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Opinión: “Nadie es profeta en su tierra”


Por Diego Añaños – CLG

Aún me saca una sonrisa recordar las intervenciones deportivas de Carlos Menem. Evidentemente era muy difícil decirle que no al riojano, y se dio el gusto en vida de jugar con las selecciones de fútbol y de básquet. De armador, por supuesto, de cinco y de base. No importa el deporte, siempre llevando la pelota y organizando el juego. Y, por más que parezca una banalidad, uno es en la política como es en la cancha. Pero, claro, un presidente no es cualquier cosa, y cada vez que recibía la pelota, daba la impresión de que había caída una bomba atómica: todos se retiraban y le daban espacio para jugar. Lejos de avergonzarse, el Turco lo disfrutaba enloquecidamente, porque podía tener la oportunidad que sólo algunos futbolistas de élite tienen: tener un partido homenaje donde todos, incluso los rivales, jueguen para hacerlo lucir.

Según los relatos de sus compañeros, Javier Milei era un arquero aguerrido, gritón y arriesgado. De esos que no se achican frente a los delanteros grandotes, por más que la altura y el físico no lo acompañaban (hay miles de versiones en las redes con respecto a cuánto mide, pero aparentemente está entre 1,70 y 1,78 mts). Hasta el momento parecía que la política no lo había cambiado. Hacía política como jugaba al fútbol, al menos hasta que llegó a la presidencia. De ahí en adelante se transformó en un eterno llorón. Pidiendo foules todo el tiempo. Acusando a los periodistas y a los opositores de desestabilizadores y de asesinos. Abandonando el hábito de ir para adelante como antes, chocando con todo y sin quejarse. Daría la impresión de que el Javo quiere terminar su gestión con un partido homenaje que dure dos años, sin roces, sin oposición política y sin control de sus actos por parte de la Justicia y sin el escrutinio del periodismo. Todos tuvimos un compañero de fútbol así, y lo recordamos hasta con simpatía, el más mínimo roce lo enfurecía. Pero cuando el presidente se pone en ese papel, la cosa pasa de castaño claro a castaño oscuro.

Haciendo el esfuerzo intelectual de no focalizar el análisis en el carácter delirante de la exposición del presidente en la cena anual de la Fundación Libertad, recorramos sucintamente algunos pasajes del mismo. Durante su alocución Javier Milei insistió en su teoría de que los salarios reales están creciendo en la Argentina. Efectivamente, sustuvo que: “Los salarios que verdaderamente se están desplomando son los del sector público”; para luego concluir: “si alguien hizo el ajuste, el ajuste recayó en el sector público, es decir, pagó la casta”. No vale la pena abundar en el tema, pero queda claro que para el presidente la casta son los jubilados, los discapacitados y los docentes universitarios. Sin embargo no se quedó ahí, posteriormente afirmó: “Saben a quién fue al que peor le fue en esta economía en términos reales? A mí, que soy el único que no se modificó el sueldo desde que asumí”. Para luego admitir que con su sueldo no puede vivir (como declaró Cavallo, se acuerdan?, cuando declaró que su ingreso de U$S10.000 no llegaba a fin de mes). Pero claro, Javier, si tenés la vivienda, las comidas, los traslados, los servicios y la vestimenta pagada, podés vivir con cero pesos. Sumá lo que gastás por mes en todos esos ítems, y contale a un trabajador promedio de la economía argentina cómo se vive con $1.100.000.

Luego aseguró que al eliminar el déficit fiscal, la deuda no sube (textual). Utilizando algo de pirotecnia estadística de baja calidad, intentó demostrar que en su gobierno el nivel de endeudamiento no aumentó y que el verdadero endeudador serial es el peronismo. Para hacerlo, comparó el volumen de la deuda de 2001 contra el nivel de 2023, pasando por los diversos gobierno (pero centrándose en el kirchnerismo). Lo hizo mostrando un gráfico donde aparecía el valor nominal de la deuda entre el inicio y el fin del período. A ver, cualquier estudiante que haya cursado un semestre de macroeconomía elemental sabe dos cosas. La primera es que los valores nominales no sirven para hacer comparaciones intertemporales (y menos cuando la ventana es de más de 20 años). Siempre hay que expresar los valores en términos reales, no nominales. La segunda es que expresar la deuda como una variable aislada no es lo más apropiado en términos metodológicos. En efecto, es más recomendable expresarlo en relación al nivel del producto, es decir, como un cociente que divide deuda sobre PBI. A ver, seguramente Marcelo Tinelli tenía en 2010 una deuda mucho más abultada que cuando vivía en Bolívar en la década del 70´. La cuestión relevante es que su ingreso también era muchísimo mayor.

Pero cuando se llevó todos los premios fue cuando sostuvo: “ahora repudian la inflación, pero es la misma que tenía Cristina Kirchner. Son bastante ignorantes y bastante brutos en economía. No me sorprende que sean personas que no pueden sumar dos más dos con un ábaco”. Cuando escuchamos cosas como estas nos convencemos de que Milei no sólo delira, sino que no para de pegarse tiros en los pies. Sin meternos en la discusión teórica, basta decir una sola cosa: el presidente ni siquiera puede acertar con los datos. Nunca, en ningún mes de los ocho años que gobernó Cristina Fernández la inflación interanual estuvo por encima del 30%, jamás. Y no me refiero a los datos que publicaba el INDEC, sino la inflación Congreso o a la estimada por cualquier consultora independiente. No, Javier, en dos años todavía no pudiste bajar si siquiera al nivel más alto de los doce años de kirchnerismo.

Por eso, y para ir cerrando. Si en vez de discutir con el presidente los datos, le damos el beneficio de la duda podemos hacer un resumen de los grandes éxitos de la gestión: bajar la inflación del 200% al 30%, eliminar 15 puntos de déficit fiscal, devolverle a los argentinos U$S100.000 millones en concepto de baja de impuestos, estabilizar y liberar el tipo de cambio, aprobar el RIGI y la Reforma Laboral, hacer crecer a la economía como pedo de buzo y elevar los salarios reales. Ahora, si después de hacer todo eso, tenés un Riesgo País de casi 600 puntos y la inversión extranjera directa del 2025 negativa por primera vez en más de 20 años, daría toda la impresión de que no son sólo están enojados los opositores, los sindicalistas, los empleados públicos, los jubilados, las familias de discapacitados y los periodistas, los mercados también te dieron la espalda. Qué querés que te diga, Milei, es lo más parecido a un game over que vi en mi vida. Como le gusta cerrar a Manuel Adorni, FIN.