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Opinión: «La crisis se profundiza, Milei no cambia»


Por Diego Añaños – CLG

El escándalo Adorni no para de crecer. Del viaje a EEUU con su mujer en el avión presidencial, pasamos al viaje a Punta del Este pagado por un amigo que tenía contratos con la TV Pública, a los préstamos extra bancarios de las jubiladas, luego a las exclusivas vacaciones en Aruba, Dísney y el Llao Llao y ahora las refacciones de la casa del country Indio Cuá. Su última aparición pública en una conferencia de prensa no ayudó demasiado a aclarar las cosas. Se lo vió desmejorado y pasado de ansiolíticos, como si se hubiera tomado una cascada de cloneta. Desde el principio el gobierno apostó al actual jefe de Gabinete para que cumpliera la función de pararrayos, o de nueve mentiroso, de esos que se llevan la marca y sacan a la defensa fuera del área para que definan los volantes con llegada. La estrategia estaba bien pensada, era mejor que la agenda pública se concentrara en la corrupción (que jamás se llevó un gobierno puesto), que en el acelerado deterioro de las condiciones económicas para la mayoría de la población. Sin embargo, el efecto distracción parece estar perdiendo efecto. Las correrías del funcionario más canchero de las Fuerzas del Cielo no sólo están generando tensiones internas dentro de La Libertad Avanza, sino que congeló las relaciones con los gobernadores. El efecto inmediato es la virtual paralización de la actividad legislativa en el Congreso. Sin embargo, no se esperan cambios. “Ni en pedo se va”, aseguró anoche Javier Milei.

El presidente, por su parte, y como si en el país no sucediera nada, tomó la decisión de viajar nuevamente a los EEUU, en este caso a Los Ángeles. Digo “nuevamente” porque el que viene es el viaje número dieciséis, es decir que realizó más de un viaje cada dos meses al país del norte. Desde que asumió, Javier Milei viajó 30 veces al exterior (el que viene es el número 31), y más de la mitad de esos viajes fueron a los EEUU. No vamos a discutir ahora si fueron viajes vinculados a intereses personales o los hizo en su calidad de primer mandatario. Lo cierto es que la comunicación oficial siempre recalcó que el motivo de los mismos era promocionar a la Argentina para atraer el interés inversor sobre nuestro país. La realidad muestra que no se consiguió un miserable dólar en concepto de inversiones. Las travesías presidenciales sólo sirvieron para garantizar al salvavidas financiero del gobierno de los EEUU, del Tesoro norteamericano, o para mover las influencias norteamericanas dentro del FMI para conseguir una dispensa ante la falta de cumplimiento de los compromisos tomados con el organismo. Y a pesar de los fracasos, el presidente sigue viajando al norte.

La realidad económica es una catarata de señales negativas. La recaudación fiscal sigue en picada (un 6,7% interanual), hecho particularmente notable en los ingresos por el IVA. Y claro una caída en la recaudación por IVA marca el deterioro que viene registrando el consumo. Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) la baja estaría rondando el 8,5% en abril de 2026 comparado con el mismo mes del año pasado, una verdadera tragedia. Hasta el periódico The Economist publicó un editorial esta semana titulado: “Milei está en serios problemas”, donde da cuenta no sólo de la crisis política, sino de la caída del PBI, la inflación fuera de control y la apreciación cambiaria. Paralelamente se observa un fuerte deterioro del frente financiero externo. En efecto, pese a que el país hizo todos los deberes para satisfacer los requerimientos de Wall Street, la Argentina sigue muy lejos de siquiera acercarse al umbral que le permita acceder al mercado voluntario de capitales. Y como todos sabemos, los programas neo-conservadores no sobreviven mucho tiempo sin financiamiento externo. No importa, ningún gesto del gobierno hace sospechar que se van a revisar los instrumentos o los objetivos. Punto y aparte.

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Cuenta la historia que un hombre se encontraba arrodillado en una vereda, bajo un farol. Se acerca una mujer y le pregunta: “Disculpe, tiene algún problema”. A lo que el hombre contesta: “Si, perdí las llaves de mi casa”. Entonces la mujer se arrodilla con él y le dice: “Lo ayudo. Dónde se la cayeron aproximadamente”. El hombre levanta la vista y señala el otro lado de la calle: “Se me cayeron enfrente”. La mujer, un poco confundida la pregunta: “Y por qué no las busca allá???”. Y el hombre le responde: “Porque acá hay luz”.

Parece una conversación de locos. En realidad en parte lo es. Pero no es menos delirante que lo que está ocurriendo en la Argentina. El gobierno está en una encrucijada. Las cosas no están marchando de acuerdo al plan. Sin embargo, en vez de corregir el rumbo, insiste en buscar las llaves bajo el farol. Milei viaja a los EEUU una vez más para buscar las inversiones que jamás van a venir. Sostiene a Adorni a pesar de que, no sólo se comprometió a eyectar a cualquier funcionario sobre el que pesara una “sospecha barra sombra” de corrupción, sino que además las acusaciones se acumulan unas sobre otras como una gigantesca lasagna. Insiste en asegurar que no existe el retraso cambiario, a pesar de que todos los economistas de todos los sectores se lo están marcando. La economía se estanca, el consumo cae, el desempleo crece, la morosidad bancaria se dispara, las tensiones sociales se acumula y la interna libertaria está al borde de la erupción. Es momento de dar un volantazo, aunque no queda claro que aún estén a tiempo. Lo que sí es evidente es que se requiere un cambio de rumbo. Pero la verdad es que todavía no hay señales de que un cambio esté en el radar de El Loco, como le decían sus amigos a de Javier Milei. Y no está mal el apodo, recordemos que cuando le preguntaron a Albert Einstein qué era la locura respondió: “hacer siempre lo mismo y esperar resultados distintos”.