Info General

Cabezazos: un descubrimiento científico podría cambiar el diseño de las pelotas


Un estudio revela cómo viaja la energía tras el impacto y suma evidencia para revisar estándares de diseño de la pelota y seguridad deportiva

Un equipo de la Universidad de Loughborough, en Reino Unido, reveló que el cabezazo en el fútbol transmite energía de una manera que no estaba bien caracterizada experimentalmente.

A través de un modelo experimental de cabeza detectó que, cuando una pelota impacta sobre esta, se propaga una onda de presión hacia la región frontal.

Según pudo saber la Agencia Noticias Argentinas, el estudio publicado en Journal of Sports Engineering and Technology, propone mirar el impacto antes de que empiece el movimiento visible del cráneo. 

Durante años, la biomecánica del fútbol se concentró en medir aceleraciones, rotaciones y fuerzas posteriores al golpe. Este trabajo se enfocó en un momento anterior: el choque inicial entre pelota y cabeza, explican desde la agencia de noticias científicas de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ).

Cómo se realizó el estudio

Para estudiar el fenómeno, los investigadores construyeron un modelo sustituto de cabeza, con una estructura que simulaba el cráneo y un material interno capaz de imitar algunas propiedades físicas del contenido craneal.

Dentro del modelo colocaron un sensor especializado para registrar cambios de presión. Luego impactaron pelotas de fútbol contra esa cabeza experimental a velocidades compatibles con situaciones de juego.

El resultado

El resultado mostró que, antes de que el ojo percibiera el sacudón, el sensor ya había registrado una señal viajando hacia el interior. Es decir, la onda de presión apareció antes de que comenzara el movimiento visible de la cabeza.

De esta manera, cambia el modo de pensar el cabezazo. Hasta ahora, la atención estaba puesta en cuánto se mueve la cabeza después del golpe.

Además, este nuevo estudio sugiere que hay que mirar lo que ocurre antes: una transferencia de energía rápida, localizada y difícil de detectar con las mediciones tradicionales.

No todas las pelotas transmiten lo mismo

El otro hallazgo de relevancia es que no todas las pelotas transmiten lo mismo. Al comparar balones de distintas épocas, materiales y construcciones, la magnitud de la presión y de la transferencia de energía varió de manera muy marcada entre pelotas históricas y modernas.

En ese sentido, el problema no es solo el gesto de cabecear, sino también el objeto que se cabecea, su rigidez, su capacidad de deformarse, su comportamiento frente al agua, su peso efectivo y la manera en que devuelve energía durante el impacto.

Desde la UNQ señalan que, si se puede saber qué pelota transmite más presión y cuál transmite menos, entonces también se pueden pensar nuevos estándares de diseño y seguridad.