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Opinión: «El extraño caso de la Teología Mileísta»


Por Diego Añaños – CLG

Dos de los dispositivos discursivos más poderosos de la historia de la humanidad son la apelación a Dios y a la Naturaleza para justificar un fenómeno. Claro, Dios y la Naturaleza no se discute. Los reyes eran ungidos monarcas, nos decía la escolástica medieval, por la voluntad de Dios. Y sólo algunos podían gobernar, mientras que otros estaban condenados a obedecer porque los seres humanos somos naturalmente desiguales, nos decían los filósofos griegos. Pero claro, vino la Revolución Francesa, vino la Declaración de los Derechos del Hombre, y la perspectiva cambió. Ya no buscábamos legitimar el orden social, económico y político a través del orden natural. La nueva cosmovisión reconoce la artificialidad de las instituciones, pero basa su legitimidad en el acuerdo colectivo que las sostiene. Hoy, por ejemplo, ya hace mucho que sabemos que no hay nada de natural en los Derechos Humanos, sin embargo los defendemos porque elegimos vivir en una comunidad donde se los reconozca. Con el paso del tiempo, la creencia en Dios o la Naturaleza desaparecieron lentamente de la agenda pública, para concentrarse en el espacio de lo privado.

Sin embargo, el conservadurismo no descansa, y está siempre intentando renacer. El lunes por la noche se realizó un evento para conmemorar la muerte del dirigente judío Rebe Lubavitch, y Javier Milei fue el principal orador de la velada. Durante su discurso el presidente afirmó: “El capitalismo de libre empresa es el sistema que Dios preparó a través de su ley para que, después de la caída, el trabajo continuara. No lo inventó el hombre, el hombre lo descubrió al obedecerlo. Está escrito en los diez mandamientos, en el orden moral que el creador estableció antes que cualquier otra cosa”. Es probable que así sea, no soy nadie para discutirlo. En todo caso él puede creer lo que quiera. Ahora, hay algunas preguntas que surgen luego de escuchar a Milei. La primera es cómo establece un puente directo entre trabajo y capitalismo? Digo, hubo trabajo bajo el esclavismo, bajo el feudalismo, y bajo sistemas de propiedad común de los medios de producción. Bajo el capitalismo el trabajo toma la forma de trabajo asalariado pero, como bien dice el presidente, el trabajo existió desde siempre. Cómo ir del punto A al B, te la debo. Como ya nos tiene acostumbrados, Javier Milei siempre dice lo que tiene en la punta de la lengua. Si pasa, pasa. Si no, la gente se olvida. Como Trump, igualito.

También podríamos preguntarnos: qué estuvo haciendo Dios todo este tiempo??? Y desarrollo el fundamento de la pregunta. Pero, para comenzar habría que preguntarle al presidente desde cuándo existe el “hombre” para él. Vieron que Milei siempre tiene una versión particular de las cosas. Dado que el presidente no nos puede responder, digamos que la comunidad científica sostiene que el primer primate de la especie homo, el homo habilis, tiene algo más de dos millones de años de antigüedad. Ya trabajaba, porque hay evidencia empírica de la confección de herramientas de piedra encontradas de alrededor de 2.1 millones de años. Entonces debemos concluir que Dios se tomó más de dos millones de años para asegurarse que el capitalismo fuera el modo de producción hegemónico. Si bien es cierto que los tiempos del Señor no son nuestros tiempos, parece un poco mucho, no les parece??? Por qué esperar tanto??? Le podría haber tirado la idea al homo habilis, no? El presidente debería al menos ofrecer una explicación de por qué no arrancar con el capitalismo desde el principio, y ahorrarse tantas penurias.

Ahora bien, vale la pena recorrer brevemente las Sagradas Escrituras para establecer algún puente entre sus enseñanzas y las afirmaciones del presidente. La Biblia es un texto complejo, escrito por diferentes personas en diferentes lugares y en diferentes tiempos. Según creen los cristianos, independientemente de las circunstancias cambiantes, su escritura fue inspirada por Dios. Si uno rastrea los modos en los que se describe al Señor nos podemos encontrar con adjetivos tales como: JUSTO, AMOROSO, FIEL, PROTECTOR. Por cierto, todas caracterizaciones muy alejadas de la esencia del capitalismo. A ver, una definición de libro de texto diría: el capitalismo es un sistema económico en el que se producen mercancías, utilizando bienes de capital de propiedad privada y mano de obra asalariada. Es decir, es un modo de producción en el que el objetivo sistémico central es la maximización de los beneficios individuales. De hecho el capitalismo privilegia la búsqueda del enriquecimiento individual como motor del sistema. Nada más alejando del pensamiento bíblico, que sostiene en 1° Timoteo capítulo 6 versículo 10: “porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados por muchos dolores”.

Y podemos seguir. En la epístola de Santiago, capítulo 5, versículo 4, se les dice a los ricos: “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros”. En el evangelio de Mateo, capítulo 6, versículo 33 dice: “Más buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os serán añadidas”. En Efesios capítulo 4, versículo 28 aconseja: “El que roba, que no robe más, sino más bien que trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, a fin de que tenga qué compartir con el que tiene necesidad. Claramente no dice “maximizad el beneficio individual”, o “no paguéis la plusvalía”, o “la riqueza es la llave de la puerta de los Cielos”. Pareciera evidente que hay que hacer una lectura extremadamente creativa de las Sagradas Escrituras para encontrar un panegírico a la búsqueda del enriquecimiento individual o a los proyectos egoístas o inequitativos. En fin, nadie puede negarle al presidente el derecho a creer lo que quiera. La fe es un hecho privado, y como tal merece nuestro respeto. Pero me parece que se fue de boca, y le erró fiero en esto de meter al Capitalismo y a Dios en la misma canción.