Por Diego Añaños – CLG
En más de una oportunidad hemos referido a la doctrina del tiempo circular en sus múltiples variantes: la griega clásica, la maquiaveliana, la nietszcheana y la borgeana. Si bien no son idénticas, todas destacan el hecho de que la historia parece repetirse. No siempre con la perfección del círculo, es verdad. A veces los sucesos parecen replicarse, por más que cambien los actores y las circunstancias, y eso nos invita a pensar si ese eco no tendrá algún significado. Y hay una frase que siempre me devuelve al pasado: “Lo peor ya pasó”. Una frase que ya se ha hecho habitual en la boca de Javier Milei, pero que ya pronunciaron otros presidentes. Lo hizo Fernando De la Rúa a finales del 2000, cuando la crisis se acercaba como un tren sin frenos. También lo hizo Mauricio Macri en el discurso de apertura de Sesiones Ordinarias del Congreso el 1 de marzo de 2018, un par de meses antes de que se desatara la debacle. El último en pronunciarla fue un actor absolutamente menor, pero no por eso pierde su peso. En su primera conferencia de presa, el nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, no perdió la oportunidad de volver a tocar una que sepamos todos y se despachó con el mantra: “Lo peor ya pasó”. No sé qué decirles, a esta altura me da un poco de vértigo.
Al margen de la anécdota, el debut de Ravier no colmó las expectativas. Cualquiera que tenga algunos mundiales vistos, pudo notar que el nuevo vocero no se destaca por su capacidad oratoria. Es, evidentemente, un hombre extremadamente corto y está muy lejos de estar a la altura del cargo. Esto es mucho decir, teniendo en cuenta que su antecesor era un hombre de pocas luces intelectuales, y sólo destacaba por su casi infinita capacidad de hacerse el canchero y descansar a sus eventuales interlocutores. Pero de su primera aparición no sólo se destacó el “lo peor ya pasó” o sus evidentes limitaciones. Durante un pasaje de la conferencia de prensa sostuvo: “Este gobierno considera que es importante que las tarifas de los servicios públicos vayan retornando a sus precios libres, a sus precios de mercado, a sus costos, digamos. Y eso ha implicado también una medida muy desafortunada, muy ingrata, que este gobierno tiene que hacer de decir te tengo que duplicar el gas, te tengo que duplicar el agua, te tengo que duplicar el costo de la electricidad”.
A ver, Adrián Ravier se presenta como economista, por lo que confundir costos con precios es una grosería teórica imperdonable. Pero no se necesita ser economista para poder distinguir claramente la diferencia entre un costo y un precio. De hecho lo sabe cualquiera de mis alumnos, aspirantes a politólogos, que haya cursado un semestre de economía básica. Los costos son los gastos en los que hay que incurrir para producir un bien o un servicio (insumos, mano de obra, financiamiento, impuestos, servicios públicos, transporte, etc). El precio de mercado de un bien es la suma de esos costos más una tasa de ganancia. Y que conste que estoy tratando de ser lo más respetuoso posible. Imaginen la reacción de nuestro presidente si un periodista hubiera cometido el mismo error en una conferencia de prensa. Seguramente le hubiera contestado: “No puedo hablar con vos porque sos un burro!!!!”. Digo, y sólo para que quede constancia, y el vocero tome nota: este es un gobierno que tiene una visión muy selectiva de lo que son los precios libres, porque ni el tipo de cambio es libre, ni los salarios son libres, ni los precios de la salud privada es libre, sólo por citar algunos ejemplos. Al margen, y sólo como un detalle que solemos notar los neuróticos detallistas: Adrián, las medidas de política pública no se hacen, se toman.
En fin, después de una telenovela de casi cuatro meses, salió Adorni. En su lugar entraron Ravier y Santilli. El nuevo vocero posee, cómo único activo relevante, el no registrar actividad política anterior al 2025, cuando fue electo diputado nacional por la provincia de La Pampa, bajo el escudo de la coalición Alianza La Libertad Avanza. La historia del Colorado, claro, es distinta. Tiene más transferencias que un Corsa 2008 y jugó en más equipos que el Loco Abreu (probablemente sólo sea superado por Patricia Bullrich). Su trayectoria política es casi un prontuario. Iniciado en el peronismo bonaerense, saltó rápidamente a las filas del PRO. Fue vicejefe de Gobierno de CABA, junto a Horacio Rodríguez Larreta, pero luego cruzó nuevamente a la provincia para ser candidato a diputado nacional. Luego, enfrentó a Macri para acompañar a Rodríguez Larreta en su proyecto presidencial. Luego del larretismo al PRO antimileísta, para terminar abrazando con verdadera pasión el proyecto libertario. Quién sabe qué le deparará el destino al ecuménico Santilli, él siempre está dispuesto a escuchar ofertas y tiene todos los picaportes sobre su escritorio.
Seguramente su mayor desafío (antes de apuntarle a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires, claro) será llevar a buen puerto la aprobación del Súper Rigi en la Cámara de Senadores, proyecto que ya obtuvo la media sanción de la Cámara de diputados el 24 de junio pasado. Los casi cuatro meses que duró el affaire Adorni, revolucionaron el gallinero de la Cámara Alta, y va a ser necesario un delicado trabajo de filigrana, para recuperar los apoyos perdidos y reconstruir las alianzas, tanto dentro de la oposición más amigable, como dentro del oficialismo mismo. El gobierno está convencido (o eso parece) de que la creación de un marco normativo favorable, atraerá la atención hacia el mercado argentino y desatará una verdadera lluvia de inversiones. La Ley Bases, la Ley Hojarasca, la Reforma Laboral, el RIGI y el Súper RIGI, deberían sentar los fundamentos institucionales de un proceso de crecimiento acelerado y de largo aliento. Sin embargo, los mercados no parece inmutarse ante la obsesión libertaria por las reformas. De hecho, en su última revisión la Morgan Stanley no consideró suficientes los esfuerzos del gobierno de Javier Milei y nuestro país conservó la categoría de país Standalone, una suerte de veraz de las finanzas globales, que ubica a la Argentina junto a países como Zimbawe, Botswana, Panamá, Jamaica, Trinidad y Tobago, Líbano, Palestina o Ucrania. Sólo falta escuchar a Milei diciendo, “estamos mal, pero vamos bien.
