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«Malvinas, el último soldado»: un libro que cuenta la historia de los 85 días de Miguel Romano en las islas


Por Carlos Duclos – CLG

Frío extremo, temperaturas bajo cero, llovizna persistente, el bombardeo permanente de los cañones ingleses; pero sobretodo, esa lejanía de los seres amados y estar tan cerca de la muerte, en muchos casos cara a cara, y ser devorado por ella. Las historias de la guerra de Malvinas estremecen a todo aquel que conserva sensibilidad y amor a la Patria, en medio de un mundo tan frío, especulador y a menudo indiferente a lo que importa.

En su libro “Malvinas, el último soldado”, el capitán (R) Miguel Ángel Romano, ingeniero militar, narra los acontecimientos que debió vivir en aquellos 85 días que transcurrieron desde que se inició el desembarco en Malvinas, hasta el día que regresó a su hogar. Ya casado, y con tres hijos pequeños, Romano, como tantos otros argentinos, dejó a sus seres más amados para luchar por la Patria contra las fueras inglesas y contra la misma OTAN. Literalmente fue el último soldado que abandonó las islas tras haber sido hecho prisionero.

Su libro es el recuerdo de vivencias durante aquellos días de guerra, una cronología de los sucesos de los que fue testigo, junto a otros argentinos. Nomás llegar a Puerto Argentino se le impartió la orden: “Se va a ocupar de atender las necesidades de los habitantes de las islas -le dijo el entonces gobernador militar Menéndez- Como bien sabe, los kelpers son ciudadanos argentinos por haber nacido en tierra argentina. Espero que los trate como lo que son, ciudadanos argentinos. Tendrá que garantizar que las tropas los respeten como personas, incluyendo sus bienes y derechos”. Cumplió con la tarea más allá de lo ordenado.

En su obra, Romano narra sus tareas en plena guerra y reproduce algunas cartas enviadas a su esposa, pero como el fuego enemigo y las acciones casi siempre no permitían ni más cartas ni más palabras, debió conformarse una vez con un telegrama y apenas dos palabras: “te quiero”. En la guerra, no se sabe si habrá un mañana para expresar los sentimientos.

Finalmente el por entonces capitán, junto con otros soldados, suboficiales y oficiales, fue hecho prisionero, arrojado a un galpón vacío, con piso de portland y en el que por todo baño había un tarro. “Se come una vez al día y cuando lo hacemos son raciones magras e insuficientes de guiso en lata», recuerda en su libro el ex combatiente. “No nos bañamos, de hecho, no tenemos dónde hacer nuestras necesidades fisiológicas; bueno, para ser justos tengo que reconocer que nos pusieron un tacho de 200 litros de combustible cortado a la mitad para usar como recipiente, pero pocos se atreven”.

Literalmente el autor del libro fue el último soldado argentino en abandonar las islas para ser trasladado, en calidad de prisionero, al ferry Saint Edmund. Romano recuerda así el día que se iba de las islas tras pasar por los lugares donde habían sido enterrados sus camaradas de armas: “La reconquista de nuestras islas fue un acto de legítima defensa, prefiero quedarme con el recuerdo de junio de 1982, cuando me convertí en el último soldado en abandonar Puerto Argentino. Ese recuerdo se concreta especialmente en los momentos en que me retiraba, después de visitar los cementerios de Puerto San Carlos y Puerto Argentino. Al volver la vista a medida que me alejaba de ellos, en ambos casos la niebla desdibujaba las cruces de aquellos que murieron por amor a la Patria. Es suficiente. Es un imborrable recuerdo que prefiero permanezca en mi retina y en lo profundo de mi corazón”.

No es posible imaginar siquiera el dolor de los argentinos que combatieron en Malvinas, de los heridos, de los muertos y de sus compañeros que los vieron morir; de los que regresaron y fueron olvidados, de los que acabaron suicidándose. Causa dolor y también indignación que aún no se reivindique como corresponde a los héroes de Malvinas, que no se los honre haciendo una Patria unida, justa y próspera para que tanta muerte y dolor no hayan sido en vano.

El libro “Malvinas, el último soldado”, de Miguel Ángel Romano, como tantos otros, debería ser de lectura obligatoria en los centros educativos argentinos.

Malvinas, sus héroes, la Patria entera, siguen aguardando el gran homenaje, la reivindicación que aún sigue ausente.