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Qatar 2022

Opinión: «El corazón del campeón siempre tiene un latido más»


Por Diego Mussetta – CLG

Argentina sufrió más de la cuenta para eliminar a Cabo Verde, pero volvió a demostrar que los equipos campeones tienen una virtud que muchas veces no se puede explicar desde el juego: cuando parece que todo se complica, siempre encuentran un latido más para seguir adelante.

No fue una buena actuación de la selección argentina. Lejos estuvo de aquella versión dominante que enamoró al mundo en Qatar. El equipo de Lionel Scaloni se mostró por momentos lento, sin la presión e intensidad que supieron ser su sello, con demasiados metros entre líneas y con problemas que hace varios partidos comienzan a repetirse.

Sí, Argentina fue superior a Cabo Verde. Generó muchas más situaciones, manejó la pelota durante gran parte del encuentro y estuvo cerca de resolverlo mucho antes. Pero también volvió a evidenciar un problema que preocupa: cada vez que el rival logra acercarse, da la sensación de que puede lastimarlo. Y Cabo Verde, un seleccionado desconocido para la mayoría antes del inicio del Mundial, con una población que es la mitad de Rosario pero convertido hoy en una de las revelaciones del torneo, aprovechó esas grietas para llevar al campeón del mundo al límite.

El objetivo se cumplió. Argentina está en octavos de final. Pero también quedó claro que deberá elevar mucho su nivel si pretende defender el título.

En medio de un funcionamiento colectivo lejos de lo esperado, volvió a aparecer el de siempre. Lionel Messi, con 39 años, continúa rompiendo cualquier lógica. Cuatro partidos, siete goles. Pero los números ya no alcanzan para describir lo que genera dentro de una cancha. Su voracidad sigue intacta. Sus ganas también. Jugó los 120 minutos cuando muchos imaginaban que administraría energías. Corrió, pidió la pelota, se hizo cargo de cada ataque y volvió a conducir futbolísticamente a un equipo que, por momentos, dependió demasiado de él.

Cada Mundial parece escribir un nuevo capítulo de una historia que se resiste a terminar. Messi sigue demostrando que la edad es apenas un dato cuando el talento convive con una ambición inagotable.

También merecen un reconocimiento Cristian Romero y Lisandro Martínez. Más allá de los goles, volvieron a sostener gran parte del trabajo defensivo de un equipo que sufrió cada transición rival. Fueron, probablemente, los puntos más altos junto al capitán.

Después aparecen las preocupaciones. El mediocampo ya no tiene la dinámica que fue una de las grandes fortalezas en Qatar. Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Thiago Almada estuvieron muy por debajo de su nivel. Especialmente Almada, que nunca logró meterse en el partido y dejó una de sus actuaciones más flojas desde que viste la camiseta argentina.

Los laterales también se transformaron en un problema. Nahuel Molina volvió a mostrar dificultades defensivas y poca profundidad ofensiva, mientras que el sector izquierdo tampoco ofrece demasiadas soluciones. Son posiciones que hoy generan más dudas que certezas.

Y adelante aparece otro interrogante importante. Lautaro Martínez prácticamente no recibe situaciones claras de gol. Julián Álvarez, por su parte, deja en evidencia una falta de ritmo que termina afectando su influencia en el juego. Ninguno logra hoy pesar como el equipo necesita.

Argentina avanzó. Y eso, en un Mundial, siempre es lo más importante. Las fases eliminatorias no preguntan cómo se ganó, sino quién sigue en carrera. Sin embargo, también dejan enseñanzas.

La selección sufrió frente a un rival que nadie imaginaba tan competitivo. Cabo Verde se ganó el respeto del mundo futbolístico y confirmó que fue una de las grandes sorpresas de esta Copa del Mundo.

Del otro lado quedó el campeón. Un campeón que todavía no encuentra su mejor versión, que tiene aspectos por corregir y futbolistas que deben recuperar su nivel. Pero que conserva algo que no se compra, no se entrena y muchas veces decide los grandes torneos.

Porque el corazón del campeón siempre tiene un latido más. Y Argentina volvió a demostrarlo.