Por Diego Añaños – CLG
Como ya nos tiene acostumbrados, el gobierno festeja. Festeja siempre, todo. Lo hemos dicho en otras oportunidades, festeja el triunfo, el empate y la derrota. Como si fueran los espectadores absolutamente ignorantes de un partido del mundial, celebran los goles (los propios y los ajenos), los córners, los laterales y los cooling breaks. Festeja el comienzo de la guerra, porque al fin se cerrará el capítulo de los monarcas autócratas antidemocráticos y porque la suba del precio del petróleo beneficiará las exportaciones nacionales de combustibles. Festeja el fin de la guerra, porque se terminó la barbarie que destroza vidas, y la baja en el precio de los combustibles le quitará presión a la inflación global. Festeja el apoyo incondicional de Donald Trump a Israel, la única democracia que encarna los valores del occidente libre en oriente medio, y ahora tendrá que festejar que el presidente norteamericano le soltó la mano a Netanyahu. También festejaron la decisión de Espert de bancar la pelea y seguir en la carrera electoral, para luego festejar que tomara la valiente decisión de proteger al gobierno y bajar su candidatura. Y hay mucho más, ya festejaron el fin de la inflación un par de veces, que es como festejar el fin de la humedad en Rosario, ni más ni menos. Festejaron la gambeta que le hizo Adorni al Congreso, y ahora tienen que festejar el tweet del Jefe de Gabinete, que acaba de confirmar que está listo para presentarse ante los legisladores para presentar el informe de gestión de la administración libertaria. Es así, como decía el poeta bahiano Javierinho Mileísta, “celebraçao nao tem fim”.
Ahora están festejando el crecimiento de la economía. De acuerdo al último informe elaborado por el INDEC, la economía creció un 2,3% en el primer trimestre del año. Durante su exposición en el acto organizado por la Fundación Faro que tuvo lugar el martes pasado a la noche, el presidente destacó el dato y sostuvo esperanzado: “Esperemos que todos los argentinos puedan comprender el momento histórico que vivimos”. El tono imperativo de las palabras de Javier Milei evidencian que no puede ocultar su molestia. Los datos no lo acompañan y se enfurece con el periodismo cuando este los da a conocer. Pero fiel a su estilo, apenas aparece un número que confirma sus expectativas personales, se lanza como un animal herido buscando venganza. Intenta desesperadamente tratar de modificar desde el discurso una realidad que cada vez le es más esquiva, como si su principal enemigo no fueran la inflación, la recesión o la pulverización del consumo, sino la prensa. En fin, como si fuera necesario que se publique para que la gente se dé cuenta de lo que está pasando.
A ver, lo cierto es que la publicación de INDEC refleja la realidad, pero el dato de crecimiento de los primeros tres meses del año aislado oculta algunas cosas. En primer lugar, que las variaciones del PBI vienen registrando un comportamiento bastante errático. De hecho la mayoría de los analistas destacan la forma de serrucho (con subidas y bajadas) que se viene observando. Por lo cual todavía no se puede hablar de una clara tendencia de crecimiento. En segundo lugar, también oculta que la distribución del crecimiento no es homogénea para todos los sectores de la economía. Crecen fuertemente las actividades extractivas, como la Pesca que se expande un 27,5% (de baja incidencia en la ponderación total, es cierto); el Agro, que se expande un 18,1%; Minas y canteras, que crece un 12,3%; o las Finanzas, que crecen un 7,5%. Como se ve, casi todas actividades extractivas, que además se expanden muy por encima del promedio, particularmente el sector agropecuario que tiene un peso relativo muy significativo en la ponderación. En tercer lugar, se pierde de vista que los puntos de comparación son muy bajos, por lo que la impresión del despegue es una suerte de espejismo estadístico. Finalmente, las actividades de las tres actividades testigo, que reflejan de la salud del sistema económico, sólo una crece, la Construcción (un 2,5%), mientras que el Comercio y la Industria Manufacturera siguen cayendo. En síntesis, una economía que se reprimariza rápidamente.
Para ir cerrando, hay un festejo más. Esta semana el ministro de Economía celebró que el consumo agregado estuviera en su máximo nivel histórico. Sin embargo, el dato oculta algo esencial. La variable Consumo está constituida no sólo por el consumo masivo (esto es, los bienes básicos que componen la rutina diaria de alimentación, aseo y vestimenta), sino también por otros ítems como los servicios públicos (energía eléctrica, gas, agua y saneamiento) o los servicios de medicina prepaga y educación privada. Basta una simple operación matemática para determinar que, si los salarios reales y el consumo masivo caen, es muy probable que el aumento del Consumo agregado se deba fundamentalmente al aumento de los precios de los servicios públicos y los servicios médicos. Es decir, aumentan los gastos de consumo total de las familias, a costa de resentir la adquisición de productos de consumo masivo. Entonces la pregunta debería ser: de dónde surge la diferencia para afrontar gastos mayores??? La respuesta es simple, del endeudamiento familiar, que ya se hace insostenible. Hoy hay alrededor de cinco millones y medio de personas están en mora con el sistema financiero, un récord histórico (ya que tanto le gustan los récords a Luis Caputo), la mayoría de las cuales se endeudaron para financiar gastos corrientes. Como suele suceder en cada programa de restauración neoconservadora, el endeudamiento (sea familiar, empresarial o estatal) es la palanca fundamental del diseño de política macro. Una devaluación, una desregulación cambiaria y un tarifazo han sido siempre las medidas iniciales. Luego viene la caída de los salarios reales, la recesión y el endeudamiento. Lamentablemente, el final ya lo conocemos.
