Por Diego Añaños – CLG
No arrancó bien la segunda mitad del año para el gobierno. Después de un amague positivo en julio, parece que la realidad va demostrando que, más allá de los fuegos de artificio, si no le hacemos caso a Georgieva (y recuperamos el consumo, mejoramos el acceso al crédito y movilizamos la obra pública), la cosa no va a mejorar. Ya es un hecho que los analistas de las principales consultoras coinciden en que la inflación del mes que pasó no seguirá en la senda descendente. En el mejor de los casos estará levemente por encima del festejado 1,9% del junio, que había perforado el piso psicológico del 2%, y que habilitó el descorche masivo dentro de las fuerzas libertarias. Y decimos en el mejor de los casos porque la inflación de CABA, que había sigo del 1,8% en junio, trepó al 2,9% el último mes, por lo que no sería una rareza que la inflación nacional de julio estuviera más cerca del 3% que del 2%. De hecho el último relevamiento de FocusEconomics registra claramente dos cuestiones: la primera es que la inflación con suerte está en una meseta, y la segunda es un recorte del pronóstico de crecimiento para este año. El estudio, que integra las proyecciones de más de cuarenta bancos y consultoras (que incluye a JPMorgan, Goldman Sachs, ABECEB y Banco Galicia) estima que la inflación 2026 se ubicará un 31,6%, casi copiando el 31,5% registrado en 2025. En síntesis, ni en el mejor año de sus primeros tres de gobierno, Javier Milei va a conseguir siquiera igualar el peor año de inflación del kirchnerismo. Veremos si llega el milagro en 2027, aunque es poco probable. Evidentemente el mundo está viendo lo mismo, porque el Riego País sigue arriba.
Para colmo de males, aumentó la pobreza. Según los resultados del procesamiento preliminar de los microdatos de la última Encuesta Permanente de Hogares, durante el primer trimestre del año la cantidad de pobres creció en 600.000 personas, situándose en un 30,7%. En este sentido, vale tener en cuenta que ya veníamos de un incremento desde el cuarto trimestre de 2025. Lo destacable del caso es que, de acuerdo a las proyecciones de los especialistas, la tendencia creciente se mantendría en el segundo trimestre, y podría llevar a la pobreza al 32,6%. Acerca de las causas, hay coincidencias generales con respecto a que se explica fundamentalmente por dos factores: por un lado un empeoramiento de la distribución del ingreso, y por el otro (y sobre todo), por la fuerte caída que vienen registrando los ingresos familiares. Seguramente Javier Milei va a pasar a la historia por muchas cosas, y una de ellas va a ser su particular forma de medir la evolución de la pobreza durante su mandato, que lo llevó a sostener que durante su gobierno habían salido de la pobreza 8, 10, 12, 13, 14 y 15 millones de personas. A ver, no sería del todo incorrecto decir que hoy la pobreza medida por el INDEC es menor a la que se registraba en diciembre de 2023, pero es necesario decir que algunos cambios metodológicos que permiten captar ingresos no laborales (AUH, Tarjeta Alimentar, Potenciar Trabajo, pensiones, becas, etc), y que fueron introducidos durante esta gestión, favorecieron la baja en los registros.
Ahora bien, independientemente de la categoría encuestal, que determina la situación de pobreza o desempleo, las condiciones de vida se siguen deteriorando notblemente. Y no lo decimos nosotros, lo dijo el mismo Ricardo Arriazu, uno de los economistas a los que más escucha el presidente Milei. En un encuentro organizado por la Cámara de Bolsas, el analista sostuvo: “El 50% de la gente no llega a fin de mes”. Paralelamente, coincidió con el Gobierno, que sostiene que el consumo, como variable agregada, subió un 7,5%. Claro, ese crecimiento se vio motorizado por aumentos en las compras de autos, motos y bienes durables (a lo que debió agregarle la incidencia del precio de los servicios públicos). Sin embargo, tuvo que reconocer que el consumo masivo continúa deprimido. La contracara evidente de eso son los altos niveles de endeudamiento familiar que, al no poder sostenerse, deriva en morosidad, un problema que se agrava mes a mes y que afecta a cada vez más familias. Sobre la cuestión, fueron consultados tanto el presidente como el ministro de Economía, y ambos coincidieron: es un problema de privados y entre privados, nadie le puso una pistola en la cabeza a nadie para que se endeude, por lo tanto el Gobierno no tiene nada que hacer ahí.
No viene bien el 2026 para Javier Milei. Si tenemos en cuenta la excelente victoria que se consiguió en las elecciones legislativas de medio término de octubre del año pasado, no es más que el reflejo de una clara muestra de la incapacidad del Gobierno de gestionar un éxito. Arrancó con el escándalo de Manuel Adorni, que no sólo afectó seriamente la imagen del gobierno, sino que lo mantuvo inmovilizado. Para colmo de males, la elección del sucesor no fue la más adecuada, y cada vez que Adrián Ravier abre la boca, mete la mata (como cuando dijo que el dólar se podía ir perfectamente a $1.800). Así se fueron sumando contratiempos, y ya nada parece salirle bien a las Fuerzas del Cielo. El fallo de la Corte Suprema a favor del reclamo de las Universidades Nacionales (y el reciente fallo de la Cámara que confirma la vigencia de la cautelar), el conflicto diplomático con Brasil (nuestro principal socio comercial), la disputa perdida con los prácticos navales, la eliminación de los artículos de la Ley de Tierras que ampliaban el acceso a la propiedad de los extranjeros y modificaban la Ley de Manejo del Fuego, el Riesgo País que no baja, la guerra que no se termina, el endeudamiento del Estado que crece con los proveedores (para garantizar el superávit fiscal), etc. Y en el medio del berenjenal, la única buena idea que se le cae a los libertarios es levantar un muro de quince metros, llenarlo de francotiradores, y aislar a la provincia de Buenos Aires del resto de la Argentina. Ah, además llevar adelante una campaña de esterilización en el Conurbano. Si, así como lo escuchan, en el segundo cuarto del siglo XXI. Qué quieren que les diga, puede ser que me equivoque (y sólo han pasado cuatro meses), pero me parece que los mejores dieciocho meses de la historia argentina reciente que nos prometió el Toto Caputo, van a tener que esperar un poco más.
