciocho que Argentina haya visto en años y la motoneta no arranca. Y como si esto fuera poco, el Coloso Sturzenegger se comió dos manos de knock out la semana pasada y todo hace pensar que le están armando la piecita dentro del freezer. Pero la frutilla del postre llegó el jueves, cuando el INDEC dio a conocer la inflación de julio. La misma volvió a mostrar un leve repunte (del 1,9% de junio a un 2,1%), lo que en paralelo llevó la inflación interanual al 33,8%. El dato extra fue que con la medición de junio, la inflación del 2026 se situó en 19,3%, casi duplicando el 10,1% prevista para todo el año en el presupuesto. Vale recordar que Javier Milei había asegurado en más de una oportunidad que para mediados de este año la inflación iba a desaparecer, por lo cual el reciente dato constituye un inmenso fracaso para la gestión libertaria, que comienza a perder la batalla en una de sus banderas estratégicas.
Desde el gobierno necesitan recuperar el terreno perdido en el Congreso. El hándicap obtenido luego del batacazo electoral de octubre del año pasado se diluyó rápidamente, y las alianzas circunstanciales se fueron desvaneciendo. Una clara muestra de lo que decimos es la votación de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que obtuvo una victoria pírrica en la media sanción en el Senado, luego de dejar en el camino sus dos principales capítulos. En ese sentido, Diego Santilli desde la Jefatura de Gabinete trabaja a destajo para ir aceitando los mecanismos de la maquinaria legislativa, de manera de evitar nuevas sorpresas. Los proyectos más urgentes en carpeta son el de Inocencia Fiscal II, la reforma política (básicamente la eliminación o la suspensión de las PASO para 2027), el Súper Rigi y la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. Luis Caputo, por su parte, hace lo suyo desde el ministerio de Economía, y en lo que va del año ya giró $33.000.000.000 (si, treinta y tres mil millones de pesos) para obras viales a un grupo de provincias (Tucumán, Salta Santa Cruz y Santiago del Estero), cuyos legisladores acompañaron al oficialismo en las votaciones más ajustadas en la Legislatura. Si lo convertimos, nos encontramos con que la compra de favores de la oposición “flexible”, le costó al Gobierno casi U$S22.000.000. Una cifra no despreciable que podría seguir creciendo al ritmo de las necesidades libertarias.
La pregunta que todos se hacen es de dónde van a salir los recursos cuando la recaudación tributaria no para de caer, debido principalmente al desplome del consumo masivo y la actividad económica. Sin embargo, el Messi de las Finanzas es un experto en contabilidad creativa o el nunca bien ponderado maquillaje contable. Y para muestra basta un botón. Desde la vocería presidencial, ya reconocieron que el ministerio de Economía está utilizando los recursos del fondo fiduciario “Sistema Vial Integrado” a lograr/dibujar el superávit fiscal. El fondo en cuestión se constituye con una porción del impuesto a los combustibles líquidos, y tiene una asignación presupuestaria específica: financiar la construcción, el mantenimiento y la rehabilitación de la red vial nacional. Pues bien, de los más de $1,5 billones recaudados, sólo se destinó cerca de una cuarta parte al destino previsto por la ley. El resto, que asciende a más de $1 billón, se destinó a autofinanciar al Tesoro Nacional, a través de la colocación en inversiones financieras y títulos públicos. Baste recordar que ex presidente brasileña Dilma Rousseff fue destituída por maniobras similares, pero mucho más inocentes, a fines de agosto de 2016. Da un poco de vértigo pensar qué matufias estarán llevando adelante, si esto lo hacen a plena luz del día, y lo comunican abiertamente,
Para terminar, y como viene siendo constumbre, el blooper semanal de Adrián Ravier. En una reciente conferencia de prensa, un periodista le solicitó al vocero que informara acerca de los fundamentos informativos o la pieza de inteligencia que llevaron a Javier Milei a insultar a Lula Da Silva y a denunciar una campaña antiargentina financiada con recursos provenientes del gobierno brasileño, el gobierno mejicano y el Partido Demócrata norteamericano. Como recordarán, los exabruptos presidenciales provocaron la decisión de la cancillería carioca de retirar su embajador en la Argentina. En los hechos, se trata de una de las crisis diplomáticas más graves con el país hermano, ya que no sólo se trata de un país limítrofe, sino que es líder regional del bloque, y nuestro principal socio comercial. La respuesta de Ravier se ubicará, sin lugar a dudas, en los anales de la estupidez política. Sin repetir, sin soplar, y sin ponerse colorado contestó: “Hay fuentes que vienen de redes, que habría que evaluarlas”. Textual, créase o no. La cancillería argentina, con el invalorable aporte de la SIDE (un verdadero crematorio de fondos reservados), utilizan como insumo de inteligencia las redes sociales. Si, las mismas redes que aseguran que la Tierra es plana, que los cuerpos de los vacunados contra el COVID 19 se imantan, o que andamos mal por culpa del Mercurio Retrógado. La idiotez de este energúmeno sobrepasa todo el tiempo mi capacidad de asombro, de descoloca. Merecemos la extinción.
