CLG dialogó con el destacado actor argentino que presenta este viernes su nuevo unipersonal "Paraíso" en el Teatro La Comedia
Por Sofía Dalonse
Tras el éxito de «Muerde», Luciano Cáceres llega a la ciudad con su nuevo unipersonal que interpela la masculinidad. Se trata de «Paraíso«, la obra que presentará este viernes desde las 21 en el Teatro «La Comedia», ubicado en Mitre 958.
En escena, el destacado actor argentino representa a Juan Valero, un empresario que recibe un trasplante de corazón. El nuevo órgano, que pertenecía a una trabajadora sexual dominicana, provoca en él una serie de cambios. La obra despliega la tensión entre lo masculino y lo femenino en el cuerpo y la voz del actor, abordando cuestiones de racismo, homofobia, xenofobia y clase.
«Es la primera vez que estamos en Rosario con este unipersonal, después de haber estado 4 veces con «Muerde». Esta obra arrancó muy bien, llenando todas las funciones en el teatro San Martin de Buenos Aires, en el teatro Regio y, en paralelo, girando por todo el país», expresó Cáceres a CLG, quien fue recientemente galardonado con el premio Martin Fierro a mejor actor argentino.
Al referirse al personaje, contó: «Juan Valero es un empresario de turismo bien materialista, poco empático que solo piensa en el dinero y en pisar cabezas , bien garca como decimos los argentinos. Un tipo que sufre de problemas cardíacos, se hace un trasplante y recibe el de una trabajadora sexual negra y dominicana».
En la misma línea, profundizó: «Empieza una lucha interna por una definición, por encauzarse, por sacar algo de adentro que se tiene que definir. Una transición muy potente en 70 minutos de espectáculo donde le va a pasar de todo. En principio, va a convivir con estos nuevos sentimientos, sensaciones femeninas, gustos, deseos que no le pertenecen; que son muy distinto a todo lo vivido y en el correr de la obra le va a ir pasando de todo. Es una obra que tiene muchos claros y oscuros, momentos de comicidad y otros muy dolorosos y potentes»

Según destacó, el espectador queda atrapado, se vuelve cómplice de todo lo que le va sucediendo al personaje y a esta nueva personalidad que está pidiendo pista: «Lo más potente es que habla de estos momentos bisagras de los seres humanos que obligan a conectar con lo realmente importante . Un tipo que se estaba perdiendo una vida de vínculos y emociones, de sentimientos verdaderos. A veces nos pasa a todos, que nos desenfocamos y perdemos de vista lo esencialmente importante».
El actor también hizo referencia al público rosarino: «Es una maravilla, bien teatrero; no solo por los visitantes, sino por la actividad local independiente muy potente que tiene. Desde la formación y la organización, el esfuerzo que hacen para sostener compañías históricas. Es una de las ciudades más teatreras que conozco».
Finalmente, analizó la situación actual: «Si bien estamos en crisis, no solo en lo que tiene que ver con el teatro, sino en muchas industrias, sobre todo lo audiovisual que está parado; el teatro siempre resiste. Viene sobreviviendo hace un montón de años, es milagroso, potente, es un lugar de resistencia, reflexión, encuentro.»
Y cerró: «Es algo bien primitivo y que conecta con el juego. Muchas veces se habla que somos los actores los que jugamos como niños cuando actuamos y yo creo que el espectador hace el mismo ejercicio, quizás de una manera más pasiva, pero también es cómplice».
