Por Diego Añaños – CLG
Desde el miércoles los noticieros parecían un cumpleaños. Los periodistas de los principales canales y diarios digitales, festejaban como niños cuando llega la torta una nueva baja del riesgo país. La noticia era que, nuevamente, el índice EMBI (Emerging Market Bonds Index, o Índice de Bonos de Mercados Emergentes) elaborado por la JP Morgan había perforado el piso de los 500 puntos. Concretamente, ayer cerró en 498 puntos básicos, un 1,97% por debajo del cierre del martes (si, como se darán cuenta, un descenso de menos de un 2% dispara la euforia). Y por qué decimos “nuevamente”. Seguramente la mayoría de ustedes eran muy jóvenes para recordarlo, pero hace algo más de dos semanas, el 11 de mayo para ser precisos, el índice ya estuvo en 496 puntos, y volvió a subir a 547. Es más, si nos vamos al 28 de enero de este año nos vamos a encontrar con el registro más bajo desde 2018, 484 puntos, y en dos meses trepó hasta los 637. Digo, un evidente sube y baja que claramente no refleja los movimientos de ninguna variable real relevante. Eso sí, para los que hablan del Riesgo Kuka, y se preocupan tanto por las calidades republicanas, les sugeriría que se tomen el tiempo de explicarle a los inversores institucionales internacionales por qué Adorni aún no presentó su declaración jurada (o por qué Espert todavía no decidió si elige “cárcel o bala”).
No me quiero detener demasiado en el tema, pero como para aclarar el panorama. En primer lugar, debemos concluir que el Riesgo País es una variable con un alto grado de volatilidad, extremadamente sensible a movimientos financieros de corto plazo, por lo que los movimientos espasmódicos de la diaria, no deberían preocuparnos. La segunda cuestión es que, más allá de cualquier consideración, la Argentina sigue siendo considerado un país riesgoso, por más que el presidente se autoperciba liberal libertario y esté convencido de su fama planetaria. Como publicó Roberto Cachanosky en la red social X esta semana: “En 2025, según OCDE, Argentina recibió U$S3.134 millones de inversión extranjera directa teniendo al tercer tipo más conocido en el mundo, Milei (sic), y el zurdito de Lula en Brasil atrajo U$S76.877 millones”. Al margen, por supuesto, quedan las fuertes advertencias que están haciendo los grandes fondos de inversión de Wall Street sobre la acelerada salida de capitales de Latinoamérica, ante la emergencia de dos factores: por un lado el aumento de la incertidumbre política regional, y por el otro el aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro de los EEUU.
La complejización del escenario financiero global es un dato insoslayable. Bajo estas condiciones la Argentina tiene obturado el acceso al mercado voluntario de capitales. Por supuesto, jamás van decir que no te van a dar un mango. Pero te vas a enterar igual. En ese sentido, Ayelen Romero, responsable de mercado de Rava Bursátil, sostuvo que «el entusiasmo financiero generalizado con la región entró en una fase de mayor selectividad». Qué sofisticada, no les parece? Ahora, si la región salió del radar financiero global, la situación del nuestro país es aún más complicada. Es por eso que Luis Caputo está en una cruzada en busca de fondos provenientes de organismos multilaterales de crédito, con el objetivo es garantizar la sustentabilidad de la deuda. Pero mientras el ministro se esfuerza por explicarle al mundo cómo vamos a hacer para pagar nuestros compromisos, omite explicarle a los argentinos cómo nos va a mejorar las condiciones de vida, en medio de un brutal ajuste que está provocando la caída de los ingresos reales, el consumo y la actividad económica. Detalles.
Hoy, aunque la quieran disfrazar, los nervios le están ganando a los funcionarios del gobierno. El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca, Sergio Iraeta, se mostró irascible durante su discurso de apertura del congreso Maizar 2026, el miércoles pasado. Le reclamó al auditorio que reconocieran los esfuerzos que viene haciendo al gobierno para mejorar las condiciones del sector. Molesto por algunas críticas en las redes sociales se quejó de que “es muy desgastante estar en una posición en la cual vamos haciendo las cosas, bajaste la retención hace tres días, y es como si nada, como si no hubieras hecho nada”. Luego, en tono amenazante exigió: “Cambiemos de actitud, porque, si no va a cambiar el gobierno y van a cambiar las políticas para el campo. Ya pasó”. Posteriormente Iraeta reconoció que “no es fácil llegar al todo. Pero tenés que empezar por algo, y muchos algos hemos estado haciendo estos dos años desde el Gobierno”. En ese momento hizo una pausa, evidentemente irritado y espetó: “No dije la frase para que la aplaudan, pero me llama la atención que no la aplaudan. Si no le ponemos un poco de flow (sic), un poco de onda a la República Argentina de lo que estamos haciendo, no vamos a salir nunca del pantano”. (Traduzco: la gente no la está pasando mal, le falta onda). Para luego cerrar exigiendo a los funcionarios de la primera fila: “Empezá a aplaudir, así alguien aplaude”. Patetismo nivel Dios.
“Yo te avisé, y vos no me escuchaste”, cantaba Vicentico. Corría el año 1987 y los Fabulosos Cádillacs salían al ruedo con su segundo álbum de estudio, luego de que su disco debut, Bares y Fondas, lograra escaso éxito. Del mismo modo, muchos de nosotros intentamos avisar. Más allá de las diferencias ideológicas o los gustos personales. Pero no nos escucharon. Igualmente, tiendo a pensar que, si tenés más de 40 años y compraste el verso libertario, tenés que replantearte unas cuántas cosas (y trato de ser indulgente). Ahora, justo esta vez no quedaban dudas. No había que leer entrelíneas. Por primera vez en la historia, un candidato neo-conservador no ocultaba lo que venía a hacer. Milei dejó claro desde el primer momento que consideraba una aberración la idea de que donde hay una necesidad nace un derecho. Siempre sostuvo que la justicia social era una inmundicia, un asunto de ladrones. Nunca dejó dudas de sus intenciones de destruir la red de contención estatal que el país venía construyendo desde mediados del siglo pasado. Más claro imposible. Te hizo hasta los dibujitos y los videos, para que no te quedaran dudas, pero no la viste. Esperemos que en la próxima no nos hagas comer la curva a todos otra vez.
