Por Diego Mussetta - CLG
Por Diego Mussetta – CLG
La segunda fecha del Torneo Clausura dejó un mensaje claro: el buen arranque duró apenas una semana. Newell’s retrocedió varios casilleros respecto del estreno y Central volvió a quedar en deuda con su gente. Dos realidades distintas, pero atravesadas por una misma sensación: la obligación de reaccionar antes de que el calendario empiece a pasar factura.
La Lepra había ilusionado con el triunfo frente a Talleres. Había mostrado intensidad, orden y algunos rendimientos individuales que invitaban a pensar en un equipo en crecimiento. Pero en Avellaneda apareció la otra cara. Frente a Independiente, el conjunto de Frank Kudelka perdió solidez, sufrió para generar juego, quedó lejos de la versión del Coloso y terminó cayendo con justicia. Más allá del resultado, preocupa el retroceso futbolístico. Un paso atrás cuando justamente el equipo necesitaba confirmar que el debut no había sido una excepción.
En el Parque también sobrevuelan otros interrogantes. El mercado de pases sigue abierto, los refuerzos todavía no terminan de llegar y el propio entrenador dejó entrever su malestar por la demora en las incorporaciones. El desafío ahora será enorme: el domingo llega Boca al Coloso, un partido que siempre marca y que puede convertirse en un punto de inflexión para recuperar confianza o profundizar las dudas.

Del otro lado de la ciudad tampoco hubo buenas noticias. Central apenas rescató un empate como local frente a Racing y volvió a exhibir problemas que ya se habían visto en Córdoba durante la derrota ante Belgrano. Le cuesta generar situaciones, pierde intensidad en los momentos decisivos y transmite una sensación de fragilidad que inquieta.
El Gigante de Arroyito, que tantas veces fue un aliado, despidió al equipo con reprobaciones. La paciencia comenzó a agotarse rápidamente y Jorge Almirón quedó otra vez en el centro de la escena. El entrenador sigue sin encontrar respuestas futbolísticas y el margen de error empieza a reducirse en un semestre cuyo gran objetivo sigue siendo la Copa Libertadores.
Como si el contexto no fuera suficientemente exigente, el calendario tampoco ofrece respiro. Central deberá visitar a River en el Monumental, mientras que Newell’s recibirá a Boca en el Coloso. Dos pruebas de máxima dificultad para equipos que todavía buscan una identidad y necesitan demostrar que están preparados para competir en serio.

Recién van dos fechas, es cierto. Pero en el fútbol argentino los estados de ánimo cambian a una velocidad vertiginosa. Se pasó de la ilusión del debut a la preocupación en apenas una semana. Ahora les toca a Newell’s y Central demostrar que tienen herramientas para volver a ponerse de pie antes de que el Clausura empiece a marcar diferencias.
